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El príncipe Harry tenía apenas 12 años cuando la muerte de Diana de Gales cambió por completo su vida. Casi tres décadas después, el duque de Sussex continúa poniendo palabras a un duelo que durante mucho tiempo vivió desde el silencio, la negación y una desconexión emocional que llegó a interpretar como una fortaleza. En una nueva participación para MasterClass, Harry ha hablado con especial franqueza sobre aquel proceso y ha revelado algo que durante años le resultó difícil admitir: sentirse feliz sin su madre le provocaba culpa.
El hijo menor del rey Carlos III explica que después del accidente de tráfico que acabó con la vida de Diana en París en 1997 desarrolló una capacidad casi automática para bloquear sus emociones. Aquel mecanismo le permitía concentrarse en lo que tenía delante sin detenerse a procesar lo sucedido. Durante mucho tiempo lo consideró incluso una especie de "superpoder", particularmente útil durante sus años en el Ejército.
Con el paso del tiempo comprendió que aquella aparente fortaleza también estaba evitando que afrontara realmente la pérdida.
Harry creyó durante años que estar triste era una forma de seguir conectado con Diana
"Había pasado tanto tiempo emocionalmente anestesiado, en gran medida porque me sentía desleal y culpable ante la posibilidad de ser feliz y sentir alegría sin ella", explica Harry durante el programa.
Su relación con el duelo llegó hasta el punto de asociar el sufrimiento con una prueba de amor hacia su madre. "Sentía que tenía que estar triste y emocionalmente bloqueado para demostrarle que la echaba de menos".
El duque reconoce que incluso cuando empezó a entender de dónde procedía aquella capacidad para desconectarse emocionalmente apareció otro miedo: que sanar significara perder una parte del vínculo que conservaba con Diana.
"Una vez que entendí de dónde venía ese superpoder y su conexión con todo aquello, mi miedo era: si sano, si busco una solución, ¿lo perderé? ¿Perderé el superpoder? ¿Significa eso que perderé la conexión con mi madre?", recuerda.
La transformación llegó cuando consiguió invertir esa lógica y preguntarse qué habría querido Diana realmente para él. Pensar que su madre habría deseado verle disfrutar de su vida provocó lo que define como un "enorme cambio mental".
"Me liberó y me dio una perspectiva completamente diferente de la vida", asegura.
Harry explica que actualmente intenta reconocer mejor las señales físicas asociadas al estrés y a los estados de alerta, especialmente los momentos en los que siente una subida repentina de adrenalina. Las técnicas de respiración se han convertido en una de las herramientas que utiliza para recuperar el equilibrio, aunque reconoce que continúa siendo un proceso abierto.
"Sigue siendo un trabajo en curso para mí", admite, antes de mencionar la respiración superficial, la presión en el pecho y otras respuestas físicas que todavía pueden aparecer.
El funeral de Diana y los recuerdos que Harry llegó a bloquear
Uno de los momentos más personales de su intervención llega cuando recuerda el funeral de Diana. Harry asegura que fue durante el entierro, ya lejos de las cámaras y de las enormes multitudes que acompañaron la despedida pública de la princesa, cuando finalmente consiguió llorar.
"Llegó el entierro y, rodeado únicamente de la familia, lejos de los ojos llorando, de las cámaras y de las expectativas o los juicios del mundo, me derrumbé hasta el punto de llorar", cuenta. "Recuerdo pensar, o sentir, que en realidad llorar se sentía muy bien".
Sin embargo, aceptar definitivamente la muerte de su madre llevó mucho más tiempo. El príncipe revela que durante años mantuvo la creencia de que Diana podría haber fingido su desaparición para escapar de la enorme presión que rodeaba su vida.
Harry llegó a imaginar que algún día su madre reaparecería disfrazada y se llevaría con ella tanto a él como a su hermano, el príncipe Guillermo. Según explica, aquella fantasía permaneció en su mente durante aproximadamente una década.
El mecanismo de protección terminó afectando también a sus recuerdos. No solo quedaron enterradas las imágenes traumáticas relacionadas con la pérdida, sino también buena parte de los momentos felices que había compartido con Diana.
"El mecanismo de defensa de la mente y del cuerpo consistió en apagar las emociones y los recuerdos. No solo los malos recuerdos, también los buenos", explica. "Olvidé cómo sonaba la voz de mi madre. Olvidé su risa. Realmente no podía visualizar cómo era sin mirar una fotografía suya".
Sus palabras muestran hasta qué punto aquel bloqueo emocional fue mucho más profundo que simplemente evitar hablar sobre lo sucedido.
Meghan, Archie y Lilibet se han convertido en una parte esencial de su equilibrio
Harry asegura que actualmente encuentra buena parte de su felicidad en dos espacios muy diferentes pero igualmente importantes para él: su trabajo filantrópico y la familia que ha formado junto a Meghan Markle.
El matrimonio vive con sus dos hijos, Archie y Lilibet, y el duque admite que estar presente en su vida cotidiana se ha convertido en una de sus prioridades. Incluso ha establecido un límite personal para intentar mantener el equilibrio entre sus obligaciones profesionales y su papel como padre y marido.
"El factor más importante para mí es la energía, la alegría y la felicidad que obtengo estando con mi familia, especialmente con nuestros hijos, y la felicidad que me proporciona estar sobre el terreno haciendo mi trabajo", explica.
Su fórmula pasa, según cuenta, por procurar no permanecer más de diez días alejado de Meghan y de sus hijos. Para Harry, esa combinación entre vida familiar, propósito profesional y distintas facetas de su identidad le permite conservar un equilibrio que durante buena parte de su juventud resultaba mucho más difícil.
La aparición en MasterClass se publica coincidiendo con el Día Mundial de la Salud Mental, celebrado el 10 de octubre. El proyecto beneficiará además a Comfort Zone Camp y Scotty’s Little Soldiers, dos organizaciones dedicadas al acompañamiento de personas que atraviesan procesos de duelo.




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