Son muchas las secuencias que se han rodado en el cine sobre los antojos durante el embarazo, esas ganas irresistibles de las mujeres gestantes de comer un alimento en particular.
Sin embargo, dejarse arrastar con frecuencia por este tipo de 'caprichos' entraña riesgos, pues la alimentación durante la gestación está asociada a la programación metabólica, neuropsicológica y de la motivación alimentaria de los hijos.
"La gestación comprende una etapa de gran plasticidad para la madre y la futura descendencia", expone la Dra. Roberta Haddad Tovolli, investigadora principal del equipo de Neuroplasticidad y Entorno Materno, del Laboratorio de Control Neuronal del Metabolismo (NeuCoMe), en el Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (IDIBAPS), que advierte de que "los comportamientos alimentarios y las adaptaciones neurobiológicas maternas tienen un impacto que va más allá del índice de masa corporal o de la ganancia de peso gestacional".
La mujer durante el embarazo experimenta cambios neurobiológicos que pueden modificar el comportamiento alimentario, el sistema de recompensa, pero que, además, "condicionan a la descendencia y facilitan la aparición de alteraciones metabólicas y de conducta”, explica.
Así, relata que, tal y como se ha podido estudiar en modelos animales, durante la gestación se producen una serie de alteraciones de neuroconectividad en el cerebro que explican la aparición de antojos, basados en el interés por alimentos ricos en grasa y azúcar, y estos pueden predisponer al futuro hijo o hija a desarrollar alteraciones metabólicas, conductuales y neurológicas.
Aunque hay distintas hipótesis sobre el desarrollo de antojos durante el embarazo, los resultados del grupo de investigación del IDIBAPS sugieren que son una estrategia evolutiva para asegurar un aporte energético suficiente en un periodo de alta demanda metabólica. “En nuestro estudio en modelo animal, hemos demostrado que durante el embarazo hay una reorganización funcional de la conectividad cerebral que afecta a componentes clave del circuito de recompensa, especialmente neuronas que expresan receptores dopaminérgicos D2 en el núcleo accumbens”, detalla la Dra. Haddad.
Ese cambio neuroplástico aumenta el valor motivacional de alimentos altamente palatables, lo que puede facilitar episodios de antojo frecuentes e intensos. "Los antojos tienen una carga cognitiva y motivacional, no solo fisiológica, lo que explica por qué se buscan alimentos específicos y no simplemente comida en general”, subraya.
Estos científicos han observado que madres que presentan episodios recurrentes de antojos por alimentos altamente palatables durante el embarazo tienen descendencia con mayor peso corporal, alteraciones en la intolerancia a la glucosa y mayor vulnerabilidad a trastornos de la conducta alimentaria y ansiedad en la edad adulta.
"Los resultados indican un mecanismo de programación intergeneracional, donde la conducta alimentaria materna afecta el entorno intrauterino, posiblemente por cambios hormonales, neuroendócrinos y neuronales, que impacta en los sistemas metabólicos y de conducta del feto, que condiciona la susceptibilidad a trastornos metabólicos y neuropsiquiátricos”, resume Haddad, al tiempo que avanza que actualmente están investigando las bases moleculares de estos mecanismos.
Aunque la investigación en humanos aún es limitada, esta experta alerta de que los datos preliminares invitan a anticipar que “los antojos por alimentos ultraprocesados, ricos en azúcares y grasas, son especialmente preocupantes”. "Su consumo recurrente durante el embarazo no solo aumenta el riesgo de ganancia excesiva de peso y diabetes gestacional, sino que puede alterar el desarrollo cerebral del feto y su respuesta futura a estímulos alimentarios", avanza., añadiendo que, clínicamente, "sería importante monitorizar no solo la ocurrencia de los antojos, sino el tipo de alimento, la frecuencia de consumo y si estos implican un patrón de alimentación desordenado o compulsivo”.
Para combatir este problema, la investigadora señala la importancia de acompañar a las mujeres embarazadas con información clara y apoyo emocional. A su juicio se debe invertir en medicina preventiva, explicar el fenómeno de los antojos y diferenciarlo del hambre fisiológica. “No se trata de prohibir, sino de entender el origen de estos impulsos y ofrecer alternativas saludables que también generen placer”, precisa la Dra. Haddad, quien también expone la necesidad de “integrar la dimensión neurobiológica y motivacional de los antojos en la consulta obstétrica o de nutrición, y fomentar hábitos alimentarios equilibrados antes y durante el embarazo".
En este contexto, esta experta aboga por considerar la gestación como una "oportunidad preventiva", que hay que aprovechar para "educar, acompañar, motivar, y diseñar estrategias adaptadas que permitan reducir ese riesgo latente, tanto para la madre, como para las próximas generaciones”.
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