Hace una década, tres sevillanos regresaron a su ciudad y decidieron emprender un negocio con una idea: demostrar que era posible construir un negocio en torno al café de especialidad, con un trato justo y directo con los productores. Hoy es uno de los tostadores más reconocidos de España.
Sería fácil criticar a quienes se toman el café demasiado en serio. Hay que relativizar su importancia, dirán algunos; al fin y al cabo, no es física cuántica ni una operación a corazón abierto. Sin embargo, las respuestas a los desafíos que plantea nuestro mundo también deben surgir de nosotros, de personas como tú y como yo que quieren aportar algo positivo. Por eso, Ineffable Coffee es más que un tostador de café: es una filosofía de vida llevada a la práctica.
En Ineffable Coffee huyen de las expresiones grandilocuentes habituales en los discursos corporativos que, en realidad, suelen ocultar prácticas poco éticas. “No vamos a intentar convencerte de que el café de especialidad sea la panacea”, afirma Omar Molinero, uno de los tres fundadores, “pero es nuestra manera de hacer las cosas lo mejor que sabemos”.
El propósito de Ineffable Coffee es ofrecerte el mejor café posible. No por competir, sino porque perseguir ese objetivo implica aplicar una serie de principios que representan una alternativa real a muchos de los problemas actuales. Como explica José Pacheco, otro de sus fundadores: “Tostamos café porque nos gusta el café y lo hacemos así porque nos gusta hacer las cosas bien”.
Para conseguirlo, dedican todo su esfuerzo a seleccionar los mejores granos verdes y frescos, directamente de los productores siempre que es posible. Cuidan cada eslabón de la cadena hasta que el grano llega a su tostador, en Sevilla, donde combinan tecnología de precisión con su criterio sensorial para conseguir un tueste consistente que destaque la identidad de cada lote. Después lo empaquetan y lo ponen a disposición del público en cafeterías o a través de su tienda online.
Dicho así, parece sencillo. Un negocio más. Pero para ellos significa mucho más. “El café de especialidad es mucho más que una puntuación”, explica Omar, “es un concepto y una filosofía que abarca desde el cultivo hasta la taza”.
Al ser una fruta, el café necesita cultivarse con esmero y en condiciones óptimas. Para que se considere de especialidad, generalmente debe pertenecer a la variedad arábica, crecer a cierta altitud y desarrollarse en un suelo rico y bajo un clima favorable. En las fincas donde se cultiva, el café crece en armonía con el ecosistema local.
Y, lo más importante, como el café es una fruta, alguien tiene que cuidarlo, recogerlo en su punto exacto de maduración y procesarlo con cariño. De hecho, hace falta más de una persona; por eso, la mayoría de las fincas con las que trabajan en Ineffable son familiares o pertenecen a pequeñas cooperativas. Por esa misma razón, muchos de sus cafés tienen nombre y apellido.
“Romario Umaña” o “Néstor Lasso” son mucho más que un nombre en un paquete. Son un homenaje a los caficultores y a su trabajo. Un reconocimiento que, en Ineffable, también implica garantizar que reciben un pago justo y comprar directamente en origen siempre que es posible.
Se dice que una taza de café de especialidad reúne 2.000 horas de trabajo de toda la cadena cafetera y que, para obtener un kilogramo de café tostado, se necesita la producción anual completa de un cafeto, un árbol de café. Cuando los consumidores no vemos ese esfuerzo reflejado en el precio final, significa que son otros, generalmente las comunidades de origen, quienes lo sufren en sus propias vidas.
Frente a los grandes monopolios y las dinámicas de la industria masiva, el enfoque de Ineffable Coffee puede parecerse al de Don Quijote frente a los molinos. “Nos importa que el café sea respetuoso con la tierra, que ese entorno limpio se traduzca en los matices de tu taza y que las personas que están detrás puedan tener una vida digna”, destaca José.
Detrás de Ineffable Coffee están José, Omar y Alejandro. Tres emprendedores que, después de vivir y viajar por medio mundo, decidieron regresar a Sevilla, su tierra, para poner en marcha un proyecto que ya cumple diez años. “Empezamos porque nos dimos cuenta de que en España, salvo contadas excepciones, seguíamos consumiendo café torrefacto e industrial”, comenta Omar.
Un café que, por lo general, se compra a multinacionales para las que las consecuencias sociales y ambientales no son prioritarias. “Un café que, además, suele estar francamente malo”, puntualiza José. “Y a nosotros nos gusta el buen café”, añade.
Así que se propusieron desarrollar la segunda mitad de la cadena del café. Si la primera comprende el cultivo, el procesado y el transporte, la suya abarca la selección, el tostado y el empaquetado. Y decidieron hacerlo de una forma que hiciera justicia al excelente trabajo de muchos pequeños productores.
En su tostador recurren a tecnología de vanguardia y software de análisis de datos para encontrar el punto óptimo de cada lote. Confían en la tecnología, pero la última palabra siempre la tiene la cata. “Catamos antes, durante y después. Porque el café es una experiencia sensorial y el sabor lo dice todo”, señala Alejandro Molinero, el tercer fundador.
En 2024 ganaron el Campeonato de España de Tueste. “Nos hizo mucha ilusión. No solo por ganar, sino porque supuso un reconocimiento al trabajo de todas las personas que hay detrás de cada café”, afirma Omar. Una comunidad que abarca desde los productores en origen hasta su equipo —que continúa creciendo tanto en calidad como en cantidad— y todas las relaciones que han ido construyendo poco a poco desde Sevilla, en España y Europa.
Esa comunidad está formada por quienes emprenden un negocio para servirte café, por los baristas que lo preparan con sumo cuidado y por los apasionados del café de especialidad. Porque eso es precisamente el café de especialidad: un café respetuoso con el medio ambiente y basado en un trato justo con los productores que lo cultivan con cariño y lo procesan de la mejor manera. Es conservarlo y tostarlo para destacar sus mejores cualidades, y prepararlo, ya sea en casa o en una cafetería, para hacer justicia a ese trabajo y disfrutarlo al máximo.
Es cierto que el café de especialidad tiene una definición técnica: una puntuación superior a 80 puntos otorgada por catadores certificados Q-Graders, una cualificación que poseen los tres fundadores de Ineffable Coffee. Sin embargo, aunque ese dato es importante, no es lo esencial. Lo verdaderamente importante es que las personas que están detrás de esa taza comparten los mismos valores y el compromiso con el mejor café.
Puede que el café de especialidad no vaya a resolver los grandes problemas del mundo, pero para Ineffable Coffee, y para quienes disfrutamos del buen café, puede ser una manera de contribuir positivamente a muchos de ellos. Una forma de vivir una experiencia que realmente sea inefable.
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