- Bad Bunny convirtió Madrid en el centro de su universo durante un fin de semana marcado por música, colas eternas y famosos en la casita más deseada del tour.
Madrid entró oficialmente en modo Benito el pasado fin de semana. Después del arranque multitudinario de su gira europea en Barcelona, Bad Bunny aterrizó en la capital con el primero de sus diez conciertos en el Riyadh Air Metropolitano, donde reunió a más de 60.000 personas en una noche que confirmó que lo suyo ya no funciona como una gira convencional, sino como un acontecimiento capaz de alterar el ritmo de la ciudad. El Ayuntamiento de Madrid había preparado un plan especial de movilidad y seguridad para las diez fechas del artista puertorriqueño, con refuerzos de transporte público, dispositivo de Policía Municipal y previsión de más de 600.000 asistentes en total entre el 30 de mayo y el 15 de junio.
Desde primera hora, el entorno del estadio empezó a llenarse de grupos vestidos con camisetas futboleras, botas cowboy, gafas diminutas y referencias directas al imaginario de ‘DeBÍ TiRAR MáS FOToS’. Las colas se formaron mucho antes de la apertura de puertas y los accesos tuvieron que organizarse de forma escalonada para evitar aglomeraciones. El despliegue no era exagerado: cada concierto del artista en Madrid rondaba los 66.000 asistentes, una cifra que explicaba por qué las inmediaciones del Metropolitano parecían más la previa de una final que la entrada a un concierto. Cerca de 75 agentes municipales fueron previstos para el entorno del estadio durante las fechas madrileñas.
Sobre el escenario, Bad Bunny volvió a desplegar el universo nostálgico, político y sentimental de su último álbum en un espectáculo de más de dos horas y media donde convivieron reguetón, salsa, trap, plena, merengue y pop. El concierto funcionó como una gran fiesta caribeña trasladada al centro de Madrid, con una puesta en escena de gran formato y una escenografía dominada por la ya famosa casita rosa, inspirada en una vivienda puertorriqueña y convertida en uno de los símbolos más reconocibles de la gira.
Esa casita fue, una vez más, el lugar más observado de la noche. Integrada dentro del espectáculo como segundo escenario y zona VIP, reunió en Madrid a algunos de los rostros más comentados del momento. En la primera noche se pudo ver allí a Ester Expósito, Ana de Armas, Marta Ortega, Martiño Rivas y Chiara Ferragni, mientras otros perfiles como Paz Vega, Michelle Jenner, Cayetana Guillén Cuervo o Juana Acosta también acudieron al concierto o fueron vistos en diferentes zonas del recinto.
La presencia de famosos reforzó aún más la sensación de que el concierto se había convertido en el verdadero place to be del fin de semana. La casita, que ya había generado conversación en Barcelona con invitados como Lamine Yamal o Bad Gyal, volvió a funcionar en Madrid como un escaparate paralelo al propio show: cámaras enfocando a los VIP, redes sociales pendientes de cada aparición y vídeos circulando en cuestión de minutos.
El fenómeno no se quedó dentro del estadio. Hoteles llenos, restaurantes reservados con antelación, entradas buscadas hasta última hora y miles de vídeos compartidos en redes terminaron de convertir el paso de Bad Bunny por Madrid en un acontecimiento social. En los alrededores del Metropolitano coincidieron adolescentes que llevaban horas esperando, grupos de treintañeros, turistas llegados desde otras ciudades y familias completas que hicieron del concierto su plan de fin de semana.
La primera noche madrileña dejó claro que Bad Bunny no solo mueve entradas: mueve ciudad, conversación y estética. Durante unas horas, Madrid habló en clave puertorriqueña, bailó al ritmo de Benito y convirtió una casita rosa en el lugar más codiciado de la capital.
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