Chiara Ferragni vuelve a ocupar titulares internacionales mientras enfrenta un juicio en Milán que podría marcar un antes y un después en la relación entre figuras públicas, marketing y transparencia comercial. La empresaria italiana, uno de los rostros más influyentes de la última década, afronta una petición fiscal de 20 meses de cárcel dentro del mediático caso conocido como “Pandoro Gate”, una investigación que lleva dos años cuestionando el modo en que se comunicaron varias campañas benéficas vinculadas a su marca personal.

La controversia comenzó cuando la autoridad de competencia italiana, AGCM, acusó a Ferragni de inducir a error a los consumidores tras su colaboración con Balocco en el proyecto navideño Pink Christmas. Según el organismo, los compradores del pandoro edición especial creyeron que el precio elevado estaba conectado directamente con una donación solidaria, cuando en realidad la aportación de 50.000 euros al hospital infantil se había realizado meses antes y no dependía de las ventas del producto. Además, AGCM sostiene que Ferragni habría recibido 1 millón de euros por la iniciativa sin realizar una contribución personal a la causa. El proceso judicial incluye también un caso similar vinculado a huevos de Pascua creados junto a Dolci Preziosi.

Pese a la presión mediática, Ferragni se mostró “segura” a la salida de la última audiencia a puertas cerradas. Sus abogados pedirán la absolución en la próxima sesión del 5 de diciembre, y los expertos legales coinciden en que es improbable que la empresaria llegue a pisar prisión. Hasta ahora ya ha desembolsado 3,4 millones de euros entre multas y donaciones voluntarias a organizaciones como el hospital pediátrico Regina Margherita. Balocco también fue sancionada por el regulador.

El escándalo ha tenido efectos directos en su carrera. La creadora de la marca Chiara Ferragni, fundada en 2013 y conocida inicialmente por su línea de calzado, ha tenido que replantear su posición en la industria tras perder presencia en proyectos y colaboraciones. Mientras lidia con las consecuencias reputacionales del caso, ha tomado el control absoluto de Fenice Srl, la empresa responsable de su firma de moda y estilo de vida, con la intención de redefinir su estrategia y recuperar la estabilidad de un negocio que llegó a dominar el sector del influencer marketing.

A lo largo de los años, Ferragni dejó atrás la etiqueta de influencer tradicional para convertirse en un nombre clave del lujo global, acumulando contratos con Pantene, GHD, Lancôme, Pomellato, Bulgari, Hublot, Oreo y Nespresso, además de liderar desde 2017 la compañía TBS, responsable del blog The Blonde Salad. También lanzó su primera línea de maquillaje en 2021, reforzando su expansión como empresaria.

Hoy, con 17,3 millones de seguidores en Instagram, Ferragni se enfrenta al mayor reto de su carrera. El juicio no solo cuestiona las prácticas comerciales de una de las mujeres más poderosas de la moda digital, sino que pone bajo la lupa la responsabilidad ética de las figuras públicas cuando vinculan sus negocios con iniciativas solidarias. El futuro inmediato de Chiara Ferragni dependerá del veredicto, pero también de su capacidad para reconstruir la confianza de una audiencia global que la ha seguido durante más de una década.