La tercera temporada de ‘Euphoria’ acaba de entrar en territorio completamente imprevisible. El séptimo episodio, titulado ‘Rain or Shine’, se ha convertido en uno de los capítulos más devastadores y emocionalmente intensos de toda la serie, dejando a los espectadores frente a un escenario marcado por la muerte, la paranoia, el trauma y una profunda transformación espiritual en Rue Bennett, el personaje interpretado por Zendaya.
El episodio arranca con Rue atrapada en una situación cada vez más peligrosa tras infiltrarse en una compleja guerra criminal relacionada con cárteles de droga. Después de escapar semanas atrás de situaciones casi mortales, incluyendo un violento ataque con un mazo de polo, Rue parece convencida de que el destino le está enviando señales. Pero la realidad sigue siendo mucho más brutal.
La gran sacudida emocional del capítulo llega con la muerte de Nate Jacobs, personaje interpretado por Jacob Elordi. El antiguo “golden boy” del instituto, cuya violencia y manipulación definieron gran parte de las temporadas anteriores, vive un desenlace tan cruel como simbólico. Arruinado económicamente, perseguido por prestamistas y atrapado en una deuda millonaria, Nate termina enterrado en una fosa improvisada mientras un grupo criminal exige dinero a Cassie, ahora su esposa, para comprar su libertad.
Sin embargo, el destino juega una carta todavía más macabra. Antes de que el rescate pueda completarse, una serpiente de cascabel logra entrar por una pequeña abertura del refugio improvisado y lo muerde, desencadenando un deterioro físico irreversible. La imagen de Cassie Howard, interpretada por Sydney Sweeney, llorando frente al cuerpo necrosado de Nate se convierte inmediatamente en una de las secuencias más impactantes de toda la serie.
La muerte de Nate abre además un nuevo capítulo emocional para Cassie, quien pasa de perseguir una vida idealizada a enfrentarse repentinamente a una viudez traumática. Pero el episodio también deja claro que el personaje continúa moviéndose dentro de una zona moral extremadamente gris. Tras fracasar en su intento de reinventarse como actriz y perder un importante flujo económico, Cassie idea un plan calculado para recuperar relevancia social manipulando a un compañero actor y utilizando su imagen pública como estrategia de supervivencia.
Mientras tanto, Rue atraviesa una transformación completamente distinta. Después de experimentar lo que interpreta como señales divinas —incluyendo la visión de una zarza ardiendo— la protagonista comienza a creer que mantiene una conexión directa con Dios. En una conversación especialmente intensa con Ali, interpretado por Colman Domingo, Rue asegura haber escuchado una voz que le promete redención, fe y una salida hacia algo parecido a una tierra prometida.
La serie profundiza entonces en el pasado de Ali mediante uno de los clásicos flashbacks narrados por Rue, mostrando su propia batalla contra las adicciones, el dolor familiar y el largo proceso de reconstrucción personal que terminó llevándolo hacia la sobriedad.
Sin embargo, el aparente despertar espiritual de Rue no significa estabilidad. Muy al contrario, parece empujarla hacia decisiones cada vez más peligrosas. Convencida de poder controlar múltiples frentes criminales al mismo tiempo, Rue intenta manipular a dos organizaciones rivales, mintiendo sobre lealtades y simulando incluso agresiones físicas sobre sí misma para sostener una narrativa falsa.
La tensión alcanza un punto insoportable cuando, en plena noche, intenta ejecutar un robo con ayuda de Faye. Pero el plan se desmorona al descubrir que la caja fuerte no contiene dinero, sino únicamente documentos e identidades falsas. La revelación desencadena sospechas inmediatas y termina con un grito desesperado que pone nuevamente a Rue al borde de la muerte.
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