La tensión, incluso verbal, flota en la casa del lenguaje, la Real Academia Española (RAE) cuando falta menos de un mes para elegir a su nuevo director. Una pugna que siempre se ha llevado de manera reservada, pero que ha salido ahora a la luz por la acritud y la relevancia pública de uno de los aspirantes: Juan Luis Cebrián, exdirector de El País y expresidente de PRISA.

La forma de elegir al director de la RAE recuerda a ciertos concilios de fumata blanca. 46 académicos tendrán que elegir a un líder sin que haya ninguna candidatura formal y con una deliberación que se celebra durante una noche de encierro. Pero sí hay favorito. O al menos lo ha habido siempre, porque el cisma esta vez viene dado por el hecho de que hay dos personas que podrían llevarse el gato al agua.

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Lo cuenta este miércoles el mundo, que ha hablado con varios académicos del sistema de elección: "Bueno, no es para tanto: desde que soy académico, todas las elecciones han tenido un favorito claro que ha ganado. No ha habido nunca sorpresas ni dramas".

Pero esta vez la incertidumbre por los dos pretendientes ha llegado a desembocar en momentos de “tirantez y anormalidad”. El director saliente, Darío Villanueva, anunció su marcha precipitadamente y su candidato es Juan Luis Cebrián, quien se presenta como continuador de su obra y el aspirante del aparato.

Pero eso, como es típico en Cebrián, no sólo le ha labrado grandes apoyos, también importantes enemigos. Sobre todo, en el bando que está enfrentado a Villanueva, a quien por ejemplo reprochan que no plantara cara con firmeza a la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, cuando pidió a la Academia que se uniera al lenguaje inclusivo.

Después de aquello, las cosas fueron a peor y, en el pleno de octubre algunos miembros le pidieron a Villanueva que adelantase la elección para sustituirle. Ante la propuesta, Villanueva la tachó de “infamia” y provocó que un académico se marchara de la sala dando un portazo y exclamando: "¡Que te den por culo, director!".

Pero está el otro bando, el que sí apoya a Cebrián, que según los cálculos de El Mundo, estaría formado por ocho académicos mínimo: Villanueva, Rojo, Goytisolo, Vargas Llosa, José B. Terceiro, Francisco Rico, Emilio Lledó.. A ellos se podrían sumar otros tres electores.

Pero son pocos apoyos, teniendo en cuenta que Cebrián se postuló al cargo la misma noche en que Villanueva anunció que dejaba el cargo -aunque podría seguir en algún puesto en la RAE si Cebrián le sustituye-. Las teorías de por qué Cebrián no amplía sus aliados pasan por su oficio de periodista en un mundo donde abundan los filólogos y los creadores de obras intelectuales. Además, Cebrián no tiene ninguna licenciatura y en su currículum sólo incluye unos estudios inacabados de filosofía y su diplomatura en periodismo en los tiempos en que no era carrera. Y a eso se le suma que no tiene novelas o ensayos relevantes publicados.

Enfrente tiene a Santiago Muñoz Machado, quien no es filólogo, pero ha trabajado en el Diccionario Jurídico de la RAE, granjeándose el respeto de sus compañeros y acaba de ser nombrado Premio Nacional de Historia. "Sé que mi nombre ha aparecido, pero prefiero no hablar de estas cosas. La Academia siempre ha sido muy reservada y creo que haríamos bien en seguir así", explicaba él a El Mundo.

Aparte, frente a la animadversión que levanta Cebrián –“votar por él sería un suicidio”, dice un académico- Muñoz Machado cuenta con la virtud de haber conseguido patrocinios para la RAE, tiene buenos contactos y ambición para dar prestigio a la Academia. O sea, que su candidatura -con 18 apoyos confesos- cumpliría eso de “Limpia, fija y da esplendor”.