En 1847 se publicó una de las novelas más importantes de la literatura y que tiene como telón de fondo el amor más controversial de la historia. Emily Brontë y Cumbres borrascosas llegaron para quedarse y hoy, más de ciento setenta años después, esta novela sigue dando que hablar. Por supuesto, ahora vuelve a estar en boca de todos debido al estreno de esta nueva reinterpretación del libro protagonizada por Jacob Elordi y Margot Robbie, dirigida por la famosísima Emerald Fennell.

Pero, ¿y si por una vez dejásemos el foco puesto en la verdadera bonita historia de amor de esta novela? Un romance que crece entre la maleza, como esos pequeños brotes verdes que vemos en las aceras, saliendo adelante entre los adoquines, resistiéndose a la dureza y adversidad del ambiente. Así son Hareton y Cathy. Dos pequeñas almas atrapadas en un mundo lleno de venganza, malas intenciones e incluso crímenes humanos. Dos pequeños rayos de luz en la oscuridad que logran sobrevivir a pesar de que todo estaba en su contra. Si Heathcliff y Catherine representan todo lo que una relación romántica no debería ser, Hareton y Cathy demuestran que, no importa qué circunstancias te rodeen, nada justifica el egoísmo, la maldad y los actos malintencionados, y de esto último Heathcliff y Catherine saben bastante.

Te advierto de que, si eres de esas personas que romantiza la relación entre Catherine y Heathcliff y crees que lo suyo es un amor grandioso y verdadero, este artículo no es para ti. Y también te advierto de que si no has leído el libro todo lo que voy a comentar a continuación contiene SPOILERS y ya queda bajo tu decisión seguir leyendo o no.

Si buena parte de la obra se centra en contarte cómo se conocen Catherine y Heathcliff y cómo pasan a obsesionarse el uno con el otro hasta destruirse mutuamente, creo que pronto se capta el mensaje de lo que un amor no debería ser. Y, sobre todo, enseguida se nos coloca a Heathcliff como el verdadero villano de la historia. Un hombre que no tiene escrúpulos en desposar a alguien sólo para vengarse, en maltratar físicamente a una mujer y en utilizar a su hijo para conseguir un propósito y después dejarlo morir de una agónica enfermedad para sacar un beneficio propio. Y esta es tan sólo una pequeña parte de una larga lista de faltas que hacen que Heathcliff sea uno de los seres más despreciables del mundo literario. Ningún amor justifica ninguna de sus acciones.

Y esto me lleva a pensar en cómo la sociedad parece evitar hablar siempre de los otros grandes protagonistas de esta historia, quizá porque lo tóxico siempre ha vendido más. Pero, si has leído Cumbres borrascosas sabrás (y si no te lo explico yo) que más de la mitad de la novela se centra en Cathy, la hija de Catherine, y Hareton, su primo. Lo sé, lo de casarse entre primos ahora está fatal visto, pero en aquel entonces estaba a la orden del día. Ellos son los que logran sobrevivir al que quizá sea uno de los peores ambientes para crecer y criarse y, además, desarrollan un amor que es mucho más puro y bondadoso. Demostrando que las malas circunstancias y las adversidades no justifican ciertas personalidades, comportamientos y actos. Así como que la bondad y el buen carácter pueden encontrarse hasta en las situaciones más inhóspitas.

Eso sí, algo que siempre me da mucho placer cuando vuelvo a leer esta historia es saber que Heathcliff sufrió durante toda su vida por haber perdido a Catherine y que su tan elaborada y retorcida venganza le salió del revés. Pues no logró que Edgar Linton muriese como un miserable, ni tampoco consiguió destruir la vida de Hareton y Cathy. Sienta bien cuando cada uno tiene lo que se merece, ¿no?

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