Giorgio Armani, uno de los diseñadores más influyentes del último siglo, ha fallecido a los 91 años. El creador italiano no solo transformó la moda masculina y femenina con su visión sobria, refinada y poderosa, sino que construyó un imperio que abarca desde pasarelas hasta hoteles de lujo, música, deporte y fragancias. Según comunicó su firma en Instagram, “trabajó hasta sus últimos días, dedicándose a la empresa, las colecciones y los muchos proyectos futuros en marcha”.
Fundador de su casa homónima en 1975 junto a su pareja y socio Sergio Galeotti, Armani supo interpretar el espíritu de su tiempo sin rendirse a las modas pasajeras. En palabras de Vogue, “si no sabes nada de moda, aún así conoces a Giorgio Armani”. Su nombre es sinónimo de elegancia atemporal.
Elevó el poder del traje para la mujer trabajadora en los años 80 y relajó los códigos de la sastrería masculina con un enfoque desestructurado que sigue vigente hoy. Como resumió el crítico Alexander Fury, “vistió a la mujer con uniformes tan radicales como los de Chanel y desarmó el traje masculino con sutileza revolucionaria”.
Su influencia en el cine y la alfombra roja fue igualmente profunda. Desde ‘American Gigolo’ hasta ‘El lobo de Wall Street’, pasando por diseños para estrellas como Zendaya, Cate Blanchett, Lady Gaga y Julia Roberts, Armani entendió el poder narrativo de la ropa.
Fue también un pionero en responsabilidad social. En 2006 se convirtió en el primer diseñador en prohibir modelos extremadamente delgadas en sus desfiles tras la muerte de Ana Carolina Reston por anorexia. Sus gestos éticos marcaron una industria muchas veces criticada por sus excesos.
A pesar de ciertos episodios controvertidos —como sus polémicas declaraciones sobre la representación gay en 2015 o una investigación fiscal cerrada con acuerdo en 2014—, su legado supera los tropiezos. Fue condecorado con la Legión de Honor francesa y la Orden al Mérito del Trabajo en Italia, y se mantuvo como un referente indiscutible en las semanas de la moda hasta julio de 2025, cuando dirigió desde su casa en Milán su última presentación de alta costura.
Apasionado del deporte, Armani fue dueño del equipo de baloncesto Olimpia Milano y ferviente seguidor del Inter de Milán. Su pasión, sin embargo, siempre fue vestir a los demás con humanidad y precisión. Como expresó en su último desfile, “quería imaginar una nueva armonía, porque eso es lo que todos necesitamos”.
La industria pierde a un titán, pero su obra perdura: en cada traje perfectamente cortado, en cada silueta que empodera sin oprimir, en cada gesto de estilo que no grita, pero deja huella. El mundo de la moda, y el mundo en general, visten hoy de luto.