Tras años de silencio discográfico, U2 ha reaparecido sin campaña previa y con un gesto que remite a su ADN más reconocible: convertir la música en comentario sobre el presente. El grupo irlandés ha publicado por sorpresa Days of Ash, un EP compuesto por seis temas que ya pueden escucharse en plataformas digitales y que dialogan con algunos de los focos de tensión política y social más visibles del panorama internacional.
Lejos de plantearse como un simple regreso nostálgico, el lanzamiento funciona como una obra breve pero cargada de intención. Las nuevas canciones recorren escenarios marcados por la violencia, la represión o la guerra: desde las redadas migratorias en Estados Unidos hasta las protestas en Irán, pasando por la invasión rusa de Ucrania o la situación en los territorios palestinos. Cada pieza adopta la forma de elegía, denuncia o reflexión moral, componiendo un mosaico sonoro de un mundo en crisis.
En un comunicado difundido junto al estreno, Bono explica que el reencuentro creativo de los cuatro miembros en el estudio durante el último año resultó especialmente estimulante. Sin embargo, subraya que el material de este EP no representa el espíritu del próximo álbum que preparan para finales de año. Según el cantante, estas composiciones exigían ver la luz de inmediato: nacieron como canciones urgentes, atravesadas por la desolación y la resistencia, mientras que el futuro disco buscará un registro más celebratorio. La lógica, sugiere, es clara: antes de recuperar la esperanza, toca mirar de frente a la oscuridad del presente.
Historias concretas detrás de cada canción
El recorrido comienza con American Obituary, una pieza que pone nombre propio al dolor. El tema está dedicado a Renee Good, una mujer asesinada por agentes del servicio de inmigración estadounidense durante una protesta en Minneapolis. La letra adopta el tono de una elegía contemporánea y juega con una estructura rítmica inspirada en la tradición del folk de protesta. El resultado es una apertura áspera que sitúa desde el inicio el marco político del EP.
La segunda composición, The Tears of Things, toma su título de un ensayo espiritual reciente y se construye como un diálogo imaginario entre Miguel Ángel y su escultura del David. A través de esa conversación simbólica, la canción reflexiona sobre el ciclo de violencia en Oriente Próximo y sobre cómo la ira prolongada puede deformar la condición humana. La idea de atravesar la rabia hasta alcanzar una forma de compasión atraviesa toda la pieza.
Con Song of the Future, el foco se desplaza a Irán. El tema recuerda a Sarina Esmailzadeh, adolescente asesinada tras participar en las protestas del movimiento Mujer, Vida, Libertad. La canción cuestiona el uso del discurso religioso como herramienta de poder y advierte sobre la tendencia a construir imágenes divinas que justifican la violencia en lugar de la misericordia. Musicalmente, combina contención emocional y un crescendo que refuerza su dimensión de homenaje.
El cuarto corte, Wildpeace, introduce una variación formal. No se trata de una canción convencional, sino de la musicalización de un poema del escritor israelí Yehuda Amichai, recitado por la artista nigeriana Adeola Fayehun. La pieza amplía el horizonte temático del EP al sugerir conexiones entre distintos conflictos geográficos, especialmente en el continente africano, mediante una interpretación vocal cargada de dramatismo.
La memoria vuelve a ocupar el centro en One Life at a Time, inspirada en un documental reciente sobre la realidad palestina. La canción está dedicada a Awdah Hathaleen, colaborador de la película asesinado en su aldea de Cisjordania. El título remite a una frase pronunciada durante su funeral y resume la tesis moral del tema: la historia cambia a través de decisiones individuales, una vida después de otra, para bien o para mal.
El cierre llega con Yours Eternally, probablemente el momento más íntimo del conjunto. El tema cuenta con la colaboración de Ed Sheeran y del cantante ucraniano Taras Topolia, conocido por su doble faceta musical y militar tras la invasión rusa. La letra adopta la forma de una carta marcada por la distancia de la guerra, mezclando afecto personal y contexto bélico en una despedida suspendida en el tiempo.
Más allá de su diversidad sonora, las seis canciones comparten una misma voluntad: señalar que la música popular aún puede intervenir en la conversación pública. La producción corre a cargo de Jacknife Lee, colaborador habitual del grupo, que apuesta por arreglos sobrios para dejar espacio al peso narrativo de las letras.
El batería Larry Mullen Jr. plantea una duda que funciona casi como declaración artística: publicar nuevas canciones solo tiene sentido si realmente aportan algo.
Desde sus primeros años, U2 ha mantenido una relación estrecha con el activismo y las causas humanitarias, colaborando con organizaciones internacionales y asumiendo posiciones públicas que no siempre estuvieron exentas de polémica. Days of Ash se inscribe con naturalidad en esa tradición: no busca neutralidad, sino implicación.
Un puente hacia lo que vendrá
El propio grupo insiste en que este EP es solo una estación intermedia. El álbum de estudio que preparan para finales de 2026 tendrá, según adelantan, un tono más luminoso. La secuencia parece deliberada: primero el duelo y la denuncia; después, la celebración y la posibilidad de futuro.
En cualquier caso, el regreso inesperado confirma que U2 sigue entendiendo la música como algo más que entretenimiento. Days of Ash propone escuchar el ruido del mundo sin filtros y recordar que detrás de cada conflicto existen nombres, historias y pérdidas irreversibles.