El Ministerio de Sanidad ha fijado por escrito una conclusión que la comunidad científica lleva años sosteniendo: la homeopatía no ha demostrado eficacia terapéutica y sus efectos, según la evidencia revisada, son comparables al placebo. El dictamen aparece en un informe de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), publicado este martes, que revisa la literatura científica disponible sobre estos productos y lanza además una advertencia clara: recurrir a ellos en lugar de tratamientos eficaces puede poner en peligro la salud de los pacientes.

El documento no deja demasiado margen para la ambigüedad. Entre sus conclusiones, la AEMPS sostiene que “no existe evidencia científica publicada que avale la eficacia de la homeopatía como un instrumento terapéutico eficaz” y añade que “la eficacia observada para los productos homeopáticos es comparable al placebo”. El informe revisa compilaciones científicas y evaluaciones previas de organismos públicos de otros países y concluye que, en las patologías analizadas, los estudios o bien no encuentran diferencias significativas frente a placebo o presentan una calidad metodológica demasiado baja para extraer conclusiones fiables.

Sanidad pone el foco, sobre todo, en el riesgo indirecto. El principal problema no sería tanto el producto en sí como la decisión de usarlo para desplazar terapias con beneficio probado. El informe lo formula de manera directa: los ciudadanos deben saber que la homeopatía carece de evidencia científica y que optar por ella, rechazando o sustituyendo tratamientos basados en la evidencia, puede poner en peligro su salud. La AEMPS remacha esa idea en otro punto del texto al señalar que el principal riesgo asociado a estos preparados es el abandono del tratamiento científico con expectativa de beneficio conocida y razonable.

El informe también desmonta uno de los argumentos más repetidos por los defensores de estos productos: su supuesta inocuidad. La agencia reconoce que los datos de seguridad son limitados y que muchos efectos adversos notificados son leves, pero recuerda que existen publicaciones y notificaciones sobre reacciones alérgicas, intoxicaciones y daños derivados de errores de dosificación. La revisión cita además una investigación previa que localizó 38 publicaciones con efectos adversos relacionados con la homeopatía, afectando a 1.159 pacientes y con cuatro muertes asociadas, algunas por omisión de la terapia convencional adecuada. También recoge el caso investigado por la FDA en Estados Unidos tras la aparición de convulsiones y muertes en bebés vinculadas a preparados para la dentición con belladona.

La novedad no está en el diagnóstico científico, que no rompe con lo que ya venían defendiendo sociedades médicas y revisiones independientes desde hace décadas. Lo relevante es que ahora ese diagnóstico queda respaldado de forma oficial por el Ministerio de Sanidad en un documento técnico propio. El texto alinea a España con la posición adoptada por otros países que han ido retirando respaldo institucional a la homeopatía o limitando su financiación pública al considerar que no hay base científica suficiente para sostener sus supuestos beneficios.

La publicación del informe llega, además, en un contexto de revisión regulatoria y de ofensiva institucional contra las pseudoterapias. En España ya se había ordenado en 2018 la retirada del mercado de determinados productos homeopáticos que no se adecuaran al marco legal, y la revisión actual vuelve a apretar el cerco sobre una práctica que durante años ha disfrutado de una apariencia de legitimidad comercial muy superior a su respaldo científico. Según la SER, más de un millar de productos fueron retirados y los que siguen registrados no pueden atribuirse propiedades terapéuticas en su etiquetado si no las han demostrado.

España se alinea con el consenso científico

Lejos de tratarse de una ocurrencia aislada del Ministerio de Sanidad, el informe de la AEMPS sitúa a España en una posición cada vez más clara dentro del consenso científico internacional sobre la homeopatía. En los últimos años, distintos organismos públicos y agencias sanitarias de referencia han llegado a conclusiones muy similares: no hay pruebas sólidas de que estos productos tengan eficacia terapéutica más allá del placebo y su uso resulta problemático cuando desplaza tratamientos con respaldo clínico. El documento español, por tanto, no abre una discusión nueva, sino que asume de forma explícita un diagnóstico que fuera de nuestras fronteras lleva tiempo asentado.

Ese movimiento tiene además una lectura institucional relevante. Durante años, la homeopatía logró sobrevivir en una zona de ambigüedad, con presencia comercial, apariencia farmacéutica y un grado de tolerancia regulatoria que chocaba con la falta de evidencia científica. Lo que hace ahora Sanidad es reducir esa distancia entre regulación y conocimiento científico, alineando su posición con la de otros países que han ido retirando reconocimiento, financiación o legitimidad pública a estas prácticas. En ese sentido, el informe no solo cuestiona la utilidad de la homeopatía, sino también el marco de permisividad que durante demasiado tiempo la ha rodeado.

Que España se sume de forma más nítida a esa corriente internacional refuerza además la idea de que este ya no es un debate entre opiniones equivalentes. La discusión no enfrenta dos modelos médicos con el mismo respaldo, ni una medicina oficial frente a una alternativa injustamente marginada. Lo que enfrenta es la evidencia científica frente a un relato comercial y cultural que ha explotado durante años la confusión de los pacientes. Con este informe, Sanidad deja claro que no piensa seguir tratando la homeopatía como una excepción blanda dentro del mercado sanitario, sino como lo que la evidencia describe: un producto sin eficacia demostrada y con riesgos cuando sustituye a la medicina que sí funciona.

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