Hablar del futuro de Miuccia Prada obliga inevitablemente a mirar hacia atrás. Pocas diseñadoras han conseguido modificar con tanta profundidad la idea contemporánea del lujo y, al mismo tiempo, construir una empresa capaz de trascender su propia personalidad. Ahora, mientras el Grupo Prada integra Versace y su hijo Lorenzo Bertelli asume cada vez más responsabilidades, la italiana empieza a afrontar una cuestión que durante décadas pareció lejana: qué ocurrirá cuando ella deje de estar en el centro.
En una reciente entrevista con The Business of Fashion, Miuccia Prada habló con una franqueza poco habitual sobre el futuro de la compañía, su sucesión, el papel de Lorenzo Bertelli y la transformación de un grupo que ahora también incluye Versace.
Cuando se le planteó que buena parte del público reconoce Prada sin necesidad de asociarla inmediatamente a su rostro, respondió con humor: "Bien, eso significa que pueden vivir sin mí".
Del nylon al ‘ugly chic’: cómo Miuccia Prada cambió las reglas del lujo
Miuccia entró en el negocio familiar durante los años setenta y tomó las riendas de la compañía en 1978, el mismo año en que conoció a Patrizio Bertelli. Su formación difícilmente podía parecer más alejada del estereotipo de una diseñadora de moda: estudió Ciencias Políticas, participó activamente en movimientos feministas italianos y llegó a formarse en mimo antes de incorporarse definitivamente a la empresa.
Aquella mirada exterior terminó siendo precisamente su ventaja.
En 1984, la casa introdujo su célebre mochila de nylon Pocono, elevando un material utilitario y aparentemente poco lujoso hasta convertirlo en objeto de deseo. Cuatro años después llegó el ready-to-wear femenino y, en 1993, nació Miu Miu, concebida como un territorio más instintivo y libre.
La aportación de Prada nunca consistió únicamente en crear prendas reconocibles. Su verdadera ruptura estuvo en cuestionar qué debía considerarse bello. Durante años convirtió estampados incómodos, colores difíciles, uniformes, tejidos industriales o siluetas aparentemente antiseductoras en una nueva definición de sofisticación.
Ella misma ha explicado que cuando entró en moda sentía que estaba introduciendo "lo malo" dentro de un sistema obsesionado con glamour y belleza. De ahí nació buena parte de aquello que después acabaría etiquetándose como ‘ugly chic’, aunque para la diseñadora aquella fealdad nunca fue una provocación gratuita: era simplemente otra parte de la realidad.
Esa relación entre moda y mundo exterior también explica proyectos como Fondazione Prada. Arte, arquitectura, cine y diseño no funcionan para ella como disciplinas independientes, sino como partes de una misma curiosidad intelectual.
Raf Simons, Miu Miu y Versace: un imperio que aprende a convivir con varias identidades
Uno de los cambios más significativos de su carrera llegó en 2020, cuando decidió compartir la dirección creativa de Prada con Raf Simons en igualdad de condiciones. La decisión rompía con otro dogma del sector: la idea del diseñador como autor único e incuestionable.
El experimento también terminó delimitando mejor sus dos universos. La propia Miuccia reconoce que Prada funciona hoy como el espacio más cerebral y riguroso, mientras que en Miu Miu conserva una expresión mucho más instintiva, divertida y personal.
Miuccia Prada y Raf Simons juntos tras un desfile de Prada, representando la dirección creativa compartida de la firma desde 2020
Looks de Miu Miu Primavera-Verano 2022 con la microfalda de tiro bajo que se convirtió en uno de los grandes fenómenos de la marca
Y esa segunda firma se ha convertido precisamente en uno de los grandes motores comerciales del grupo, reforzando la idea de que la intuición de Miuccia sigue siendo una pieza decisiva dentro del conglomerado.
Pero el gran movimiento estratégico llegó con Versace. La operación resulta fascinante precisamente porque reúne dos filosofías históricamente opuestas: la sensualidad exuberante de Gianni Versace frente al intelectualismo y la contención que durante décadas representó Prada.
Miuccia reconoce esa contradicción. Durante su juventud profesional, Versace y Armani representaban aquello contra lo que ella reaccionaba. Con el tiempo, sin embargo, aprendió a valorar la importancia del trabajo de Gianni.
La intención ahora no parece ser convertir Versace en Prada, sino preservar una identidad fuerte dentro de una estructura más amplia. Ahí aparece precisamente la siguiente generación.
Lorenzo Bertelli y la sucesión: Miuccia Prada empieza a preparar el futuro del grupo
El asunto que probablemente marque los próximos años de la diseñadora es la transición generacional.
Lorenzo Bertelli nunca fue obligado, según su madre, a incorporarse al negocio. Su primera pasión fue el automovilismo y durante años compitió como piloto. Finalmente decidió entrar en el grupo, donde actualmente ocupa una posición cada vez más visible dentro de la siguiente etapa empresarial.
Miuccia rechaza hablar de "dinastía", pero sus últimas decisiones apuntan claramente a una obsesión por dejar una estructura que funcione después de ella.
Y curiosamente, esa preparación no está centrada únicamente en grandes decisiones. La diseñadora cuenta que está dedicando tiempo a trabajar directamente con empleados, revisar detalles aparentemente insignificantes y enseñar algo tan poco espectacular como no conformarse con un trabajo mediocre.
Más adelante en la misma entrevista, Miuccia resumió con claridad cuál es ahora uno de sus principales objetivos: "dejar una buena empresa".
Lorenzo Bertelli junto a Miuccia Prada y Patrizio Bertelli, una imagen que simboliza el relevo generacional dentro del Grupo Prada.
Lorenzo Bertelli frente a la sede de Prada en Valvigna, reflejando su creciente papel en el futuro empresarial de la firma.
Porque Miuccia nunca ha parecido especialmente interesada en convertirse en monumento. Dice no pensar demasiado en cómo será recordada y asegura que su ambición profesional no se corresponde con su vida privada, donde siguen importándole mucho más la familia, los amigos y el afecto.
Su principal motor continúa siendo otro: la curiosidad. Cuando aprende suficientemente sobre algo, busca lo siguiente. Cuando se aburre, cambia. Y cuando algo le disgusta —el encaje, la pana, un determinado volumen— puede terminar construyendo una colección entera alrededor de ello.
Quizá ahí esté la clave de por qué Prada ha sobrevivido a tantas transformaciones del sector. Miuccia nunca trató de preservar una fórmula; trató de preservar una manera de cuestionarla. Ahora el verdadero desafío será comprobar si esa actitud también puede heredarse.
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