El juicio por la operación Kitchen ha entrado este jueves en una fase decisiva con el inicio de las declaraciones de los acusados. El primero en sentarse ante el tribunal ha sido Francisco Martínez, exsecretario de Estado de Seguridad y número dos del Ministerio del Interior durante el Gobierno de Mariano Rajoy, que ha negado de forma tajante haber ordenado ningún operativo policial contra el extesorero del PP Luis Bárcenas, su mujer o su familia. Sin embargo, su declaración ha servido también para desplazar parte del foco hacia su entonces superior, el exministro Jorge Fernández Díaz, a quien ha situado en el origen de su relación con el comisario jubilado José Manuel Villarejo.
“¿Usted ordenó algún tipo de operación policial, dispositivo o investigación sobre el señor Bárcenas, su esposa o su familia?”, le ha preguntado su abogado. La respuesta de Martínez ha sido rotunda: “No. Jamás”. El exsecretario de Estado ha ido incluso más allá al asegurar que nunca ordenó investigaciones “sobre nada” y, en particular, “sobre esto nunca”. También se ha desvinculado de la captación de Sergio Ríos, el chófer de Bárcenas, como colaborador de la presunta trama parapolicial, así como de los pagos mensuales que, según la investigación, habría recibido. “Jamás autoricé el pago”, ha insistido.
La Audiencia Nacional juzga en esta causa la presunta operación parapolicial desplegada desde el Ministerio del Interior entre 2013 y 2015 para espiar a Bárcenas y sustraerle documentación sensible que pudiera comprometer al Partido Popular en plena investigación de la Gürtel y de la caja B del partido. Martínez, que se ha negado a responder a las acusaciones y a la Fiscalía, ha construido su defensa sobre una idea central: no dirigió la Kitchen, no conoció una operación con ese nombre y su contacto con Villarejo se produjo por indicación del ministro.
Villarejo, el comisario que llegó por la vía del ministro
Uno de los puntos más relevantes de la declaración ha sido el relato sobre cómo conoció a José Manuel Villarejo. Martínez ha explicado que el primer contacto se produjo el 20 de abril de 2012, cuando estaba comiendo con su familia y recibió una llamada de Fernández Díaz. Según su versión, el ministro le trasladó un aviso urgente que procedía de Juan Cotino, exdirector general de la Policía: un comisario necesitaba hablar con él porque el ministro estaba cometiendo un error en unas declaraciones públicas.
Martínez ha relatado que llamó aquella misma tarde al número que le facilitaron sin saber quién respondería al otro lado. Era Villarejo. Ambos quedaron en una cafetería y mantuvieron una larga conversación. Según el exsecretario de Estado, el comisario le explicó entonces que llevaba años trabajando para Interior como agente de inteligencia, captando información de distintas fuentes y poniéndola a disposición del ministerio. “Yo no conocía esa figura”, ha admitido Martínez ante el tribunal.
La urgencia del encuentro, siempre según su declaración, estaba relacionada con unas manifestaciones de Fernández Díaz sobre una investigación vinculada a Ignacio González, entonces vicepresidente de la Comunidad de Madrid. Villarejo quería advertir de que el ministro se equivocaba al tachar de ilegal aquella investigación, ya que, según le dijo, la había realizado él mismo por instrucciones del entonces director adjunto operativo, Fernández Chico, y era “absolutamente legal”.
Martínez ha asegurado que trasladó esa advertencia a Fernández Díaz y que el ministro le dio credibilidad al comisario. Según ha contado, Fernández Díaz le recordó que Cotino avalaba a Villarejo y le dijo que “nunca” le había dado “mala información”. A partir de ahí, siempre según el relato del acusado, el ministro le pidió expresamente que “fuera receptivo” cuando Villarejo quisiera trasladarle información.
Esa indicación, ha sostenido Martínez, dio pie a una relación más frecuente con el comisario. Villarejo le llamaba para facilitarle datos “sobre toda clase de asuntos”: investigaciones propias, informaciones que podían afectar al Ministerio del Interior, contactos en servicios extranjeros o fuentes policiales de otros países. El exsecretario de Estado ha intentado presentar esos intercambios como parte de una forma de trabajar anterior a su llegada al ministerio. “Era una forma de trabajar que el señor Villarejo había tenido en el Ministerio del Interior siempre, en etapas anteriores”, ha afirmado.
Martínez también ha explicado que, al empezar a tratar con Villarejo, preguntó por su historial en la Policía y le hablaron de sus condecoraciones, de sus contactos y de un “ámbito de relaciones respetable”. Según su versión, el comisario hablaba “abiertamente” de sus actividades, por lo que no interpretó que se tratara de labores clandestinas. En cualquier caso, ha asegurado que le pidió que pusiera por escrito la información que manejaba y que la trasladara a la Fiscalía o al Centro Nacional de Inteligencia cuando pudiera ser relevante.
En ese punto, Martínez ha llegado a desvelar que el propio Ministerio del Interior facilitó en 2012 un encuentro entre Villarejo y el entonces fiscal jefe Anticorrupción, Manuel Salinas. “No tenía sentido que el señor Villarejo atesorase información que podía ser útil y no volcarse en las investigaciones”, ha justificado.
El exnúmero dos de Interior ha tratado también de rebajar el valor de las conversaciones con Villarejo describiendo al comisario como alguien difícil de seguir. “Hablaba tanto y muchas veces en clave, utilizaba apodos, y yo reconozco que a veces ni siquiera le entendía bien”, ha declarado. La información, ha dicho, era “muy variada” y podía ir desde asuntos de inteligencia hasta simples “chascarrillos”.
Sobre la operación Kitchen en sí, Martínez ha negado incluso haber escuchado ese nombre durante su etapa en la Secretaría de Estado de Seguridad. “Nunca. Jamás. Es una denominación periodística”, ha afirmado. También ha rechazado que entre sus competencias estuviera auditar el uso de los fondos reservados y ha insistido en que no tuvo intervención alguna en pagos vinculados al supuesto operativo.
El acusado ha negado igualmente haber ordenado la búsqueda de los discos duros de Bárcenas o de documentación relacionada con la contabilidad del PP. “Eso no solo es falso, sino que creo que es una fantasía”, ha dicho, antes de calificar ese relato como una “leyenda mediática”. Martínez ha defendido que tenía “muy poca relación” con el Partido Popular, más allá de su vínculo con Fernández Díaz, y que nunca percibió presiones ni interés especial por lo que se publicaba sobre Bárcenas.
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