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Hay algo difícil de explicar en escuchar a cientos de personas cantar una canción que escribiste a solas en tu habitación, especialmente cuando esas personas viven a miles de kilómetros de tu casa. Para Oney1, esa sensación ha dejado de ser una posibilidad remota para convertirse en una realidad. El rapero argentino acaba de vivir su primera experiencia europea, con paradas en Madrid y Barcelona, y todavía parece estar asimilando lo que significa que sus letras hayan llegado tan lejos. Que alguien en España conozca sus canciones, incluso sin saber dónde queda el barrio del que proceden, es algo que reconoce que se guardará para siempre.
Detrás de Oney1 está Jorge Emilio Torzullo, un joven de Castelar, en la zona oeste del Gran Buenos Aires, que encontró en el rap una manera de contar lo que le ocurría. Sus primeros pasos estuvieron vinculados al freestyle, las batallas de plazas y la cultura del grafiti. Como tantos artistas de su generación, creció mientras El Quinto Escalón transformaba las competiciones de improvisación en un fenómeno cultural capaz de dar forma a una nueva escena argentina. También fue en aquellos años cuando comenzó a desarrollar su identidad artística, primero a través de las rimas y después explorando la composición y la producción musical.
Con el tiempo llegaron proyectos como DCPC (De la calle para la calle) y, especialmente, C.A.P.S. (¿Cuántas Almas Puede Salvar?), publicado en mayo de 2025. Este último trabajo, ampliado posteriormente con una edición deluxe en 2026, representa una parte importante de su evolución. El rap continúa siendo su punto de partida, pero ahora convive con melodías, nuevas texturas y una mirada más introspectiva.
En conversación con Revista Bando, Oney1 reflexiona sobre esa transformación, sobre la música argentina que escuchaba cuando empezaba y sobre la escena de la que hoy forma parte. También habla de los artistas españoles que le interesan, de las colaboraciones que imagina y del nuevo disco que ya está preparando. Pero hay una idea que atraviesa casi toda la charla, y es que por mucho que cambien los escenarios, los países o el número de personas que escuchan sus canciones, su relación con la música sigue siendo profundamente personal.
De Castelar a Madrid
Oney1 todavía recuerda la extrañeza de encontrarse en Europa con personas que cantan sus letras como si hablasen de sus propias vidas. Al preguntarle qué sintió al comprobar que experiencias nacidas en un barrio argentino habían encontrado eco en Madrid, no intenta buscar una explicación demasiado elaborada. Le sigue pareciendo algo difícil de creer.
Yo creo desde mi barrio, desde mi cuarto, que dudo que esas personas que están cantando desde otros lados tengan noción o idea, o ni siquiera sepan cómo se llama mi barrio
Su paso por España ha supuesto además una nueva fuente de inspiración. No se trata únicamente de los conciertos ni de la respuesta del público. Y no ha sido un viaje dedicado exclusivamente a actuar. El artista confirma que durante su estancia ha aprovechado para trabajar en nuevas ideas y grabar material audiovisual. "Estuvimos creando algunas cositas, grabando algunos vídeos", adelanta, dejando abierta la posibilidad de que parte de lo que ha vivido en España termine apareciendo en sus próximos lanzamientos.
Esta conexión tampoco ha nacido con su primera visita. Oney1 lleva tiempo siguiendo de cerca la música urbana española, una escena de la que reconoce haber tomado referencias y con la que comparte inquietudes creativas. Entre los nombres que menciona aparecen Saske, Faenna, Ill Pekeño, Ergo Pro y Cruz Cafuné, además de otros artistas que forman parte de sus escuchas habituales.
Son incontables los que he escuchado y yo creo que con todos los que he nombrado me encantaría meterme alguna vez en un estudio o poder intercambiar algo
Con algunos ya ha tenido contacto creativo, aunque prefiere no concretar demasiado. Lo importante para él parece ser encontrar personas con las que compartir una misma manera de entender la música.
La trayectoria de Oney1 también permite comprender la transformación del rap argentino durante la última década. Lo que comenzó como una cultura desarrollada en plazas, batallas y pequeños círculos musicales ha terminado convirtiéndose en una industria capaz de proyectar artistas internacionalmente.
Tampoco comparte la idea de que el crecimiento haya fragmentado la escena. Pese a las diferencias entre generaciones y estilos, percibe una comunidad más cohesionada de lo que parece desde fuera.
Hay una unión verdadera. En muchos conciertos de colegas te cruzas con muchísimos otros artistas y siento que la escena está más unida que nunca
Hay una pregunta que atraviesa el universo creativo de Oney1 y que da nombre a uno de sus proyectos más personales: ¿Cuántas almas puedo salvar?. Un interrogante que podría interpretarse como una declaración de intenciones hacia su público, pero que parte de una experiencia íntima.
Porque antes de preguntarse cuántas personas puede ayudar con sus canciones, el artista tuvo que descubrir qué había supuesto para él encontrar la música.
"Yo creo que encontré lo que realmente me gustaba. He escuchado muchas veces a gente que no sabe para qué lado ir. Realmente, la música apareció de la nada en mí, sin haberlo buscado", reflexiona.
No habla de una transformación repentina ni construye un relato dramático sobre su pasado. Se refiere, sobre todo, a haber encontrado una dirección.
Siento que me salvó de eso, en el sentido de decir: "Esto es lo que yo quiero para mi vida".
La música también se convirtió en una forma de acompañamiento emocional. "Me ha salvado de muchos momentos tristes, ha sido mi compañera, y en muchos momentos felices me ha acompañado también".
Esa relación ayuda a entender por qué sus canciones encuentran espacio tanto para las barras más directas como para una vulnerabilidad que no siempre resulta habitual en los códigos del género.
Su faceta como productor le ha llevado a descubrir otros sonidos, desde el jazz hasta el R&B, el rock o el funk.
"Me gusta mucho el R&B, el pop... Alguna canción me llega y lo que menos pienso es de qué género es. Me llega y ya", explica. Su forma de escuchar música responde más a la curiosidad que a las etiquetas. También entiende esas exploraciones como una manera de aprender y ampliar sus recursos musicales.
Esa apertura aparece cuando imagina colaboraciones fuera de su entorno. Si pudiera elegir sin pensar en cifras, discográficas o repercusión, menciona a André 3000 como uno de esos artistas con los que le gustaría crear.
Hay muchas personas a las que llamaría para hacer una colaboración. Alguien así, algo bien loco
Después de C.A.P.S. y de una etapa marcada por los conciertos y los viajes, Oney1 comienza a preparar su siguiente capítulo. Y lo hace sin renunciar a publicar canciones mientras desarrolla un proyecto de mayor recorrido.
"Tengo muchos singles, muchos feats, muchas canciones sueltas ahí que están en la nada y creo que van a ir saliendo en cuanto tenga ganas y en cuanto se vaya dando", adelanta.
Al mismo tiempo, confirma que ya trabaja en un nuevo álbum con la vista puesta en 2027. Su intención es dedicarle tiempo y construirlo sin precipitarse.
Pero cuando la conversación llega a su futuro a largo plazo, las grandes ambiciones dejan paso a una respuesta mucho más sencilla. Si dentro de cinco años volviera a sentarse con Revista Bando, ¿qué le gustaría poder contar?
Me encantaría poder estar, realmente. Decir: "Ya hace cuatro años que estoy en la música, cinco años más van a ser nueve y todavía estoy acá". Y si estoy ahí es porque sigo haciendo las cosas bien.




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