Desde cursos para “curar” la homosexualidad hasta terapias para “reconciliarse con el hijo abortado”. Un sinfín de ominosas prácticas llevadas a cabo por el obispo Reig Pla, firme defensor del legado más conservador y retrógrado de la Iglesia.

En ElPlural.com hemos ido desvelando las interioridades y excentricidades del prelado, contrario a las charlas en los colegios que fomentan la diversidad y la inclusión del colectivo LGTBIQ+ y de la conciencia feminista. El polémico obispo de Alcalá de Henares que en su día saltó a la fama por crear las “brigadas callejeras en favor de la virginidad”, continúa siendo uno de los personajes públicos más prolífico en la búsqueda de los valores morales y tradicionales instaurados por la fe.

Charlas, reuniones, campamentos e incluso cuadrillas callejeras. Ahora, Reig Pla también trata de imponer su doctrina a través de los libros. Encargado de escribir el prólogo de El abuso sexual de la Iglesia Católica (Homo Legens), el prelado no cesa en su ímpetu de luchar frente a “la libertad que está en contra de libertad”.

“Al dejar de apoyarse en Dios, estos principios de moralidad (los transmitidos por la doctrina cristiana como sagrados) pasan a ser considerados como opiniones al lado de otras opiniones que deben -según la cultura dominante- respetarse en una sociedad libre donde impera la tolerancia”, alega, afirmando que “los generadores de opinión” se sirven de toda su maquinaria para “abolir todas las normas referidas a la ética sexual”.

Pero no se queda ahí. Haciendo alusión a los talleres o charlas que reciben los españoles (“la mal llamada educación sexual”), dice que “tenían como objetivo acabar con la condición binaria varón-mujer e introducir los derechos de la orientación sexual”. Es más, haciendo retrospectiva, Pla considera que fue la Revolución del 68 el germen en el que se deconstruyó la propia persona, “desvinculándola del propio cuerpo y promoviendo una crisis antropológica como no se había conocido hasta ese momento”.

A ojos del obispo, tras la caída del muro de Berlín, segunda fecha utilizada para reconstruir el contexto que ha conducido a la instauración del “individualismo” de “la revolución sexual”, la izquierda vio que el comunismo había fracasado, por lo que decidió abrazarse a las “minorías disidentes y los lobbys que estaban surgiendo en torno a los feminismos ideológicos y al lobby gay […] una liberación sexual que quiere propiciar la misma pedofilia”.

Después de divagar largo y tendido sobre la pérdida de valores de la ciudadanía, Reig Pla aborda el foco del libro: los abusos sexuales de la Iglesia. “Es evidente que las estadísticas apuntan mayoritariamente a personas inclinadas y proyectadas en su sexualidad hacia el mismo sexo que practican buscando a niños y adolescentes”, dice, antes de añadir que es una lacra que se cura con “oración, arrepentimiento, espíritu de verdadera conversión, amor, justicia y reparación […] Al mismo tiempo hay que tomar las medidas preventivas que haga falta, cumplir con la justicia -se trata, no solo de un pecado, sino también un gravísimo delito-, reparar y cooperar”.

Palabras que, más allá del paroxismo de sus afirmaciones y sus continuos ataques a la “perversión” del colectivo LGTBIQ+, se esfuman con el viento. Más si cabe cuando habla de cooperar con la Justicia. Merece la pena recordar que sus asesores en ‘Sexólicos Anónimos’ prestaban apoyo y reconversión incluso a pedófilos que hablasen del pecado cometido: "Aquí no se desecha a nadie que tenga un problema de esta índole, sea lo que sea", sostuvo Pedro bajo el amparo del obispo de Alcalá de Henares. A este respecto insistió en la necesidad de tratar la pornografía infantil  "con cierta precaución". "No lo puedes decir", nos recomendó.