Durante la mayor parte del año, la finca de Les Peñetes es un terreno árido situado a unos veinte minutos de Fraga, en Huesca. Un paisaje extremo, expuesto al sol, al viento y a los cambios repentinos del tiempo. Pero una vez al año, esta extensión del desierto de los Monegros se transforma en una ciudad efímera atravesada por escenarios, sistemas de sonido, barras, zonas de descanso, dispositivos sanitarios y decenas de miles de personas llegadas desde distintos puntos del mundo.

Allí se celebra Monegros Desert Festival, una de las grandes citas de la música electrónica en España y un acontecimiento difícil de comparar con cualquier festival urbano. No solo por su ubicación, sino también por su duración y por la escala del despliegue, una construcción destinada a desaparecer apenas unas horas después de abrir sus puertas.

La próxima edición se celebrará el sábado 25 de julio de 2026, desde las 14.00 horas hasta las 12.00 del domingo. Serán 22 horas ininterrumpidas de música en diez escenarios, con más de 120 artistas y nombres como Richie Hawtin, Amelie Lens, Paco Osuna, Fatima Hajji, Seth Troxler o Marco Faraone. Entre las novedades figura Outworld Desert Stage, un espacio inmersivo de 360 grados y capacidad para unas 20.000 personas.

Sin embargo, antes de convertirse en un festival internacional, Monegros fue una reunión entre amigos. Su historia está ligada a una finca familiar, a la discoteca Florida 135 y a los viajes por las grandes raves europeas de la familia Arnau.

P: ¿Quién tuvo por primera vez la idea de organizar una fiesta de música electrónica en medio de este paisaje?

R: La idea nació de mis padres después de una sesión en Florida 135, el club de Fraga. Habían pasado varios meses viajando y descubriendo las grandes raves de Inglaterra y del centro de Europa. Pensaron que sería una buena idea organizar, después de una de las sesiones que solían hacer allí, una quedada de unos 300 amigos en una finca familiar del desierto de los Monegros. Aquello se quedó como una cita anual. Desde entonces fue creciendo y terminó convirtiéndose en lo que hoy conocemos como Monegros Desert Festival.

P: ¿Qué relación existe entre la historia de Florida 135, la familia Arnau y el nacimiento del festival?

R: Soy la sexta generación de la familia Arnau, una familia que siempre se ha dedicado al ocio. La historia comienza con los primeros cafés y los cines en blanco y negro, continúa con los bailes y llega hasta la discoteca Florida 135, fundada en Fraga en 1942, pionera de la música techno y la más antigua de España que sigue en activo. Somos la misma familia que creó Monegros Desert Festival. El festival nació como una extensión natural de la cultura de club que ya vivíamos en Florida 135. Al principio era un matinal después de la sesión del sábado.

De los corrales familiares a diez escenarios

El terreno tampoco fue elegido mediante una búsqueda convencional de recintos. Les Peñetes ya pertenecía a la familia. Era un lugar ligado a la infancia, al trabajo ganadero de los abuelos y a los veranos del padre de los actuales responsables.

Parte de aquella memoria continúa integrada en el recinto. Espacios como el pajar o el corral han conservado sus nombres y se han transformado en escenarios, uniendo la historia rural de la finca con el presente electrónico del festival.

P: ¿Qué había en el terreno cuando llegasteis por primera vez y qué imaginasteis que podía llegar a ser?

R: El lugar exacto donde se celebra Monegros Desert Festival es una finca de mi familia. Mis abuelos tenían allí las ovejas y otros animales, en espacios como el pajar y el corral. Esas zonas se han conservado hasta hoy como escenarios del festival y mantienen los mismos nombres, como un guiño a lo que fueron. Es un terreno familiar donde mi padre vivía y veraneaba junto a su familia durante el verano. Nosotros también lo visitábamos de pequeños.

Es un lugar desértico, con un paisaje extremo. Resulta ideal para este concepto, que ha ido creciendo cada año y que ahora cuenta con hasta diez escenarios. La elección del desierto terminó definiendo la identidad de Monegros, aunque también impuso unas dificultades que acompañan al festival desde sus primeras ediciones.

P: ¿Por qué elegisteis este lugar y no un recinto urbano con mejores accesos e infraestructuras?

R:  Un festival en el desierto no es algo común. Ofreces una experiencia extrema, radical, una aventura muy distinta a las demás, y eso llama la atención. La parte positiva es que se trata de una experiencia única. La negativa es que es un festival muy caro y muy difícil de producir. En una ciudad tienes todo más a mano. En el desierto, la producción es una auténtica locura.

Una ciudad levantada para durar 22 horas

Esa ciudad temporal requiere meses de planificación y una ejecución concentrada en pocos días. Según explica la organización, alrededor de 1.200 personas participan en el montaje y el desmontaje, mientras que la cifra supera las 2.500 durante la jornada del festival.

Todo debe funcionar de manera simultánea: los escenarios, los accesos, el suministro eléctrico, el agua, la restauración, las comunicaciones, la atención sanitaria, la seguridad, la movilidad y los posteriores trabajos de limpieza.

P: ¿Cómo se transforma durante unos días un terreno prácticamente vacío en una ciudad capaz de recibir a decenas de miles de personas?

R: El montaje y el desmontaje son continuos. Trabajamos alrededor de 1.200 personas y más de 2.500 durante el día del evento. Es increíble observar cómo se construye en una semana una ciudad efímera que aparece y desaparece para albergar un festival de solo 22 horas. Tanto el coste como el despliegue son impresionantes. Probablemente sea uno de los festivales más intensos y de menor duración que reúne a tanta gente.

P: ¿Qué problema aparentemente pequeño puede convertirse en una gran dificultad en medio del desierto?

En un entorno desértico puede ocurrir cualquier cosa. Los principales problemas suelen estar relacionados con las adversidades meteorológicas: una ola de calor puntual o una tormenta eléctrica repentina. En el desierto, los problemas se multiplican.

La edición de 2026 contará, además, con un amplio dispositivo de seguridad y emergencias. Está previsto reforzar la vigilancia, la movilidad y la atención a asistentes internacionales, con participación de unidades españolas y colaboración de agentes franceses e italianos.

P: ¿Cómo se hace compatible una experiencia extrema con la obligación de garantizar agua, sombra, descanso, seguridad y atención sanitaria?

Requiere una planificación logística brutal y realizada con mucha antelación. También llevamos muchos años organizando Monegros y se aprende mucho de los errores de otras ediciones, así como de los comentarios y las necesidades de los monegrinos. Cada año creamos más puntos de hidratación distribuidos por el recinto, más zonas de sombra y descanso, más espacios de comida y más dispositivos médicos y de seguridad dimensionados para decenas de miles de asistentes. También incorporamos más medios para facilitar una salida relajada del recinto y mantenemos una coordinación constante con los servicios de emergencia.

El impacto de una multitud sobre el desierto

El crecimiento de Monegros también ha colocado en primer plano el impacto que produce un acontecimiento multitudinario en un entorno especialmente sensible.

La llegada de asistentes y proveedores, el consumo de agua y energía, la generación de residuos, los materiales empleados y la circulación de vehículos pesados forman parte de una huella que no se limita a las 22 horas de apertura al público. También incluye las fases de montaje y desmontaje.

P: ¿Qué impacto ambiental tiene levantar un evento multitudinario en un ecosistema frágil y cómo se mide?

R: Aunque el festival tiene una duración limitada, lo que reduce significativamente la escala temporal de nuestro impacto, es fundamental identificar, prevenir y mitigar cualquier posible afección derivada de nuestra actividad. Los principales riesgos están relacionados con la movilidad de los asistentes y los proveedores, el consumo de energía y agua, los materiales utilizados, la generación de residuos y las posibles afecciones sobre el suelo y la biodiversidad.

Aplicamos medidas preventivas para minimizar nuestro impacto. Delimitamos los recorridos de los vehículos y la maquinaria para reducir la compactación del suelo y desplegamos un amplio dispositivo de limpieza tanto dentro como fuera del recinto para evitar la dispersión de residuos.  

Cuando la música termine al mediodía del 26 de julio, la ciudad volverá a desmontarse. Desaparecerán los escenarios, las barras y las estructuras levantadas durante los días anteriores. Quedará otra vez la finca familiar, el pajar, el corral y la extensión desnuda del desierto.

Esa desaparición forma parte de la esencia de Monegros. Durante unas horas, Les Peñetes deja de ser únicamente un paisaje para convertirse en una ciudad imposible. Después, como las primeras raves que inspiraron a la familia Arnau, se desvanece casi sin dejar rastro, a la espera de que el desierto vuelva a llenarse de sonido.

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