Nueve de cada diez niñas afirman que los fenómenos relacionados con el clima, como las sequías, las inundaciones o las olas de calor, están ejerciendo una fuerte presión sobre la supervivencia, la salud y la estabilidad de sus familias. La crisis climática no solo está destruyendo hogares e infraestructuras, sino que también está interrumpiendo la educación y el acceso a los servicios de los que dependen las niñas, especialmente aquellas que se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad. Todo ello incrementa el riesgo de matrimonio infantil, embarazos no planificados y violencia.
Así lo revela el último informe sobre el Estado Mundial de las Niñas 2026, presentado hoy por Plan International en Barcelona. La investigación combina un análisis de datos de salud y clima de 52 países de ingresos bajos y medianos durante tres décadas con una encuesta realizada a 5.000 niñas y mujeres jóvenes, además de entrevistas en profundidad y grupos focales con otras 139 participantes de Bangladés, Kenia, Perú, Senegal y Zimbabue.
Entre los principales resultados, el informe señala que una de cada diez niñas ha experimentado personalmente un embarazo no planificado como consecuencia de un fenómeno relacionado con el clima, mientras que el 33 % asegura haber observado un aumento de estos embarazos en su comunidad. Asimismo, el 36 % afirma haber visto crecer el número de niñas casadas o en unión antes de los 18 años como consecuencia de desastres relacionados con el clima. La interrupción de la educación también tiene consecuencias directas: las niñas que han dejado de estudiar tienen el doble de probabilidades de casarse a una edad temprana o de enfrentarse a un embarazo no planificado.
. Las familias piensan en las dificultades económicas de las inundaciones y casan a las niñas a una edad temprana
Los fenómenos climáticos también están teniendo un impacto directo sobre la salud y la seguridad de las niñas. Más de tres cuartas partes de las participantes aseguran que cada vez más niñas y mujeres jóvenes de sus comunidades tienen dificultades para acceder al menos a un servicio de salud, una cifra que asciende al 84 % entre quienes se han visto afectadas por la sequía.
Casi la mitad de las niñas encuestadas, el 49 %, ha observado un aumento de las complicaciones relacionadas con el embarazo o el parto, incluidos los abortos espontáneos, como consecuencia del impacto climático. Además, casi una de cada cuatro afirma que acceder a atención médica durante el embarazo y el parto se ha vuelto más difícil.
Las participantes también alertan de un mayor riesgo de explotación sexual tras los fenómenos climáticos, incluida la presión para intercambiar sexo por dinero o por necesidades básicas, a medida que se debilitan los sistemas de protección y las redes de apoyo. A ello se suma el peligro en los refugios de emergencia, donde el hacinamiento y la falta de iluminación pueden aumentar la exposición al acoso y la violencia sexual.
Más de una cuarta parte de las niñas, el 28 %, asegura haber observado un incremento de la violencia contra mujeres y niñas después de fenómenos climáticos extremos.
"Cuando las inundaciones dejan a la gente completamente indigente, las familias piensan en las dificultades económicas y casan a las niñas a una edad muy temprana", dijo Shahina, de 19 años, de Bangladés. Las participantes del estudio describieron casos de niñas que quedaban embarazadas a los 12 y 13 años en Perú, mientras que en Zimbabue se señalaron embarazos entre niñas que todavía cursaban la escuela primaria y los primeros años de secundaria.
La crisis climática también condiciona en la continuidad educativa
Detrás de muchas de estas consecuencias existe una realidad especialmente preocupante: los fenómenos climáticos están sacando a las niñas de las aulas. Cuando su educación se interrumpe, pierden uno de los principales factores de protección y se vuelven significativamente más vulnerables a la explotación, la violencia, el matrimonio infantil y la pérdida de acceso a los servicios de salud.
El análisis de los datos de 52 países durante tres décadas confirma que la continuidad educativa es el factor de protección más consistente frente al matrimonio precoz y la violencia.
Las niñas que viven en comunidades en situación de exclusión afrontan, además, un riesgo mayor. Tienen el doble de probabilidades de experimentar dificultades para acceder a servicios, casi el triple de probabilidades de sufrir un embarazo no planificado y más del doble de probabilidades de enfrentarse a presiones para casarse a una edad temprana.
"Para las niñas, la crisis climática no es una amenaza lejana. Ya está interrumpiendo su educación y aumentando los riesgos que enfrentan cuando no pueden acceder a servicios de salud. Solo la mitad de los planes climáticos nacionales mencionan la salud de las niñas o las mujeres, y a pesar del creciente impacto de los fenómenos climáticos extremos en los sistemas sanitarios de los que dependen las niñas, apenas el 0,5 % del financiamiento climático multilateral respalda la salud. Las voces de las niñas deben tener un peso significativo en las decisiones que dan forma a sus vidas, y sus necesidades deben integrarse en la política y financiación climáticas desde el inicio", dijo Virginia Saiz, directora ejecutiva de Plan International en España.
La investigación identifica también un impacto climático que, según Plan International, está prácticamente ausente de la planificación ante desastres: la sequía progresiva, cuyas consecuencias se acumulan de forma silenciosa a lo largo del tiempo.
El análisis realizado en 52 países durante tres décadas muestra que la sequía prolongada es el fenómeno más consistentemente asociado al aumento de las tasas de matrimonio infantil y las uniones tempranas. Cuando las familias pierden cosechas, ganado e ingresos durante meses o incluso años, casar a una hija puede llegar a convertirse en una estrategia de supervivencia.
"Mi padre no tiene ganado que vender para llevarme a la universidad, así fue como acepté que me casaran", dijo Galgalo, una participante de 22 años de Kenia.
Las niñas no pueden seguir quedando en segundo plano
Los resultados muestran que los desastres climáticos agravan las desigualdades existentes y aumentan los riesgos para la salud, la seguridad y el bienestar de las niñas. En Perú, las inundaciones recurrentes provocadas por El Niño —que este año se espera que supere todos los niveles previos de intensidad— interrumpieron el acceso a servicios de salud, cortaron rutas de transporte y aumentaron la presión sobre familias que ya se encontraban en una situación de dificultad.
Ante la próxima COP31, Plan International reclama a gobiernos y donantes que mantengan las escuelas abiertas y gratuitas durante los impactos climáticos, dado que la educación es el factor protector más consistente identificado en tres décadas de investigación. La organización también pide destinar parte de la financiación para la adaptación climática a la salud de las adolescentes, incluidos los servicios de salud sexual y reproductiva, la anticoncepción y la atención a la maternidad.
Asimismo, reclama que los productos menstruales, la anticoncepción y los servicios de protección formen parte de los paquetes de respuesta de emergencia desde el inicio y que estas medidas lleguen especialmente a las niñas más excluidas, entre ellas aquellas con discapacidad y las que ya han sido desplazadas, que afrontan mayores barreras y reciben menos apoyo.
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