La investigación sobre el accidente ferroviario de Adamuz, en el que murieron 46 personas, sigue avanzando mientras se espera el inicio de los análisis de laboratorio que deberá realizar la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF). Uno de los elementos que ahora gana peso dentro de las pesquisas es una anomalía registrada horas antes del siniestro en el mismo punto en el que después se produjo la tragedia.

Según ha adelantado la Cadena SER, un informe elaborado por la Guardia Civil recoge una caída de tensión detectada la noche anterior al accidente. Esa oscilación, de apenas medio voltio, se mantiene por debajo del umbral a partir del cual el sistema activa alarmas automáticas, fijado en 0,78 voltios. Aun así, los investigadores consideran relevante que esa señal permaneciera sostenida hasta el momento del descarrilamiento.

Ese dato refuerza una de las hipótesis que se examinan con más detalle: que la infraestructura ya mostraba una primera señal compatible con una posible rotura antes del accidente. El informe apunta además a que, aunque un episodio así no es habitual, deberá aclararse si el sistema podía haber generado algún tipo de aviso preventivo. La normativa interna de Adif sobre circuitos de vía contempla la detección de este tipo de incidencias, aunque en este caso el sistema no llegó a exigir una alerta.

Una señal débil, pero persistente

La relevancia de esa caída de tensión no está tanto en su magnitud como en su continuidad. Los investigadores tratan ahora de determinar si ese descenso eléctrico podía estar vinculado a una fisura o fallo estructural en el carril o en la soldadura, que finalmente habría terminado por ceder. La clave está en saber si esa anomalía debía haber activado alguna respuesta técnica o si quedó fuera del rango operativo de vigilancia pese a que apuntaba a una incidencia anormal.

La investigación judicial y técnica sigue pendiente también de los ensayos de laboratorio, que serán determinantes para conocer el origen exacto de la rotura. Hasta ahora, la principal línea de trabajo se mantiene centrada precisamente en el fallo del raíl o de una soldadura, una posibilidad que sigue ganando fuerza a medida que se descartan otras hipótesis.

En paralelo, la Guardia Civil ha cerrado ya una de las vías que se exploraban desde el primer momento: la de un posible sabotaje o acto terrorista. Las pruebas practicadas para comprobar si el carril había sido manipulado con maquinaria o dañado mediante sustancias corrosivas han dado resultado negativo. Con esos análisis, los investigadores alejan la posibilidad de una intervención externa y refuerzan la idea de un fallo relacionado con el estado de la infraestructura.

Dudas sobre la inspección de soldaduras

El informe, siempre según el citado medio, incorpora además otra cuestión que puede resultar relevante en el desarrollo del caso. Los agentes han detectado dudas sobre la capacitación de los inspectores que revisaron las soldaduras en la zona de Adamuz. En concreto, se pone el foco sobre si cumplían o no con el requisito mínimo de experiencia exigido para ese tipo de tareas, fijado en dos años.

Ese aspecto no está cerrado y seguirá siendo examinado en el marco de la investigación. La cuestión no es menor, porque puede afectar a la fiabilidad de los controles previos realizados sobre la vía y, por tanto, a la capacidad del sistema para anticipar un fallo crítico. Si se confirma que quienes realizaron esas inspecciones no reunían la formación o experiencia requeridas, la investigación podría ampliarse más allá del estado del carril y alcanzar también los procedimientos de supervisión y mantenimiento.

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