Cuatro años después de 'No te preocupes querida', Olivia Wilde vuelve a ponerse detrás de la cámara para hablar de las relaciones sentimentales. Esta vez, sin embargo, abandona la ciencia ficción y el terror psicológico para adentrarse en una comedia incómoda sobre el matrimonio, el deseo y todo aquello que una pareja evita decirse.

'La invitación', que llegará a los cines españoles el próximo 16 de octubre, se estrenó mundialmente en el Festival de Sundance, donde fue recibida con una ovación. Meses después tuvo su presentación europea en Locarno y, en declaraciones a Variety durante el festival, Wilde aseguró que había sido una de las experiencias más importantes de su carrera.

Rodada prácticamente en su totalidad dentro de un apartamento, la historia sigue a Angela y Joe, un matrimonio que atraviesa una profunda crisis. La llegada de sus vecinos, Piña y Hawk, aparentemente satisfechos tanto emocional como sexualmente, convierte una cena doméstica en una especie de terapia de pareja colectiva.

Entre conversaciones incómodas, provocaciones y secretos que salen a la luz, los cuatro personajes terminan enfrentándose a sus deseos, frustraciones y expectativas. Lo que comienza como una velada entre vecinos acaba cuestionando cuánto conocemos realmente a la persona con la que compartimos nuestra vida.

  • Una nueva versión de Sentimental

El largometraje es la adaptación en inglés de Sentimental, la película dirigida por Cesc Gay en 2020 y basada, a su vez, en su obra teatral 'Los vecinos de arriba'. Para esta nueva versión, Rashida Jones y Will McCormack firman un guion que mantiene la esencia de la historia original, pero introduce su propia mirada sobre el desgaste emocional, la intimidad y las relaciones a largo plazo.

Wilde ha explicado que tuvo como referentes a cineastas como Billy Wilder, Mike Nichols y Nora Ephron. Su intención era encontrar humor dentro de situaciones reconocibles, incluso cuando resultan dolorosas. Reírse de los problemas que también atraviesan otras parejas, sostiene, puede hacer que las personas se sientan menos solas.

La construcción de los personajes fue especialmente colaborativa. Antes de comenzar el rodaje, el reparto dedicó dos semanas a leer y revisar el guion. Las ideas continuaron apareciendo durante la filmación, con los intérpretes proponiendo cambios y nuevas posibilidades para sus personajes.

Esa dinámica permitió que la película funcionase casi como una obra de teatro: cuatro personas, un único espacio y una conversación que se vuelve progresivamente más honesta. Wilde, además de dirigir, interpreta a Angela, una mujer frustrada con su vida profesional y desconectada de un matrimonio que parece acercarse al final.

  • Volver a enamorarse de la misma persona

Al comienzo de la película aparece una reflexión de Oscar Wilde que relaciona el matrimonio con el final del enamoramiento. Aunque la frase parece anticipar una visión pesimista, la directora asegura que la historia terminó siendo mucho más romántica de lo que imaginaba.

En un primer momento, Wilde estaba convencida de estar contando la ruptura definitiva de una pareja. Durante el proceso, sin embargo, comprendió que la película también podía hablar de la posibilidad de reencontrarse. “Podemos tener varias relaciones con la misma persona”, explica sobre la evolución de una pareja que necesita dejar atrás una etapa para construir otra diferente.

La cineasta no plantea que todas las relaciones deban salvarse, sino que las personas cambian y que, si desean permanecer juntas, necesitan aprender a conocerse de nuevo. La convivencia no consiste únicamente en mantener intacta la conexión inicial, sino en aceptar que una pareja puede transformarse varias veces a lo largo de los años.

Para profundizar en estas ideas, Wilde recurrió a la psicoterapeuta Esther Perel, especializada en relaciones, deseo e intimidad. La directora conocía de primera mano su trabajo, ya que había sido paciente suya años atrás, pero admite que necesitó atravesar distintas experiencias sentimentales y rodar esta película para comprender realmente algunos de sus planteamientos.

Una de las ideas centrales es que ninguna pareja debería cargar con la responsabilidad de completar al otro. Antes de construir una relación saludable, cada persona necesita reconocerse como un individuo independiente y asumir las consecuencias de sus propias decisiones. Culpar al otro de toda la insatisfacción personal puede resultar más sencillo, pero también impide identificar qué debe cambiar realmente.

  • Las dificultades de dirigir siendo madre

Wilde también ha relacionado su evolución como directora con el ejemplo de su madre, Leslie Cockburn, periodista y corresponsal de guerra. Durante su infancia le costaba comprender por qué no llevaba la misma vida que las madres de sus amigas, pero con el tiempo reconoció la importancia de haber crecido junto a una mujer con una carrera exigente.

Para la actriz y cineasta, el sentimiento de culpa relacionado con la maternidad continúa siendo uno de los obstáculos que explican la escasez de mujeres al frente de grandes producciones. Las directoras, señala, siguen sintiéndose juzgadas cuando su trabajo las mantiene lejos de casa, una presión que rara vez recae del mismo modo sobre sus compañeros.

A sus 42 años, Olivia parece haber trasladado esas experiencias personales y profesionales a una película que no pretende ofrecer una fórmula infalible para salvar un matrimonio. 'La invitación' plantea algo más incómodo: que amar a alguien durante mucho tiempo también puede implicar despedirse de la relación que existía para descubrir si todavía es posible comenzar otra con esa misma persona.

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