El juez Juan Carlos Peinado no retrocede un paso en su persecución contra Begoña Gómez, aunque ha corregido el último ataque que lanzó y que tuvo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado como víctimas colaterales. Después de decidir retirarle el pasaporte e impedirle salir del país al considerar que sus escoltas, agentes de la Policía Nacional, podrían ayudarla a fugarse; el magistrado ha matizado su justificación, que propició que el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) decidiese abrirle un expediente, de la forma más rocambolesca posible.

La inventiva, contrariamente al rigor, es una cualidad cuya escasez no puede reprocharse al titular del juzgado de instrucción número 41 de Madrid, quien ahora imagina a la mujer del presidente del Gobierno como el mismísimo Bettino Craxi. "No sería la primera ocasión en la que un Presidente del Gobierno de un Estado Miembro de la Unión Europea de un país Mediterráneo, (Italia) se fuga ante un procedimiento de una trama de corrupción a un país del continente africano (Túnez), quien sin duda dispondría de toda la escolta oportuna", justifica Peinando.

¿Quién es Bettino Craxi?

Benedetto Craxi, apodado Bettino, fue un histórico dirigente del disuelto Partido Socialista Italiano. Nacido en Milán en 1934, el que fuera primer ministro de Italia entre 1983 y 1987 murió en Hammamet, ciudad tunecina, en el 2000. Este cambio de país podría ser una mera anécdota, pues múltiples personas disfrutan de sus últimos días alejados del país en el que pasaron toda su vida; sin embargo, este no es el caso de Bettino.

El histórico dirigente, que también fue diputado del Parlamento Europeo entre 1979 y 1983 y entre 1989 y 1992, puso rumbo a Túnez huyendo de la Justicia. Después de dirigir un Gobierno extraordinariamente longevo para el contexto italiano de la época y de abandonar el poder dejando una sensación de prosperidad ente la población, al perder los apoyos de la democracia cristiana, Bettino fue imputado en el caso Tangentopoli, conocido en España como ‘Manos Limpias’.

El caso estalló en 1992, cuando las autoridades judiciales italianas destaparon una extensa red de corrupción política que implicaba a múltiples partidos, empresas y autoridades. Las formaciones clásicas fueron acusadas de financiación ilegal y de aceptar sobornos de bandas criminales a cambio de protección, lo que derivó en unos juicios en los que declararon en torno a 4.000 personas.

Durante un par años, varios jueces fueron asesinados o afectados por atentados, diputados socialistas se suicidaron y Bettino dimitió como líder del partido. Las elecciones fueron asestando duros golpes al PSI y las sospechas y pruebas sobre Bettino iban creciendo. Fue entonces, en 1994, cuando el ex primer ministro italiano cruzó el charco y se refugió en Túnez, con el apoyo del presidente Ben Ali.

Su huida no evitó que la Justicia le condenase a 27 años de cárcel, de los cuales fueron confirmados 9 años y 8 meses en apelación. Bettino nunca volvió a Italia ni cumplió la pena, muriendo finalmente en Túnez. Su familia rechazó el funeral de Estado propuesto por las autoridades italianas y su cuerpo reposa en un pequeño cementerio cristiano de Hammamet.

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