La vocación médica que se despertó en la juventud de Carlos de la Torre le llevó a querer enfocarse en el ámbito de la cirugía. Si bien, fue el mundo pediátrico el que llegó a él de manera inesperada, pues mientras se formaba, no se sentía un predilección concreta por dedicarse a los adultos o los niños. Recuerda a un mentor al que dice guardar gran cariño, fue él quien le aconsejo adentrarse en la medicina dedicada al área infantil. A día de hoy, agradece enormemente ese empujón y, tras años de experiencia, como bien dice, "por los niños merece la pena todo". 

Así, este cirujano describe que una de las mayores gratificaciones que le deja su labor sanitaria es devolver la infancia a un niño cuya enfermedad le está condicionando en gran medida. Carlos de la Torre se sintió motivado a entrar en los quirófanos al no hallarlos como un ejercicio individualista del cirujano, sino por verse envuelto en un equipo que, al unísono, trabaja por cambiar la vida de una persona.

Desde hace más de una década, esa visión de devolver la ilusión por la vida a todo aquel al que opera la desarrolla no solo en España, sino también en África, donde ha acudido en numerosas ocasiones a realizar intervenciones quirúrgicas de forma altruista. Carlos de la Torre es, además, uno de los fundadores de la Asociación de Cirugía Pediátrica, una entidad que no solo busca hacer más llevadero el día a día de aquellos niños y familias que se ven ingresados en un hospital, sino que también trabaja por seguir llevan la sanidad a zonas muy necesitadas en el continente africana.

Hoy, el cirujano atiende a ElPlural.com, para contar cómo son estas misiones humanitarias. El 2025 lo acabó acudiendo junto a su asociación a Togo, donde lograron operar a casi 150 niños.

P: Debe de haber una gran diferencia entre los medios que encontrareis en África para operar respecto al día a día como cirujano en España. ¿Cómo son vuestros días allí? ¿Cuál es la realidad de operar en aquellas zonas?

R: Nuestras misiones llegan a áreas rurales muy desfavorecidas, países de extrema pobreza. Si bien, es cierto que acudimos a centros sanitarios donde, contando con una sala que esté acondicionada, nosotros podemos empezar a funcionar. Ahora bien, las operaciones requieren un mínimo de infraestructura, de aire acondicionado o iluminación, por ejemplo. Esto algunas veces hay, algunas veces no, pero estamos preparados, mientras nos faciliten el oxígeno para el paciente, nosotros podemos trabajar pues acudimos allí con nuestros monitores, máquinas de anestesia para gases, medicación, bisturís eléctricos...

En este sentido, cada año vamos consiguiendo reunir más material con el que viajar, por lo que, poco a poco, estamos logrando que solo sea necesario que nos presten un espacio físico, que a partir de ahí nosotros nos encargamos.

Aquí entra en juego otro elemento importante en el quirófano: la electricidad. En muchos lugares de allí es inestable. Para iluminarnos llevamos, por si acaso, frontales como los que te llevas a la montaña a correr, pero si tarda mucho en volver la luz después de una caída ahí dependemos de generadores que vayan por gasolina

 

Al final, estamos en zonas de bajos recursos, incluso cerca de zonas de selva o jungla, por lo que hay tanto humedad como insectos o animales que pueden entrar en el quirófano. En este contexto no puedes controlarlo todo al 100%, pero aún así tenemos medidas de higiene muy exquisitas y los centros ponen mucho de su parte, por lo que en la experiencia que tengo, no hemos vivido nunca situaciones de complejidad operando, en este sentido. 

P: La diferencia de realidades debe de ser impactante. ¿Qué es lo que encontráis allí? ¿Cómo es vuestra relación con la gente que tratáis? ¿Qué impresiones os dejan los días que pasáis en las zonas en las que actuáis? ¿Cómo es la vuelta a casa?

R: Para nosotros es muy satisfactorio el ir ahí y ayudar a gente que de otra forma, pues no, no podría. La sanidad es pública en estos países, pero bueno, al final necesita un recargo y un dinero, pues que muchas poblaciones no pueden asumir y, por eso, no se operan. Cuando hacemos las campañas quirúrgicas se publicitan las semanas de antes en algunas poblaciones y se avisa que son gratis, pues, aún así, a veces incluso la gente va con cierto grado de sospecha, no saben muy bien si es cierto, si no es cierto. Les cuesta confiar, pero también es que son poblaciones muy dañadas por la situación vital que afrontan, su realidad es bastante compleja.

Cuando acudimos allí no operamos y fuera, buscamos establecer un ambiente cercano, nos relacionamos con las familias que, al final, muestran un agradecimiento enorme. Quizás la comunicación verbal no sea fluida, pero la mirada, las manos, muestran mucho. Para ellos es también complicado, al igual que en España, ningún niño quiere tener que operarse ni sus padres que lo pase mal. Es por ello que, a veces, la desconfianza previa que mencionaba, la dificultad en la comunicación y hasta un poco de factor racial complican un poco el proceso, pero al final logramos tener un vínculo con ellos, se tranquilizan y todo se vuelve muy humano. 

Esa parte del proceso también la ves como bonita después, conseguimos que la vida de muchas familias cambie sin que ellos lo esperaran.

 

P: Cuando aterrizáis en lugares como Gambia o Togo intentáis ayudar al mayor número de niños posible. ¿Cuál es vuestro ritmo de operaciones mientras estáis sobre el terreno?

R: Los días son muy intensos, desde la organización previa cuando contactas con los hospitales de estos lugares y comienzas a reunir tanto material como patrocinadores que impulsen el proyecto. Las misiones que llevamos a cabo son diez días frenéticos en el que nosotros mismos hacemos todo el transporte de material hasta realizar todas las operaciones.

La llegada al hospital es siempre uno de los días más fuertes, por así decirlo. Tienes que hacerte rápidamente a un sitio nuevo, ver a la gente, conocerla, tratar de comunicarte algo que muchas veces se complica un poco, ya que, aunque son países que cuentan con el inglés o francés como idioma oficial, tienen sus idiomas locales y dialectos y son lo que con lo que se manejan. Una vez que has conseguido ya empezar a rodar nos gusta mucho trabajar con el personal local, hacerles partícipes y que se vean incluidos en esta misión. Así, una vez hemos conseguido rodar un poco empiezan los días de trabajo y, bueno, eso es intensidad máxima.

Intentamos aprovechar lo máximo posible las horas de luz. Al amanecer pronto, empezamos lo antes posible. La idea es que a las ocho u ocho y media de la mañana ya estén pasando los primeros niños a operar y, a partir de ahí, estirar todo lo que podamos estirar el día con paradas mínimas.

A veces ni paramos a comer, ya comeremos cuando tengamos tiempo... El ritmo de trabajo es frenético pero sin perder la compostura y la normalidad, pues aunque vayamos ágiles respetamos los tiempos de quirófano

 

Intentamos trabajar hasta que acabamos con la lista programada para ese día, para ello apuramos el máximo que nos dé nuestra energía de ese día, a veces hemos acabado a las seis de la tarde, a veces ocho de la tarde, más o menos. Nuestras misiones se basan en operar hernias y tumoraciones, las hernias inguinales es una intervención sencilla y frecuente, más o menos, en nuestro país. No obstante, el volumen, el tamaño de las hernias inguinales que padecen los niños en África es muy grande y, aunque es una intervención que podemos catalogar como relativamente fácil, el impacto social de la hernia en África es muy grande. 

Para hacerse una idea, un niño africano con una hernia de la ingle en ocasiones experimenta un crecimiento de esta afección que, en adulto, puede tener un tamaño que le llegue hasta a la rodilla. Esto hace que sean personas que no pueden trabajar o no pueden ir a la escuela, no pueden hacer sus actividades. Se rompe mucho la dinámica social, si bien nosotros podemos resolverlo con una operación que puede ser de 15 minutos o media hora. Se solucionan muchos problemas del futuro tanto a esa persona, niño o niña, como a la sociedad del mañana.

Nuestro equipo funciona con solidez. Mi cálculo suele ser operar a 10 niños por mesa quirúrgica al día, es decir que si tenemos tres mesas quirúrgicas logramos intervenir a, más o menos, 30 niños por jornada, a veces no tenemos 3 mesas y son 2, entonces suelen ser unos 20-25 niños por día más o menos

 

P: ¿Cómo conseguís alcanzar la calma que se requiere en el quirófano cuando llegáis a entornos desconocidos como estos? ¿Sentís presión de no dejar a nadie atrás en el limitado tiempo con el que contáis?

R: Estás fuera de tu medio de confort, es una situación hostil, por así decirlo, y no tienes todas las facilidades ni todos los medios. No obstante, más que por esto, la presión llega más muchas veces el sentir que no vas a poder ayudar a todos los niños que hay allí porque es imposible, no tienes más manos ni medios. Por ello, hay evadirse un poco centrándose en un número, pero, claro, siempre es difícil dejar niños atrás.

 

P: Pasaste de formar parte de Cirujanos en Acción a formar junto a un equipo la Asociación de Cirugía Pediátrica. ¿Cómo se dio pie a este proyecto humanitario del que hoy eres uno de sus líderes?

R: El proyecto de la Asociación de Cirugía Pediátrica surgió en el 2022, después de una campaña humanitaria en Gambia. Nuestra idea era montar una especie de plataforma desde la que poder cumplir varios objetivos que los fundadores de la asociación teníamos como muy presentes: la cooperación humanitaria internacional, la formación a especialistas de cirugía pediátrica en ciertas áreas concretas y hacer más visual algunas enfermedades del tórax en los niños. También humanizar los hospitales con actividades para niños ingresados o niños que tienen algún familiar en un centro sanitario.

Previamente, yo había formado parte de Cirujanos en Acción y participado en muchas de sus campañas. Si bien, las operaciones eran tanto para niños como para adultos. Eran equipos que se formaban con personal de diferentes hospitales de España y, para 2022, desde Cirujanos en Acción me pidieron organizar una campaña exclusiva pediátrica, ese fue el principio que dio lugar a esto, el germen de la Asociación de Cirugía Pediátrica. 

En este tiempo hemos desplegado, además de las actividades en hospitales españoles, dos campañas internacionales y en cada una hemos logrado atender a más de 100 niños con 130-150 procedimientos hechos en esos países

 

P: ⁠⁠¿Hay más países en otros continentes en los que estéis trabajando? ¿Cómo esperáis que evolucione este proyecto humanitario?

R: África, por el momento, siempre necesita una enorme ayuda. Ahora bien, es cierto que el sureste asiático es una zona con necesidad de recursos, algunas partes de Asia, Sudamérica. Soy consciente de que hay campañas internacionales, aunque son diferentes al objetivo que perseguimos. El elevado volumen de natalidad que hay en África trae consigo un gran número de patologías como las hernias que es casi único en el mundo. Por ello, hay que estar allí.

Si nos quisiésemos plantear otro tipo de misiones, otro tipo de campañas, ahí, muchas veces son los hospitales o los centros sanitarios los que hacen la llamada de alerta. Si recibiésemos alguna de algún hospital en otro área y pensamos que podemos ser de ayuda para esas zonas, todo sería plantearlo. Eso siempre está sobre la mesa, siempre abiertos a otras áreas geográficas. 

Súmate a

Apoya nuestro trabajo. Navega sin publicidad. Entra a todos los contenidos.

hazte socio