En el año 2018, alguien publica una fotografía en un foro de 4-chan. En ella podíamos ver una estancia vacía iluminada por luces tenues, suelo enmoquetado y las paredes cubiertas de un papel pintado y amarillento. Junto a la imagen aparecía un texto que hablaba de un lugar al que podías acceder cuando “salías” de la realidad. Un lugar inmenso. Un laberinto sin principio ni final.

Esta idea causó fascinación en internet. Tanto es así, que en el año 2022 un adolescente de 16 años llamado Kane Parson marcó un antes y un después sin siquiera saberlo. Llevó el creepypasta al audiovisual con un cortometraje que no llegaba a los catorce minutos. Y para lograrlo empleó software gratuito.

La productora A24 no tardó en fijarse en este éxito viral y cuatro años después y con nombres como James Wan y Oz Perkins en la producción, le dieron a Kane Parson el poder de dirigir el largometraje de Backrooms, que está siendo un éxito en taquilla.

Hay algo atrayente en el concepto de las backrooms y es la curiosidad que despiertan. Las ganas de saber más, de buscar respuestas a algo que simplemente no las tiene. El quedarte atrapado en un lugar que a priori parece común pero que no lo es. Y a esto es a lo que se le llama terror liminal. Y esto no lo ha inventado Backrooms.

La palabra liminal viene del latín limen y significa umbral. Hace referencia a todo aquello que se encuentra en un estado de transición o en el límite entre dos estados, lugares o realidades, representando el punto donde algo deja de ser lo que era para convertirse en otra cosa.

Llevamos décadas viendo espacios liminales en el cine de terror. Por ejemplo, el Hotel Overlook de El Resplandor y sus largos pasillos o la enigmática Habitación Roja de Twin Peaks. Incluso el propio bosque de El Proyecto de la Bruja de Blair (1999) era un laberinto liminal, donde la sensación de mareo y el perderse se recrean perfectamente en Blair Witch, el videojuego del año 2019.

En Así en la tierra como en el infierno (2014), el found footage volvía a explorar estos espacios en las catacumbas de París. Lo que comienza como una expedición arqueológica, acaba convirtiéndose en la entrada del infierno, donde tus traumas y pecados quedan a la vista de todos.

Algo parecido sucede con el campo de vegetación que podemos ver en En la hierba alta (2019), adaptación de la novela homónima de Stephen King coescrita con su hijo Joe Hill. El campo funciona como un lugar que parece tener una fuerza cósmica capaz de alterar el tiempo y espacio, un laberinto de pastos altos que te atrapa en un bucle y te obliga a repetir distintas acciones, funcionando como una metáfora de las malas decisiones de sus personajes.

Aunque si hablamos de un título con una potente carga simbólica y metafórica, conviene mentar Vivarium (2019), quizá el más próximo al subtexto de Backrooms. Una pareja queda atrapada en una inmensa urbanización de casitas verdes. Allí, ese lugar les obligará a criar a un bebé que aparecerá llorando en la entrada. Un reflejo de como la sociedad te empuja a tomar determinadas decisiones y cómo acabas convirtiéndote en un autómata en tu día a día. Terror nihilista con estética de suburbios.

También en una casa transcurre Skinamarink (2022), un found footage de bajo presupuesto y muy experimental que recrea lo que sería la pesadilla de un niño en la que una noche se despierta y no están sus padres en casa. La casa se convierte en un lugar inquietante y cuya disposición interior es difícil de identificar. Desaparecen las ventanas, se oye el ruido del televisor y no parece que haya forma de salir. Cabe mencionar The Night House (2020), que da una vuelta al concepto de casa encantada jugando con los trampantojos que puede ofrecer el espacio y haciendo que las apariciones fantasmagóricas tomen forma a través de ellos.

Tanto en los videojuegos como en sus adaptaciones, el universo de Silent Hill nos traslada a un pueblo que va más allá del espacio y el tiempo y donde los personajes que ahí habitan no son más que las proyecciones de nuestros traumas. O en el caso de la del 2006, una realidad alternativa que funciona como purgatorio.

El año pasado se estrenó en cines Exit 8 (2025), película japonesa que convierte el pasillo de una estación de metro en el lugar donde enfrentarte a tus inseguridades. Basada en el videojuego de mismo nombre, hace al espectador partícipe a la hora de buscar las pistas que indican cómo salir de ese bucle.

En el apartado televisivo, es imposible ignorar Channel Zero (2016-2018). Y aunque todas sus temporadas han tenido algo de influencia en Backrooms, cabe destacar la segunda: No-End House, donde una casa devora a aquellos que entran en ella y lo hace transformándose en lo que más desean, convirtiéndose en un falso espacio de confort lleno de elementos inquietantes. También hay que mencionar la reconocida Severance (2022-2025), que aunque no sea de terror, esas oficinas blanco nuclear y sus montones de pasillos laberínticos convierten el espacio laboral en el reflejo de la tiranía corporativa y de cómo nosotros podemos ser nuestros mayores enemigos.

Backrooms, como en muchos de los títulos mencionados, emplea este misterioso y laberíntico espacio como una proyección de nuestra propia mente. Con escenas de metraje encontrado que nos evocan a la serie de Youtube del director, pero con un guion que se apoya en una trama de personajes, esta película abre las puertas a un fenómeno que, si bien no era nuevo, ahora parece que va a ser tendencia.

Y es que nada da más miedo que lo cotidiano, lo que parece común. Porque quizá cuando te percates de que algo no va bien, será demasiado tarde.

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