Hay miedos, fobias o recuerdos que no desaparecen con el tiempo. Se enquistan. El trauma de un paciente de Alejandro Alberca comenzó una tarde cualquiera, entre cristales rotos y metal retorcido. Un accidente de coche frontal contra otro turismo y varias vueltas de campana. Un daño inherente y una herida que no había conseguido cicatrizar.

Desde ese momento, el paciente no pudo volver a subirse a un coche, ni mucho menos, volver a pasar por aquella carretera. Hasta que llegó a la consulta de Alberca, psicólogo sanitario experto en el uso de la realidad virtual (RV) en la práctica clínica, así como docente universitario en postgrados, investigador doctoral sobre la intersección entre la inteligencia artificial (IA) y la salud mental y divulgador en medios digitales.

Su propuesta era, cuanto menos, innovadora: ir dentro de un coche virtual para recuperar el control de su vida real. Un objetivo llevado a cabo con RV. No había trucos ni promesas mágicas. Solo un entorno seguro donde exponer al paciente, de forma gradual y controlada, al miedo que le paralizaba.

Las sesiones empezaron por técnicas de relajación, realizadas también a través de RV para que fueran inmersivas. En la segunda sesión, el paciente ya estaba yendo de copiloto en el coche virtual y, a la cuarta, ya había circulado por la carretera donde sucedió el accidente. “Cuando le dejé, no habían pasado más de ocho o nueve sesiones. Lo último que me dijo es que se había apuntado a la autoescuela. Luego le vi un año más tarde y ya se había sacado el carné. Fue uno de los casos a los que más cariño le tengo. La imaginación estaba completamente bloqueada por el suceso traumático y lo único que ayudó fue irle exponiendo a esos entornos en los que se podía conducir y se podía ir regulando”, cuenta Alberca recordando el caso.

Aunque el uso de la realidad virtual parezca reciente, este ya encontraba su preámbulo en la Segunda Guerra Mundial, cuando la Marina estadounidense solicitó al Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) la creación de un simulador de vuelo. Durante ese mismo siglo, precedieron distintas invenciones llevadas a cabo por la misma tecnología: la RV, la cual “comenzó ya en estas décadas bélicas a ser una herramienta de interés psicológico para poder trabajar el trastorno de estrés postraumático. A nosotros nos llegó muchos años más tarde, pero ya había estudios que hablaban de su utilidad”.

El valor clínico: del trauma a la rehabilitación

Hoy los visores son más livianos, realistas y complejos; y ya captaron la atención de Alberca en 2010, cuando aún eran herramientas poco conocidas en España. “Creo que hay cosas que son fundamentales y donde la RV puede marcar mucho la diferencia, como en la evaluación, en la terapia neuropsicológica de rehabilitación cognitiva y en entornos que tienen que ver con el tratamiento de ansiedad o de fobias”. En evaluación, la RV permite hacer evaluaciones de una manera mucho más ecológica, a partir de herramientas que ayudan a medir la atención del paciente, como por ejemplo el eye tracking.

Por otro lado, aplicaciones como Re-Cognition están trabajando exhaustivamente para poder estimular y ayudar a personas que han tenido lesiones o ictus. “No es lo mismo que pongas a una persona que está rehabilitando a hacer ejercicios de movimientos de brazos, a que lo integres en un entorno inmersivo donde puede poner alimentos en una barbacoa. Te permite poder trabajar con el paciente de una manera mucho más entretenida y natural”.

En tratamientos de ansiedad o fobias, la RV está adquiriendo un papel principal para “conseguir introducir al paciente en entornos ansiógenos o fóbicos que, de otra manera, sería muy difícil o increíblemente caro. Por ejemplo, trabajar un miedo a volar a lo tradicional, implicaría tener que desplazarte al aeropuerto varias veces. De esta manera, puedes hacerlo desde una sala”, explica Alberca.

En una consulta psicológica habitual, normalmente se trabaja la desensibilización sistemática, una técnica psicológica utilizada para tratar fobias y ansiedad que combina la exposición gradual a un estímulo temido con técnicas de relajación. Con la realidad virtual, “trabajamos un híbrido entre la imaginación y la realidad. Al final, lo que estamos haciendo es que la persona viva de manera inmersiva a lo que nosotros le queremos someter”. La inmersión hace que mecanismos que se utilizan o que funcionan en la desensibilización sistemática, se vean aquí mucho más potenciados.

En 2020, en plena pandemia de la Covid-19, Alberca atendió de forma telemática a una nueva paciente que no podía salir a la calle. Su fobia a los perros le paralizaba el día a día. “Teníamos que hacer el tratamiento online, es decir, ella tenía un visor de RV y yo lo manejaba desde mi consulta para irle exponiendo”. En la novena sesión, la paciente ya pudo tener contacto con un perro. Pero el resultado no tuvo que ver únicamente con esta tecnología.

“Una herramienta no puede ser un tratamiento en sí, es una manera de poder llegar a los objetivos terapéuticos. Al paciente le tienes que enseñar a ser independiente, inclusive, aunque utilices una herramienta tan potente o inmersiva como la realidad virtual. Cuando nosotros trabajamos una fobia, no solo exponemos al paciente, trabajamos otros aspectos que también son claves. Por eso no puede ser el único tratamiento posible. De hecho, en mis sesiones, la RV ocupa menos del 50% del tratamiento. Pero ayuda, ayuda mucho”, concluye el psicólogo.

Niños y realidad virtual: cuando el hospital deja de dar miedo

La eficacia de la realidad virtual no se limita a los adultos. En pediatría, esta herramienta también encuentra su valor. La doctora Begoña Pérez-Moneo, jefa del servicio de Pediatría del Hospital Universitario Infanta Leonor y profesora asociada de la Universidad Complutense, ha dedicado parte de su carrera profesional a buscar formas de aliviar no solo el dolor de los pequeños, sino también el miedo. Es así como ha impulsado la iniciativa del uso de la Realidad Virtual en procedimientos invasivos en niños, tales como la punción venosa.

Como demuestra en su ensayo clínico Realidad virtual en el paciente ambulatorio: reduciendo la ansiedad y el miedo en la punción de vías venosas, esta técnica de distracción reduciría el temor de los pequeños pacientes a ir a los centros sanitarios. “Creo en el abordaje integral del paciente y creo firmemente que los niños no deben tener miedo a venir al hospital, porque aquí les vamos a cuidar” afirma Pérez-Moneo.

Esa convicción llevó a la doctora a colaborar con la ONG de tecnología Voluntechies, la cual se dedicaba precisamente a aportar soluciones tecnológicas en el ámbito sanitario para las poblaciones más vulnerables: niños, personas con discapacidad y ancianos. “Contacté con ellos y decidimos probar el uso de gafas de realidad virtual para la punción venosa de nuestros pacientes. Nos cedieron las gafas, las configuramos con la wifi del hospital, seleccionamos los juegos y empezamos a trabajar. Está siendo un éxito”.

Los menores no solo no se resistían al proceso de la punción, sino que muchos pedían seguir utilizando las gafas una vez terminado el procedimiento. El resultado fue contundente: menos anticipación negativa, disminución de la ansiedad y disipación del miedo. “El mecanismo por el que la RV ayuda al control del dolor es porque creas un entorno de distracción, que disminuye la ansiedad y el miedo relacionados con el procedimiento, al dejar de pensar en él”, aclara la doctora.

Pérez-Moneo cuenta que las tecnologías inmersivas como la RV podrían tener numerosas utilidades en el futuro “como, por ejemplo, su uso para distracción en procedimientos invasivos poco dolorosos; en el tratamiento de fobias, para lo cual ya hay aplicaciones desarrolladas; o en la explicación de procedimientos complicados como la preparación y cirugía, con su proceso de rehabilitación posterior”.

Sin embargo, la doctora observa barreras para que estas herramientas se integren en el sistema público de salud y todos los pacientes que lo necesiten puedan beneficiarse sus cualidades. “Los dispositivos de realidad virtual son caros y los que hemos conseguido han sido de donaciones. Habría que trabajar también la aceptación por parte de determinados colectivos de pacientes para romper esa barrera, que generalmente asociamos a la edad y al nivel socio-cultural; así como el diseño de herramientas personalizadas, la implantación de formación y la realización de ensayos clínicos válidos y fiables que avalen la indicación de uso, como hicimos nosotros”.

Por último, Pérez-Moneo añade: “Debe existir un liderazgo claro, debe haber personas que vean la oportunidad del uso de estas tecnologías y se impliquen en su desarrollo y validación, y que motiven a su personal para usarlo”.

Un futuro donde lo virtual es cada vez más real

En consonancia con lo concluido por la doctora, Alberca también observa estragos en la posibilidad de contar con estas herramientas en el sistema público de salud, y responde llevando la cuestión al presente: “El papel actual de la realidad virtual en la práctica clínica es algo importante a lo que quizás no se le está dando toda la importancia que podría. Esto yo creo que es porque hay ciertas barreras que aún son complicadas. En nuestra profesión la tecnología no siempre se ve como algo positivo, sino como algo con cierto afán defensivo. También es verdad que no hay formaciones, con lo cual es mucho más difícil”.

El psicólogo hace también hincapié en la importancia de la estandarización y continúa explicando que “quizás en el sistema de salud privado se puede utilizar más este tipo de estrategias porque también son más comerciales” e insiste en que “la formación es una barrera de entrada importante. Quizás si se formara, se podrían ver las cosas de una manera distinta”.

Al hablar de futuro, Alberca no tiene dudas: “Parece que la RV va a mejorar mucho en su capacidad inmersiva y probablemente se acabará incorporando a una realidad mixta (que fusiona los mundos físico y digital). Hemos visto proyectos como los de Apple o los de Google con Samsung, en donde los visores han mejorado mucho en cuanto a calidad y ya se va integrando esa parte mixta”.

La tecnología parece estar lista. Los profesionales con formación, también. Ahora es cuestión presente que estas herramientas puedan estar al alcance sanitario de toda la sociedad para encontrar un impacto beneficioso en este proceso que lleva años gestándose. Al fin y al cabo, aliviar el miedo -sea en una carretera, frente a un perro o ante una simple aguja-también es una forma de curar.

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