Durante años, Parque Warner Madrid ha sido uno de los lugares favoritos de miles de niños, gracias a sus atracciones, espectáculos y propuestas de entretenimiento para toda la familia. Sin embargo, desde hace apenas unos meses, la situación ha cambiado para algunas familias. Así lo está viviendo Diego, un niño de ocho años con movilidad reducida que vive en Valdemoro, a pocos kilómetros del recinto. Su familia dispone desde hace tiempo del Bono Parques y las visitas se habían convertido en una actividad habitual. Acompañado por sus padres, el pequeño podía disfrutar de distintas atracciones infantiles sin que sus limitaciones físicas supusieran un impedimento. Sin embargo, lo que hasta hace poco era una jornada de diversión se ha convertido en una experiencia dolorosa que su familia todavía intenta asimilar, mientras trata de encontrar alguna solución.
Todo cambió cuando, durante una de sus últimas visitas, Diego y su padre, Antonio, se disponían a subir a una montaña rusa infantil en la que el niño ya había montado anteriormente. Según relata Antonio, el personal les comunicó que el pequeño no podía acceder porque no era capaz de caminar de manera autónoma. La sorpresa fue todavía mayor cuando intentaron subir a otra atracción infantil, unos pequeños aviones, y recibieron la misma respuesta.
"Mi hijo cognitivamente está bien, lo escucha todo y se pone a llorar, echando la culpa a su enfermedad porque cree que por ella no va a poder montar nunca en una atracción", cuenta Antonio a El Plural. Una reacción que refleja el impacto de unas restricciones que, según denuncian varias familias, están impidiendo que numerosos menores con movilidad reducida disfruten de buena parte de las instalaciones del parque.
La familia asegura que durante los últimos cuatro años Diego había utilizado estas atracciones respetando siempre los requisitos de altura y acompañado por un adulto cuando era necesario. Ahora, sus padres se enfrentan a una situación que no saben cómo explicarle y que les genera una enorme impotencia. Antonio asegura, además, que no ha recibido ningún tipo de comunicación previa en la que se explicaran las que considera nuevas e injustificadas restricciones.
¿Significa que han estado jugando con la vida de las personas en silla de ruedas y ahora se han dado cuenta?
El origen de la controversia se sitúa en las semanas posteriores al 29 de agosto de 2026, cuando un hombre con movilidad reducida sufrió un grave accidente en Batman: Gotham City Escape, una de las montañas rusas más intensas de Parque Warner Madrid.
Según la información conocida sobre el suceso, el visitante, que había accedido a la atracción tras abandonar su silla de ruedas, sufrió un desvanecimiento durante el recorrido y resultó herido, con fracturas en las piernas. El hombre tuvo que ser trasladado al hospital y el incidente abrió interrogantes sobre las circunstancias en las que se produjo y los sistemas de seguridad de la atracción.
Aunque no se ha acreditado públicamente que el suceso motivara una modificación de las condiciones de acceso, varias familias aseguran que, desde finales de septiembre, se están encontrando con restricciones que anteriormente no se les aplicaban.
La controversia gira en torno a un requisito recogido en las guías de acceso de numerosas atracciones: "Las personas que utilicen silla de ruedas o dispositivos de asistencia a la movilidad deben poder caminar de forma autónoma e independiente, sin ayuda de terceros ni dispositivos auxiliares, una distancia de hasta diez metros para acceder al vehículo".
Para las familias afectadas, el problema no es que existan limitaciones de seguridad, sino que estas se apliquen sin tener suficientemente en cuenta las capacidades de cada persona y las características de cada atracción. "Nosotros somos conscientes de que no podemos montar a Diego en Superman o en Gotham, porque son atracciones muy fuertes para él. Pero mi hijo, con una persona adulta al lado, puede montar perfectamente en las infantiles. Lo ha hecho siempre", explica Antonio.
El padre cuestiona que, después de años de visitas sin incidentes en estas atracciones, su hijo haya dejado de poder utilizarlas. "¿Qué quiere decir esto? ¿Que los veinte años que lleva el parque abierto han estado jugando con la vida de los niños y de las personas en silla de ruedas y ahora se han dado cuenta?", se pregunta.
La fuerza física no siempre depende de la capacidad de caminar
La polémica también ha provocado críticas entre personas con discapacidad que consideran que el requisito de caminar de manera autónoma no refleja necesariamente la capacidad física de un visitante para utilizar una atracción. Una de las voces que ha denunciado esta situación es Elena Gómez, columnista de Diario de Teruel y afectada por atrofia muscular, que el pasado 2 de octubre publicó un artículo titulado "¿Seguridad o discriminación?".
En una conversación con El Plural, Gómez cuestiona que se establezca un mismo criterio de movilidad para personas con capacidades físicas muy diferentes y que se englobe a todas las personas con movilidad reducida bajo las mismas limitaciones y necesidades. "Hay personas parapléjicas que tienen muchísima fuerza en las manos y se pueden montar en una montaña rusa sin problema", explica.
En su opinión, la capacidad de caminar no siempre guarda relación directa con la fuerza de los brazos, la estabilidad del cuerpo o las posibilidades de sujeción. Incluso hay personas con movilidad reducida que pueden desarrollar mayor fuerza en determinadas partes del cuerpo que otras personas sin esas limitaciones, ya que, en ocasiones, la pérdida de movilidad en una zona lleva a potenciar otras capacidades físicas.
La columnista insiste en que las limitaciones deberían estudiarse atendiendo a las características concretas de cada instalación. "Yo entiendo que a mí, que tengo atrofia muscular y falta de fuerza muscular, no me dejen subir a una montaña rusa porque no me puedo agarrar, pero me pueden dejar montar en una noria", argumenta.
También pone el foco en las circunstancias del accidente ocurrido en agosto. Según su razonamiento, si el visitante perdió el conocimiento durante el recorrido, esa circunstancia no puede atribuirse automáticamente al hecho de utilizar una silla de ruedas. "Una persona que no va en silla de ruedas también se puede desvanecer y, en ese caso, su cuerpo tampoco respondería, independientemente de sus capacidades físicas", señala.
Gómez reconoce que desconoce las conclusiones de las investigaciones sobre el accidente y que no puede asegurar que exista una relación directa con los requisitos actuales. Sin embargo, considera necesario que el parque explique los motivos de unas condiciones que están teniendo consecuencias sobre la experiencia de numerosas familias. Además, le parece demasiada casualidad que estas restricciones hayan comenzado a aplicarse semanas después de un accidente que tuvo tanta repercusión mediática.
En su columna resumía su postura con una dura reflexión: "La seguridad evita accidentes, pero la exclusión maquilla de prevención lo que no es más que discriminación".
La seguridad y las evacuaciones, los argumentos para limitar el acceso
Frente a las críticas de las familias, la seguridad de los visitantes aparece como el principal argumento para justificar las condiciones de movilidad exigidas en determinadas atracciones.
Una trabajadora de Parque Warner, que ha hablado con El Plural bajo condición de anonimato, defiende que los requisitos responden a la necesidad de evitar situaciones de riesgo, especialmente cuando se produce una incidencia técnica y es necesario evacuar una instalación. "También necesitan tener algún tipo de movilidad porque, en caso de error en la atracción o evacuación, tienen que poder salir por sus propios medios", explica.
La empleada pone como ejemplo una montaña rusa que se detenga en un punto elevado del recorrido y obligue a los visitantes a descender por unas escaleras. En esas circunstancias, sostiene, la falta de movilidad autónoma podría complicar la evacuación y poner en peligro a la persona afectada. "Yo entiendo que les moleste y les parezca mal, pero es todo por su seguridad", insiste.
La trabajadora, que asegura haber estado presente en el parque el día del accidente de agosto, también defiende que las restricciones buscan prevenir nuevos incidentes. El debate, por tanto, no se centra únicamente en la existencia de riesgos, sino en si las mismas exigencias de movilidad resultan necesarias en instalaciones con características tan diferentes como una montaña rusa de alta intensidad y una atracción destinada a niños pequeños.
Hacer caminar a un niño para demostrar su autonomía es completamente humillante
Más allá de las limitaciones de acceso, los afectados también denuncian el trato que puede suponer tener que demostrar públicamente su capacidad para caminar antes de subir a una atracción.
Antonio relata el caso que les trasladó otro matrimonio: según ese testimonio, un hombre que utiliza silla de ruedas tuvo que quitarse una prótesis e intentar desplazarse apoyándose en una sola pierna para demostrar que podía acceder.
Se trata de un episodio relatado a la familia que ilustra una de las preocupaciones expresadas por los afectados: que los requisitos de movilidad puedan derivar en situaciones que consideran humillantes. "Una persona que sí puede andar, pero con dificultades, tiene que demostrarlo delante de todo el mundo, con la gente esperando en la cola. Es un poco humillante", denuncia Antonio.
La trabajadora consultada, por su parte, no comparte esta percepción y defiende que se trata de una cuestión de seguridad. "Es por su propia seguridad y tampoco me parece humillante. Si no puedes andar, no hace falta ni que lo intentes", afirma.
Las familias también cuestionan qué ocurre con quienes adquirieron un bono anual cuando, según su experiencia, podían utilizar un mayor número de atracciones. En el caso de Diego, sus padres reclaman la devolución de la parte correspondiente del abono y están impulsando reclamaciones para intentar revertir la situación.
Antonio asegura que la OCU ya ha tramitado su reclamación administrativa y que otras familias han acudido a los organismos de Consumo. También afirma que entidades vinculadas a la defensa de las personas con discapacidad, como FAMMA y CERMI, tienen conocimiento de lo ocurrido, aunque no consta en la documentación aportada una posición oficial de estas organizaciones sobre el caso.
El conflicto plantea además interrogantes sobre el derecho de acceso al ocio de las personas con discapacidad. El Real Decreto 193/2023 regula las condiciones básicas de accesibilidad y no discriminación para el acceso y utilización de bienes y servicios a disposición del público. No obstante, determinar si los requisitos concretos del parque vulneran esta normativa exigiría un análisis jurídico y técnico de las condiciones de seguridad aplicables a cada instalación.
Las contradicciones entre las explicaciones de Parque Warner y las denuncias de las familias
Sin embargo, es aquí donde surgen las principales polémicas y contradicciones. La familia de Diego ha intentado obtener explicaciones sobre las condiciones que ahora impiden al menor disfrutar de atracciones a las que había accedido durante años.
Según explica Antonio, después de trasladar su reclamación a través de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), Parque Warner respondió remitiéndoles a su guía de requisitos de acceso y señalando que debían ajustarse a las condiciones recogidas en ella.
Posteriormente, el parque les trasladó una nueva respuesta en la que negaba que se tratase de requisitos introducidos recientemente. "Tras la revisión realizada, hemos reforzado la información disponible para los visitantes con el objetivo de facilitar una mejor comprensión de los requisitos para acceder a cada atracción", señala la contestación del parque facilitada por la familia.
Esta explicación contrasta con el relato de Antonio, que insiste en que durante cuatro años su hijo ha podido acceder a distintas atracciones infantiles sin que se le exigiera caminar de manera autónoma.
La diferencia entre ambas versiones deja abierta una cuestión fundamental: si las condiciones ya existían, ¿por qué familias que visitaban habitualmente el parque aseguran que hasta ahora podían utilizar esas instalaciones? A esto se suma que la trabajadora consultada sí ha relacionado estas restricciones con la intención de aumentar la seguridad tras el accidente.
Un parque al que Diego sigue queriendo volver
Para Elena Gómez, la controversia va más allá de un parque temático. Considera que las decisiones de grandes espacios de ocio pueden convertirse en una referencia para otros establecimientos y teme que se produzca un retroceso en la accesibilidad.
"Parques grandes como Warner o Disney tienen que dar ejemplo, y no producir un 'efecto llamada'", sostiene. La columnista reclama que las condiciones de acceso respondan a evaluaciones concretas y no terminen excluyendo de manera generalizada a personas con capacidades muy diferentes.
Por su parte, la trabajadora de Parque Warner asegura que la atracción afectada por el accidente permaneció cerrada durante un tiempo y que se llevaron a cabo investigaciones y procedimientos judiciales antes de adoptar estas decisiones. También sostiene que otros parques de atracciones del mundo están adoptando medidas similares.
Mientras tanto, Antonio y su familia siguen intentando encontrar una solución. Asegura que Diego había disfrutado durante años de Parque Warner y que también ha visitado otros parques temáticos sin encontrarse con problemas similares en las atracciones que podía utilizar.
Su reclamación no pretende eliminar las medidas de seguridad ni exigir que su hijo pueda acceder a instalaciones incompatibles con sus capacidades. Lo que pide es que pueda seguir disfrutando de aquellas atracciones infantiles en las que, según explica, siempre había montado acompañado y sin incidentes
La controversia contrasta, además, con el compromiso social que Parque Warner Madrid ha reivindicado públicamente. En enero de 2024, el parque anunció en su página web que las sociedades españolas del grupo Parques Reunidos habían obtenido el Sello Empresa Solidaria, concedido por la Plataforma del Tercer Sector.
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