Con motivo de la celebración este jueves del acto ’50 años en Libertad ¿Y los próximos 50?’ en la Casa de la Música de Fuenlabrada (Madrid), fueron muchos los rostros del mundo del periodismo que alzaron la voz en defensa de la memoria democrática y el legado histórico de nuestro país, siendo una de ellas la periodista Rosa Villacastín.
La reconocida comunicadora concedió una entrevista a ElPlural.com con motivo de estas especiales jornadas, abordando cómo fue vivir en primera persona la Transición y la evolución de los cambios en España en estas últimas décadas. Tras la proyección en el evento de un breve extracto de la conversación con este periódico, a continuación, se reproduce al completo en este artículo.
PREGUNTA (P): ¿Cómo fue vivir la Transición como periodista?
RESPUESTA (R): La viví muy joven, con mucha ilusión y ganas de cambio, parecía que no iba a llegar. En aquella época ETA mataba y fueron muchas las personas asesinadas. No sabías nunca qué iba a ocurrir después. Viví el 23-F y eso terminó de fulminarlo, decíamos que qué iba a pasar, y al final salimos bien.
Podemos decir que salimos de una situación muy difícil y gracias a los políticos de esa época, que colaboraban todos salvo excepciones, se pudo salir. En todos los países nos ponían como ejemplo, de lo que se había conseguido y de cómo se había hecho. El resultado me atrevo a decir que fue un 9, pese a todos los inconvenientes y lo difícil que fue.
P: Debido a que fue una época marcada por el poder masculino y mayor presencia del patriarcado, ¿cómo fue vivirlo como mujer a nivel profesional y social?
R: Viví el final del Franquismo y el principio de la Democracia. Entré en un periódico, Pueblo, en el que había libertad absoluta, nos la dio Emilio Romero. Había de todas las ideologías que te puedas imaginar y todos expresaban lo que querían. Si quizás el periódico hubiera sido de otra persona, no hubieran salido las cosas tan bien, hacíamos huelgas y de todo. Fue la mejor escuela en periodismo, pero por quién lo dirigía, que cabe destacar que era una persona del régimen.
Las mujeres éramos muy pocas en redacción, pero apostó por ellas, cosa que no era habitual en aquella época. Lo aprendimos todo con él, nos enseñó desde cómo titular y, cuando llegaron las primeras Cortes, las primeras personas que mandaron fueron a Julia Navarro, a mí y a Mercedes Jansa. Las mujeres teníamos que estar ahí.
P: ¿Crees que aún persiste esa nostalgia o ideología franquista en los tiempos que corren?
R: Hay jóvenes que dicen que les gustaría que volviera el Franquismo o una dictadura, no saben lo que es. Hoy podemos hablar de lo que queramos con toda la libertad del mundo, las mujeres estamos incorporadas a la sociedad. Sería impensable, no saben de lo que hablan.
Es muy importante la lectura de libros de la época, que hay algunos buenísimos. Que desde los medios de comunicación se hable más de esto, para que los jóvenes comprendan que una dictadura es lo peor que le puede pasar a un pueblo. Podemos discutir, que unos estén a favor y otros en contra, pero al final tenemos libertad.
Dónde está la Comunidad de Madrid fue un centro de violencia, ¿por qué Ayuso no lo reconoce?
P: Desde los medios de comunicación, ¿qué más se puede hacer para concienciar?
R: Cuando se habla desde determinados medios de comunicación sobre las exigencias de los partidos de izquierdas respecto a hablar y recordar esta época, debían de ser no más generosos, sino contar la verdad. Donde está la Comunidad de Madrid –la Real Casa de Correos, en la Puerta del Sol- fue un centro de violencia, de machacar a la gente. ¿Por qué Isabel Díaz Ayuso no lo reconoce? Hay que reconocer lo que se hizo mal, y te lo dice una persona a la que su abuelo lo mataron ‘los rojos’.
Hay que apostar por decir la verdad. Tampoco tiene sentido el Valle de los Caídos a estas alturas de la película. En la Transición, no todos los partidos políticos estaban de acuerdo, había muchas diferencias entre unos y otros; pero había diálogo, comunicación entre ellos. Veías a Felipe González tomándose un café con alguien del PP, eso hoy es imposible de verlo en el Congreso de los Diputados.
El insulto se ha apoderado de la sociedad, y lo vamos a pagar todos, los de una parte y los de otra. La sociedad está crispada, no quiere ver eso en los políticos, quieren soluciones a los problemas que tienen. En aquella época, que era mucho más difícil que ahora, sí se hizo. Por las razones o intereses que sean, ahora estamos en la situación que estamos.
Hay que apostar por el entendimiento, lo que no significa que haya que renunciar a las ideas de cada uno. El insulto hace que la sociedad se crispe, que los jóvenes vean en eso no algo para imitar, sino todo lo contrario, de ahí la desafección hacia la política. La democracia es el mejor sistema que se ha inventado, con todos sus defectos, pero el mejor. No lo pongamos más difícil.
P: ¿Cree que es esa desafección la causa de esta nostalgia por los tiempos pasado, aunque no se hayan vivido?
R: No, los jóvenes cuando dicen ‘que venga el Franquismo’ o ‘que venga una dictadura’, siguen sin saber qué es. Tienen que significarse y levantar la voz, si lo supieran no lo dirían. Los jóvenes apuestan por la libertad, por decir lo que quieren, es impensable. No podemos mirar para atrás, sino hacia adelante.
España siempre ha sido, sobre todo en esa época, un ejemplo al que todos los países querían imitar por lo bien que se hizo la Transición. Todos los que podían pensar que un golpe de Estado como el 23-F sería estupendo, ese día cambiaron de opinión, se dieron cuenta de que eso no podía volver.
Hay que enseñar a la gente lo que era entonces y lo que es ahora. Antes no podías hablar, hoy puedes decir lo que quieras. ¿Cuándo hemos tenido las mujeres los derechos que tenemos hoy? En aquella época no, había que cumplir, casarte y que Dios te cogiera confesara.
Si pudiéramos ahora ir a las urnas a decir ‘Democracia sí’ o ‘Democracia no’, ganaría ‘Democracia sí’
P: ¿Qué le diría ahora a toda la gente que vivió la Transición y que, a día de hoy, siguen promulgando este tipo de discursos?
R: Hay gente que puede tener nostalgia porque muchos vivían muy bien, no nos equivoquemos. Los militares, juristas, personas mayores que echan de menos que no había follón por las calles. Es difícil de entender, hay que comprender lo que vivieron, que fue una época que, para ellos, no fue mala; para otros fue terrorífica. Nostalgia para la gente de los 70 u 80 no hay, van a una manifestación porque les parece que la bandera es lo más importante o, como dice Ayuso, vivimos en un país comunista.
Vivimos en un país donde impera la democracia, cada uno puede votar a quien le dé la gana, otra cosa es que crea que los políticos deben contenerse en el insulto. La derecha pensaba que iba a ganar las últimas elecciones, no las ganó y no lo asumen. Eso es un problema. Esperemos que todo esto se calme.
P: Las últimas medidas que se han llevado a cabo en cuestión de memoria democrática estos últimos años, ¿son suficientes o hace falta más?
R: Hay que hacer más cosas. Hay personas que se sorprenden porque quiten una placa que homenajea a Federico García Lorca o Miguel Hernández. La gente que gobierna en una alcaldía u otros centros deberían pensarse mucho antes de tomar ciertas decisiones o lanzar determinados mensajes. Han pasado muchos años desde que llega la Democracia y parece mentira, pero parece que damos pasos atrás.
Si pudiéramos ahora ir a las urnas a decir ‘Democracia sí’ o ‘Democracia no’, ganaría la ‘Democracia sí’. Son más las ventajas que los inconvenientes. Las mujeres, que somos mayoría en este país y decidimos unas elecciones, hemos ganado a todos los niveles los derechos que tenemos, como mujeres, hijas o madres, No tiene nada que ver con lo que era aquello. Nadie votaría a favor de que volviera una dictadura, no lo creo en absoluto.
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