La lucha feminista ha conseguido durante las últimas décadas una gran serie de logros y avances en favor de las mujeres. No obstante, en el tiempo presente, aún quedan retos por enfrentar, como bien es la brecha salarial y las condiciones laborales igualitarias; una realidad en la que el trabajo ha sido incansable, pero en el que aún la balanza no se ha equilibrado del todo.

La frustración laboral femenina es palpable en términos generales y también concretos, debido a que, en los puestos de mando, independientemente del sector laboral que se trate, imperan con mayor peso el género masculino y, por otro lado, en aquellas labores más feminizadas, la precariedad marca el paso.

Los datos de la Guía del Mercado Laboral 2026 elaborada por el grupo Hays ponen de manifiesto que la brecha no sólo es evidente en términos de acceso a puestos de responsabilidad o en materia de remuneración, sino también en aspectos invisibles como las expectativas de futuro, el reconocimiento laboral o profesional y la propia conciliación.

En lo que respecta a las altas esferas de dirección, el 88% de los puestos ejecutivos están ocupados por hombres y, en detrimento, el 12% por mujeres; una tendencia que contrasta con la entrada a la plantilla, debido a que el 58% de los puestos junior son de mujeres, pero, a medida que escalan los cargos de mando y responsabilidades, la presencia femenina va en decrescendo.

Bajo el mismo marco, la distinción en las remuneraciones también va marcando el paso de esta brecha: el 88% de los trabajadores que ganan más de 100.000 euros anuales son hombres, lo que se traduce, según el estudio, en “un impacto directo en la percepción del desarrollo y crecimiento profesional”. Sosteniéndose en más cifras, la brecha salarial entre hombres y mujeres se sitúa en 5.158 euros anuales, un 20% en términos porcentuales, según un informe elaborado por el sindicato CCOO.

Teniendo sobre la mesa estas dos claves, entran en juego los factores invisibles a simple vista: la desmotivación y una proyección incierta a futuro. Tan sólo el 36% de las mujeres cree que su salario concuerda con el trabajo que realiza -frente al 64% de los hombres-; un nivel que condiciona directamente a su motivación, confianza y desarrollo profesionales.

Bajo la misma premisa, únicamente el 36% de las mujeres se refiere como “optimistas” con respecto a la economía frente al 63% de los hombres, lo que refleja una “confianza más limitada del talento femenino” en su evolución dentro del mercado laboral que, al tiempo, se suma a los aspectos de mayor desigualdad y niveles más acuciados de precariedad salarial.

La educación financiera, clave en la lucha contra la brecha salarial

Una de las claves para estrechar cada poco a poco la brecha salarial entre hombres y mujeres se sitúa, precisamente, en el ámbito educativo, pero no cualquiera de ellos, sino el referido a la gestión de las finanzas.

En la Encuesta de Competencias Financieras, estudio elaborado por Plan de Educación Financiera, en colaboración con el Ministerio de Economía, el Banco de España y la CNMV, muestra la evidencia en las diferencias de nivel de conocimientos financieros entre hombres y mujeres, siendo el sector femenino el que responde correctamente en un 48% de las preguntas realizadas.

No obstante, cabe matizar que es una realidad que no solo se refiere a España, sino al conjunto de la zona euro según desprendió el Eurobarómetro de 2023, en el que el 25% de los hombres declaró tener un alto nivel, frente al 13% de las mujeres encuestadas. Así, uno de los factores de influencia radica en la autoconfianza profesional, situándose las mujeres como más prudentes, adversas al riesgo y a reconocer incertidumbre en una respuesta.

¿Cómo afrontar esta situación con valores feministas?

En aras de asimilar una realidad que llevará tiempo a que se convierta en equitativa, la vía de actuación ha de ser feminista, pero los datos oficiales y actuales muestran un camino que también se percibe arduo para continuar la senda de movilizaciones.

En este punto, según desprende el Barómetro de Juventud y Género 2025, muestra los estereotipos con los que se entiende a las mujeres y a los hombres en el ámbito laboral. Las primeras, tienden a definirse como sensibles, tiernas, atentas, comprensivas y estudiosas; mientras, los segundos, como fríos, poco empáticos, agresivos, individualistas, egoístas o dinámicos.

Así, entran en juego a su vez las profesiones asociadas al género, tendiendo a considerar el sector sanitario como más femenino (28,3%), pese a que sectores como ciencia, informática, empresas o ingenierías son relacionados con lo masculino. En términos generales, ellas presentan una visión más igualitaria, mientras que ellos tienen a pensar antes en los estereotipos arraigados socialmente.

El 44,2% de las mujeres también aducen sentir presión por lograr el éxito laboral o académico, mientras que el 37,7% de ellas también sobre ganar dinero. A la contra, los hombres sienten esta presión social sobre el liderazgo en un 19,4%.

En busca de la igualdad entre hombres y mujeres, el estudio sitúa a su vez que el 51,7% de los encuestados piensa que las mujeres llevan aún todo el peso del trabajo doméstico y que el 45,6% de las mujeres tienen que esforzarse más que los hombres para demostrar su valía en un mismo puesto laboral.

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