Games

Sara (@sarams23), la profesora que reivindica los videojuegos como historias que merecen ser contadas

Entre las clases, la edición de vídeos y su pasión por los juegos independientes, Sara ha encontrado en las redes un espacio para hablar de videojuegos, anime y cultura pop sin prejuicios

Entre las clases, la edición de vídeos y su pasión por los juegos independientes, Sara ha encontrado en las redes un espacio para hablar de videojuegos, anime y cultura pop sin prejuicios

Los videojuegos pueden ser mucho más que un entretenimiento: también cuentan historias, construyen personajes y crean vínculos emocionales. Esa es una de las ideas que defiende Sara (@sarams23), creadora de contenido que compagina su trabajo como profesora con la elaboración de vídeos sobre sus grandes pasiones. Su propuesta combina comunicación, cultura y análisis, sin dejar de lado los títulos independientes ni las reflexiones que surgen al otro lado de la pantalla.

«Yo soy profesora, trabajo pues ahora mismo en una academia de particulares, doy clases a adolescentes. Soy de secundaria, Lengua y Literatura, la más cansina», cuenta entre risas. La creación de contenido empezó como una afición cuando disponía de más tiempo libre, pero terminó convirtiéndose en otra de sus pasiones: «Ha unido dos cosas que me gustan mucho, que es la comunicación y un medio donde puedo al final hablar de todas mis cosas de nicho».

Detrás de sus publicaciones hay muchas horas de trabajo. Sara escribe guiones, graba y edita sus vídeos por su cuenta, siempre desde el teléfono móvil. «Todo lo que veis está editado», explica. Aunque reconoce que el proceso puede llegar a provocarle dolor de muñeca, ha perfeccionado tanto su método que la edición se ha convertido en su parte favorita del trabajo. Su contenido es, en buena medida, un ejercicio autodidacta, construido a base de tutoriales, referencias y práctica.

Su pasión por los videojuegos nació en casa. Con cinco o seis años recibió una Game Boy Color y creció viendo jugar a su madre, también aficionada y coleccionista. Uno de sus recuerdos de aquella época está ligado a Myst, un juego de puzles que veía disfrutar en PlayStation. Su madre se convirtió en un referente que todavía reivindica: «Te pueden encantar los videojuegos, no hace falta que seas como el prototipo de friki encerrado».

Sara defiende que hay videojuegos para todo el mundo, aunque reconoce que la industria también tiene aspectos que conviene cuestionar. Le preocupan las dinámicas diseñadas para prolongar las partidas y la apuesta por experiencias que priorizan las recompensas rápidas frente a la imaginación o la narrativa. «No me hace falta que me hagas un mundo gigantesco que está vacío, con siete mapas, pistas y guías, y luego la historia es absolutamente vacía», critica.

Por eso, los juegos independientes ocupan un lugar especial entre sus intereses. Para ella, las historias son una parte esencial de la experiencia, más allá de la habilidad o las mecánicas. «Lo que une a todos los fans de esta saga y de todas las demás muchas veces no es el “oh, qué pedazo de parry puedes hacer”, son las historias», sostiene. También considera que el videojuego ofrece posibilidades narrativas propias que no siempre se aprovechan cuando se adapta una obra de otro medio.

Su mirada como aficionada a la literatura le lleva a reflexionar sobre las dificultades de trasladar una novela o un videojuego a la pantalla. Cada formato tiene sus límites y recursos, pero también influye la interpretación personal de quien disfruta la obra. Los personajes y escenarios que imagina cada persona no siempre coinciden con los que aparecen en una adaptación. Por eso, incluso cuando una serie le gusta, puede echar en falta elementos del material original o sentir que algunas partes se han acelerado demasiado.

Esa conexión emocional se refleja en dos de sus títulos favoritos: Life is Strange y The Last of Us. Ambos la acompañaron durante una etapa complicada de su vida y dejaron una huella duradera. «Son juegos que les tengo mucho cariño, tanto porque son maravillosos como porque los jugué en ambos en una etapa un poco complicada de mi vida. Como que me ayudaron un poco a volver a animarme», recuerda. En su elección también pesa la posibilidad de rejugar sus historias y descubrir diferentes matices.

En redes sociales comenzó a publicar de forma regular en febrero de 2024, trasladando después sus vídeos a TikTok y YouTube Shorts. Ahora quiere dar el salto al formato largo de YouTube, donde podría profundizar en temas que apenas caben en sus publicaciones breves. También le gustaría regresar a Twitch, aunque reconoce que compaginar los directos con el trabajo no siempre resulta sencillo: «Creo que es mucho más complicado hacer stream que crear contenido». Aun así, valora especialmente el contacto directo con una comunidad que describe como «muy sana y muy respetuosa».

Con nuevos proyectos en mente, Sara continúa construyendo su comunidad sin perder de vista el equilibrio personal. «Al final mi equipo soy yo», explica, agradeciendo también el apoyo de su familia y su pareja. Su experiencia le ha enseñado que la constancia y la paciencia son importantes, pero también lo es cuidar la salud mental en un entorno digital que avanza a gran velocidad. Frente a la presión de seguir cada tendencia, reivindica la importancia de encontrar un ritmo propio y crear contenido que realmente conecte con los intereses de cada persona.

Su objetivo es seguir explorando nuevos formatos y compartiendo aquello que le apasiona, sin renunciar a las historias que la convirtieron en jugadora. Porque, para Sara, hablar de videojuegos no consiste únicamente en explicar cómo se juega, sino en reivindicar las historias, los personajes y las emociones que hacen que algunas experiencias permanezcan con nosotros mucho después de terminar una partida.

Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora