Que las mujeres se hayan escondido durante años bajo pseudónimos masculinos para poder tener la oportunidad de publicar es algo que ya todas conocemos, pero poco se habla de aquellas mujeres a las que robaron sus obras para publicarlas en nombre de maridos, hermanos o padres que les robaban su trabajo y se enriquecían a su costa. Hoy vamos a hablar de una de esas mujeres, una que supo encontrar la manera de plantar cara a su marido y al sistema y que recuperó lo que era suyo por derecho propio. Hoy hablamos de Sidonie-Gabrielle Colette.
Colette nación con un carácter tenaz, aventurero y curioso, pero ese cóctel puede explotar si se mezclan las hormonas de por medio. Lo que en su caso dio lugar a tomar la impulsiva decisión de casarse con un hombre que iba a ser su verdugo. Henry Gauthier-Villars (que así se llamaba el elemento) fue un escritor de pacotilla y un crítico de música que cautivó a Colette (una adolescente loca por ver mundo) con palabrería adornada y aires de importancia. Teniendo en cuenta que él tenía quince años más que ella, y que Colette se moría por salir de casa y ser “libre”, a Henry no le hizo falta mucho para llevársela con él. Ella siempre le llamaría Willy.
Aquel desgraciado en cuestión tenía fama de ser uno de los hombres más libertinos de todo París y poco le duró la careta con su nueva y joven esposa. Colette descubrió muy rápido de qué pie cojeaba ese parlanchín de poca monta y no tardó en plantarle cara. Una de las pocas cosas buenas que hizo Willy fue introducirla en los altos círculos artísticos e intelectuales del momento. Este pseudoescritor era un intelectual de pega y, como muchos otros hombres en la historia, contrataba lo que por aquel entonces se llamaba negreros literarios para que escribieran por él las obras que luego publicaba. Pero como era un derrochador nato y estaba ahogado en deudas, no dudó en explotar a su propia mujer cuando descubrió el talento que esta tenía para la escritura. Fue así como nació una de las obras juveniles más famosas de Francia: Claudine à l’ecole. Esta serie de libros que narraban la historia de una joven colegiala en diferentes momentos de su vida desde el colegio hasta la adultez, estaban inspiradas en la propia vida de Colette y fueron un auténtico boom literario en el momento catapultando a Willy a lo más alto.
Por suerte para la historia de la literatura, Colette, harta de convivir con un marido estúpido, ladrón e infiel, empezó a desvincularse poco a poco de él. Aunque con los años su separación se haría real, Colette no perdió el tiempo mientras aún seguía siendo su esposa. Comenzó a hacer sus pinitos en el teatro actuando en pequeñas piezas y en music halls. Tuvo amantes, hombres y mujeres de alta cuna, hizo amigas y amigos importantes en el mundo de la escritura y se dedicó a vivir en carne propia una lucha que siempre estaría reflejada en sus obras, aquella de lo carnal sobre lo espiritual y, sobre todo, de la mujer sobre el hombre. Se divorció, logró que la última de las novelas de Claudine estuviese a su nombre y recuperó su autoría sobre las demás. Se casó hasta en dos ocasiones más y sobre todo se desarrolló como escritora. Escribía novelas, pero también escribía artículos en revistas y periódicos, así como guiones que luego se trasladaban a los teatros. Incluso la gran Audrey Hepburn interpretó a Gigi en la adaptación teatral de la famosa novela de Colette del mismo nombre.
Sidonie-Gabrielle Colette fue autora, actriz, presenció el lado más oscuro de los hombres, disfrutó del placer como nadie, vivió una guerra y fue la primera mujer en presidir la Academia Goncourt, recibió un funeral laico de estado y podéis visitar su tumba en el famoso cementerio Père Lachaise. Pero, por encima de todo, nos dejó un legado increíble y único. Sus obras más famosas internacionalmente son Chéri, Gigi, Lo puro y lo impuro y La vagabunda, aunque podéis encontrar otras obras de ella traducidas al español. Y si queréis conocer su vida de manera un poco más amena, os recomiendo encarecidamente la película Colette, de 2018 protagonizada por Keira Knightley. No os arrepentiréis.
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