La maquinaria promocional de la nueva película de la saga Torrente apenas ha comenzado a moverse, pero ya ha logrado uno de sus objetivos tradicionales: situarse en el centro de la conversación pública. El anuncio de que el grupo Taburete será el encargado de interpretar y componer el tema principal de Torrente Presidente, la sexta entrega de la franquicia dirigida y protagonizada por Santiago Segura, ha añadido una capa extra de ruido mediático a un proyecto que, por definición, vive de la polémica, la sátira y el exceso.

El estreno está previsto para el 13 de marzo de 2026 y, fiel a su estilo, Segura ha optado por mantener bajo llave buena parte de los detalles argumentales. La estrategia no es nueva: el misterio funciona como combustible publicitario y, en el caso de Torrente, además refuerza la expectativa de que cualquier sorpresa será deliberadamente incómoda. Lo poco que ha trascendido apunta a una premisa tan simple como eficaz dentro del universo del personaje: el expolicía más incorrecto del cine español da un salto a la política e intenta convertirse en líder nacional. Con ese punto de partida, la sátira institucional parece asegurada.

La verdadera novedad, sin embargo, no está en la trama sino en la música. Taburete, el dúo formado por Willy Bárcenas y Antón Carreño, asume la tarea de ponerle ritmo al disparate. La colaboración se ha dado a conocer con un adelanto audiovisual en redes sociales donde músicos y cineasta comparten tono humorístico y cierta autoparodia. El clip incluye fragmentos del estribillo, suficiente para anticipar por dónde irá el tiro: una mezcla de ironía política, caricatura del liderazgo y guiños provocadores que buscan ser tan coreables como discutidos.

Ese equilibrio entre pegadizo y polémico no es casual. A lo largo de su trayectoria, la saga Torrente ha entendido la cultura popular como un terreno donde el escándalo forma parte del espectáculo. Cada entrega ha dialogado -a su manera- con el clima social del momento, exagerando estereotipos hasta el límite de lo grotesco. En ese contexto, la incorporación de una banda con fuerte presencia mediática y capacidad de generar conversación parece menos un capricho artístico que un movimiento calculado dentro del engranaje promocional.

En paralelo, la elección de Taburete introduce un matiz interesante sobre la relación entre identidad artística y recepción pública. El grupo lleva años orbitando entre el éxito comercial, la etiqueta generacional y la controversia mediática. Su presencia en Torrente Presidente no solo suma visibilidad al proyecto cinematográfico, sino que refuerza la idea de que la provocación cultural puede construirse de forma transversal, combinando distintos lenguajes del entretenimiento.

La pregunta de fondo es si esa provocación seguirá funcionando en 2026 como lo hizo en décadas anteriores. El humor de Torrente siempre ha jugado con lo políticamente incorrecto, pero el contexto social ha cambiado. La sensibilidad pública frente a determinados discursos es distinta, y la ironía ya no se interpreta de forma unívoca. Lo que para unos sigue siendo sátira descarnada, para otros puede resultar una simplificación incómoda de debates complejos. En ese terreno resbaladizo se moverán tanto la película como su banda sonora.

Mientras llega el estreno, la música ya ha empezado a cumplir su función principal: abrir el debate antes de que se encienda el proyector. Y en el universo Torrente, provocar conversación siempre ha sido la primera victoria.

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