María José Llergo no quiere dejar de jugar. Ese es el punto de partida de El Juego, su nuevo trabajo, un disco atravesado por el amor, el desamor, la amistad, la familia y la búsqueda constante de nuevas formas de crear. A lo largo de una conversación con Revista Bando, la artista reflexiona sobre las relaciones tóxicas, la fama, el aprendizaje que esconden los errores y la ausencia de su abuelo, la persona que le enseñó a cantar y cuya huella recorre cada rincón del álbum.

Pregunta: ¿Por qué El Juego?

Respuesta: Porque he aprendido que quiero vivir jugando.

P: ¿Cuál es tu juego favorito?

R: La vida en sí misma. De hecho, vida me ha enseñado que incluso cuando pierdo, en realidad también gano, porque siempre hay algo que aprender. Intento afrontar las cosas desde esa perspectiva. Con la música quiero jugar, explorar y disfrutar. Es lo que más me apasiona en esta vida. Quiero crear sin miedo, sin prejuicios y con la mente y el corazón abiertos a todo lo que pueda surgir.

P: Y tanto que has jugado porque la evolución sonora respecto a Ultrabelleza es muy evidente.

R: Todo lo que aprendo como persona acaba reflejándose en mi música. Por eso no podía hacer el mismo disco que habría hecho hace tres años, porque ya no soy la misma persona. No me interesa repetirme ni quedarme atrapada en una versión antigua de mí misma. Necesito asumir riesgos, ser impredecible y permitirme explorar caminos nuevos. Me gusta dejarme afectar por lo que me rodea, incluso por aquello que no puedo controlar. Necesitaba volver a sentir esa incertidumbre, ese vértigo que aparece cuando no sabes exactamente qué va a pasar. Quería jugar, experimentar y sentirme viva. No sé si voy a ganar o a perder, pero sí sé que voy a disfrutar muchísimo del camino.

P: Me interesa la dicotomía de ganar y perder que existe siempre cuando juegas.

R: Como decía Eduardo Galeano, quiero jugar siempre, no quiero morir nunca. Así entiendo la vida.  Quiero jugar en todo lo que hago. Quiero jugar con mi perro en el parque, conocer gente nueva, enamorarme, equivocarme, sufrir si hace falta y seguir aprendiendo. También quiero jugar con la música, porque para mí crear tiene mucho que ver con mantener viva la curiosidad y la capacidad de sorprenderme. A veces asociamos el juego únicamente a la infancia, pero creo que los adultos también estamos jugando constantemente, aunque no nos demos cuenta. El trabajo, el dinero, las relaciones o las oportunidades funcionan muchas veces como un juego lleno de azar e incertidumbre. La diferencia es que solemos olvidar esa parte y acabamos atrapados por la presión, las obligaciones y las exigencias del día a día. La vida es probablemente el juego más imprevisible y también el más hermoso que tenemos. Puedes cruzarte con alguien que te cambie para siempre o descubrir algo que transforme por completo tu manera de ver el mundo. Por eso intento no perder nunca esa capacidad de asombro.

P: ¿Cuál ha sido tu mayor aprendizaje en este juego?

R: Entender que de todo lo que me ocurre puedo sacar una enseñanza y convertirme en una mejor persona. Y también que tengo un corazón enorme que todavía estoy aprendiendo a utilizar. Quiero usarlo bien, dar lo mejor de mí y aprovechar todo lo que puede ofrecer. Porque incluso cuando pierdo, si he entregado lo mejor que tengo, siento que también estoy ganando.

P: El amor también puede destilar odio.

R: El odio ha aparecido alguna vez en mi vida. También los celos o la inseguridad. Soy humana y, como todo el mundo, he pasado por ahí. Pero no es algo que quiera alimentar. Lo desterré hace mucho tiempo. Hace años que no siento odio. Hace años que no siento ira. Puede que sienta pena en algunas ocasiones, pero rencor no. Le agradezco muchísimo a la vida todo lo que me ha dado. Tengo la sensación de que estoy aquí por algo más grande que yo, aunque ni siquiera sepa exactamente qué es. Por eso intento entregarme a la vida, disfrutar de cada paso y vivir con la mayor conciencia posible. No sé cuánto tiempo voy a estar aquí. Lo único que sé es que, mientras esté, quiero disfrutarlo.

P: En Aguas Negras haces un ejercicio interesante y vistes de juego infantil a las relaciones tóxicas.

R: Aguas Negras habla de una relación tóxica. Yo me imaginaba bebiéndome el agua negra que salía de la boca de esa persona, como si me estuviera intoxicando poco a poco. Como si estuviera bebiendo el veneno más horrible del mundo y acabara completamente contaminada por ese odio, esa ira y toda esa oscuridad. Necesitaba expresar esa sensación a través de la canción. Pero también hacerlo con cierta ironía.  Mis amigas fueron fundamentales en ese proceso. Fueron ellas quienes me ayudaron a abrir los ojos y, en cierto modo, me salvaron. Esta canción también es para ellas. Porque esa persona no dejaba de decirme que tenía que seguir luchando por la relación. Y llegó un momento en el que entendí que no quería que luchara por ella, sino que soportara su abuso. Y yo ya no podía seguir haciéndolo.

P: Qué importantes son las amigas.

R: La red de apoyo que hemos construido es fundamental para mí. Estamos constantemente pendientes las unas de las otras y nos queremos de verdad. Nos sostenemos muchísimo. Yo soy una persona bastante compleja y, en esta etapa de mi vida, quizá más que nunca. Por eso valoro tanto tener a alguien así a mi lado. Sin ellas, probablemente me habría aislado del mundo. Me habría ido al campo para que nadie me viera. En cambio, con ellas me siento capaz de cualquier cosa. Me dan fuerza, confianza y la sensación de que puedo enfrentarme a lo que venga.

P: Me ha gustado mucho la salsa que has hecho para ¡Ay, doctor!

R: La escribí en Aguamarga, un pueblo de Almería donde también compuse Te espera el mar, la canción por la que gané el Goya. Estaba pasando por un desamor y me ocurría algo muy extraño: me dolía físicamente el pecho. Hablé con un amigo cardiólogo y le dije que me preocupaba porque llevaba una vida sana, hacía deporte, comía bien y estaba tranquila. No entendía qué podía estar pasando.  Entonces me preguntó qué estaba viviendo a nivel emocional. Cuando le hablé del duelo, me explicó que el dolor emocional también puede manifestarse físicamente. De hecho, me dijo que mirara el Apple Watch y tenía las pulsaciones disparadas. Todo estaba relacionado con el desamor. A partir de ahí surgió la canción. Se me ocurrió escribir una especie de recomendación médica: "Ay, doctor, mándeme medicación porque me siento morir. Este pobre corazón, que de tanto dar amor, quiere dejar de latir". Pero también me divertí muchísimo haciéndola. Me imaginaba a todos los hombres que habían pasado por mi vida haciendo los coros y cantando: "Se muere, se muere, se muere". Era una imagen completamente surrealista, pero en mi cabeza tenía todo el sentido del mundo. Ahora solo tengo culturistas en los visuales.

P: A los cuales rechazas.

R: Por supuesto.

P: ¿Cuáles son tus remedios para el mal de amor?

R: Bien de amor. Me siento muy amada por la gente a la que quiero de verdad. Mi familia, mis amigas, mis amigos, mi perrito. Intento cuidar todo aquello que me hace brillar los ojos. Creo que cuando alguien te rechaza o una relación no funciona y tienes que dejarla atrás, hay una parte de ti que se apaga. Pero también he aprendido que existen muchas cosas capaces de encender esa llama de nuevo. Para mí son cosas muy sencillas: estar en la naturaleza, disfrutar de los animales, pasar tiempo con mi burro Manolillo o reencontrarme con las personas que me conocían antes de la música. Con quienes sabían que me gustaba cantar, pero jamás imaginamos que mi vida acabaría siendo así. Que me quieran igual que entonces, por quien soy y no por lo que hago, es algo que me llena muchísimo.

P: ¿Se te han acercado mucho por quién eres?

R:  Eso siempre pasa. Hay muchas cosas que son mentira dentro de todo este mundo del famoseo. Cuando alguien me dice que soy famosa, siempre respondo lo mismo: yo no soy famosa, soy artista. Y tampoco me interesa serlo. He visto cómo la fama puede destrozar a personas maravillosas y no es algo que desee para mi vida. Claro que he notado que algunas personas se acercaban por motivos extraños, pero creo que he sabido identificarlo y darle a cada cosa el espacio que merece. Al final, el tiempo acaba poniendo a cada uno en su sitio. Y eso también tiene que ver con los errores. En el amor, en la vida, en el trabajo o en la música.

P: ¿Has cometido muchos?

R: Todos nos equivocamos. De hecho, creo que equivocarse es una de las cosas más valiosas que te pueden pasar. Cuando cometes un error aparece una oportunidad: la de analizarlo y aprender o la de ignorarlo y seguir adelante como si nada hubiera ocurrido. Yo siempre intento quedarme con lo primero. Es como en la ciencia. Los descubrimientos suelen llegar después de muchos ensayos y muchos errores. Si todo sale bien a la primera, lo único que haces es confirmar una hipótesis. No descubres nada nuevo. Por eso creo que equivocarse también forma parte del proceso creativo. Para mí, los errores siempre son una oportunidad.

P: En Otros Besos dices: "Ahora voy solo a la mía, viva la estrella que me guía. Vivo contando billetes, viva la billetería. Diamantes hasta en los dientеs aunque ya no me ría. Pa comprarle una casa más, a la madrе mía".

R: Este párrafo habla de tener claras cuáles son mis prioridades. Mi prioridad ya no es estar con esa persona, ni cuidarla, ni entregarle lo mejor de mí. Ahora quiero darle lo mejor de mí a quienes realmente se lo merecen. Y la primera de esas personas es mi madre. Quiero cuidarme para poder cuidar después a la gente que me quiere, que está a mi lado y que me sostiene cada día. Ahora mismo mi objetivo es trabajar, ganar dinero y poder comprarle una casa a mi madre. Para mí eso también es una forma de libertad. Tener claro hacia dónde apunta tu brújula. La mía apunta hacia las personas que me cuidan. A quererlas tanto como ellas me quieren a mí. Y si trabajo tanto, que al menos sirva para que mi madre pueda vivir como una reina.

P: ¿Qué es un amor traficante?

R: La letra lo explica: "Mentiras y traición, sangre y diamantes. Tú querías un amor como los de antes y al final te encontraste con un amor narcotraficante".  Al final es una decepción. Ocurre cuando alguien te vende una promesa de futuro que en realidad no existe y se apoya en una idea muy idealizada del amor romántico. Te construyen una expectativa tan grande, tan perfecta y tan fantasiosa, que resulta imposible sostenerla en la realidad. Y cuando ese castillo de naipes se derrumba, aparece la decepción. Ahí es donde nace esa idea del amor narcotraficante. Un amor que te engancha a una promesa constante de felicidad, pero que nunca termina de cumplirse y siempre te deja esperando algo más.

P: Con el tiempo uno empiza a valorar mejor el amor aburrido.

R: Nos han enseñado que lo sano es aburrido, pero creo que eso ocurre porque lo tóxico puede llegar a ser adictivo. Funciona a través de un refuerzo intermitente: hoy te quiero, mañana te odio; hoy eres la mejor persona del mundo y mañana te desprecio. Pero eso no es amor. Eso es manipulación. También es una forma de poder. De sentirte más fuerte haciendo que otra persona se haga pequeña para encajar en un lugar que no le corresponde. Y yo ya no creo en eso. No creo que tengamos que empequeñecernos para caber en una relación, ni adaptarnos constantemente a un espacio que claramente no está hecho para nosotras. Si algo te queda pequeño, te queda pequeño. Lo sano debería ser justo lo contrario: encontrar lugares, relaciones y personas donde puedas ser quien eres, sin reducirte ni pedir perdón por ocupar espacio.

P: ¿Qué significa tu abuelo?

R: Él ha sido el pilar de mi vida. Fue quien me enseñó a cantar y quien me dio algunos de los mejores consejos que he recibido como artista y como persona. Siempre me decía: "Canta, cobra, pero no te vendas". Lo perdí hace cinco meses y noto muchísimo su ausencia. Ahora estoy aprendiendo a convivir con ella y a sentirlo cerca de otra manera. Es extraño sacar este disco sin que él esté aquí, porque siempre era la primera persona que escuchaba mis canciones. Yo le enseñaba todo lo que hacía y esperaba su opinión. Tener su aprobación y su mirada antes de publicar una canción me daba mucha fuerza y mucha tranquilidad frente al mundo. Ahora tengo que encontrar una nueva forma de relacionarme con eso. Un nuevo ritual que me permita sentir que también le estoy entregando este disco a él. Lo que sí sé es que, si no me hubiera enseñado a cantar, probablemente hoy no estaría aquí. Quizá me dedicaría a otra cosa y vería el mundo de una manera completamente distinta. Más allá de la música, me enseñó a mirar la vida desde el amor, la generosidad, la aceptación y el respeto por la diversidad. Y creo que esa es una de las mayores herencias que alguien puede dejarte. Ojalá más personas pudieran vivir desde ese lugar, especialmente en los tiempos que corren.

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