Leire arranca una nueva etapa con Historias de aquella niña, su primer álbum en solitario tras años formando parte de uno de los proyectos pop más reconocibles del país. El disco no es solo un debut individual: es un ejercicio de reconstrucción personal, una conversación con su pasado y una declaración de intenciones sobre el presente. En estas canciones hay duelo, hay reivindicación y, sobre todo, hay una voluntad clara de cuidado propio. Hablamos con ella sobre el miedo a empezar sola, la necesidad de reconciliarse con “aquella niña”, el significado de Mi Nombre como gesto simbólico y las colaboraciones que han marcado este proceso.

P: ¿Cómo resumes Historias de aquella niña?

R: Es una carta de presentación de quién soy. En este disco hay mucho de mí misma, de cuidarme y darme mi lugar. Es una especie de homenaje. En ese sentido, sí es conceptual, porque bebe de esa necesidad que está en todas las canciones. En algunas he necesitado agradecer, en otras, abrazarme o validar una emoción. El resto de discos no irán de la mano a nivel estilístico, pero este era un paso necesario.

P: Es tu primer disco en solitario. ¿Cómo has encarado el trabajo a solas?

R: Al principio sí sentí algunas dudas y cierto miedo. Pero eran miedos muy relacionados conmigo misma. Con si sería capaz, si tendría la capacidad y el talento suficientes para hacerlo. No estaban tanto vinculados a las expectativas o a lo que pudiera conseguir, sino más bien a preguntas como: ¿seré capaz de escribir historias? ¿Seré capaz de ponerles música? Eso era lo que más me inquietaba. He aprendido a buscar herramientas que me faciliten el proceso. En ese sentido, pedí ayuda en aquellos aspectos en los que sentía que cojeaba un poco más. Esa ayuda ha sido fundamental, especialmente en momentos de duda o de bloqueo, porque me ha dado el empujón que necesitaba. Incluso hubo cosas que yo misma descartaba por ser demasiado dura conmigo. 

P: ¿Has descubierto cosas de tí durante el proceso?

R: Totalmente. Te das cuenta de que las cosas no son blanco o negro, no son cero o cien. No se trata de tener o no tener capacidad, sino de reconocer que puede estar en distintos niveles y que, además, puede desarrollarse. Al principio yo misma me anulaba en ciertos aspectos. Pensaba: “Musicalmente no voy a ser capaz de hacer nada”. Y, sin embargo, luego he sido capaz. Incluso he descubierto que tenía más capacidad de la que imaginaba. De alguna manera, te redescubres. Este proceso me ha servido para reconectar plenamente con mi parte creativa, y ha sido una auténtica gozada. De pronto se activan cosas, se ponen en marcha mecanismos internos y sientes una energía imparable, como si algo despertara y ya no hubiera quien lo frene.

P: Mi Nombre ha sido el single más contundente aunque hay muchas más capas.

R: Sobre todo porque hay muchas maneras de reivindicarse; no existe una única forma de hacerlo. A veces el golpe en la mesa está bien, pero no siempre tiene que ser literal. En mi caso, mi nombre ya es un golpe en la mesa. Es una forma de validar emociones como el enfado y de reconocer lo que siento. Y también he entendido que puedes reivindicarte sin necesidad de imponerte de esa manera. Para mí, reivindicarme es también abrazar a esa niña que fui y decirme que no tengo que fustigarme, que hago las cosas lo mejor que puedo y sé en cada momento. Es tratarme con más comprensión.Reivindicarme también implica hablar de lo que no me gusta y poner sobre la mesa temas incómodos, como la violencia. Eso es una expresión clara de mis valores, mis principios y mis ideales. Es una manera de quererme, de darme mi lugar, de escucharme y de respetar aquello que para mí es importante. Y también lo es agradecer a las personas que me han sostenido y querido, reconocer una etapa y a la gente que formó parte de ella. Todo eso ha sido fundamental en el disco.

P: Mencionas Aquella niña, una canción en la que te reconcilias con el pasado y dejas atrás la culpa. ¿Qué significa para tí?

R: Te diría que es una de las canciones más importantes del disco a nivel emocional, porque todos tenemos un pasado y una historia vital. En la mía, más allá de lo que sea público o no, están mis propias vivencias. Todos llevamos esa “mochilita” con carencias, momentos en los que nos hemos sentido más o menos queridos, decisiones de las que luego nos hemos arrepentido y, en definitiva, experiencias que nos han ido marcando. Yo he necesitado decirme a mí misma que no pasa nada, que no debo fustigarme más. A veces somos las personas más duras con nosotras mismas. Ya sea por omisión, cuando nos desatendemos, no nos cuidamos o no nos damos nuestro lugar— o por exigencia —cuando nos tratamos con demasiada severidad—, terminamos cargando con una culpa constante. Por eso he querido reflexionar sobre todo esto conmigo misma. Ha sido un trabajo muy personal y he necesitado plasmarlo en una canción. Como te decía antes, las canciones permanecen, y para mí esta será siempre un recordatorio: un lugar al que acudir para repetirme que he hecho lo que he podido en cada momento y que, con las herramientas que tenía, hice lo mejor que supe hacer.

P: Es un mensaje muy pro salud mental.

R: La canción habla un poco de eso: de la imagen de una persona con la mirada triste. Porque eso pasa; a veces vivimos situaciones que nos apagan y nos vuelven un poco grises. La clave está en asumirlo y seguir adelante. Vale, te has convertido en alguien más gris por lo que has vivido, pero no pasa nada. El problema es cuando nos refugiamos en esa etiqueta y nos repetimos: “Soy así, soy gris”, como si eso fuera el final de la historia. La pregunta es: ¿qué hacemos ahora con eso? No se trata de quedarse ahí, sino de avanzar. Aceptar la realidad, dejar de culparse y de castigarse. Estos son los ingredientes que tenemos hoy. Pues sigamos con la receta. Pero no hace falta seguir flagelándonos para hacerlo.

P: Me ha gustado especialmente El Ruido, porque haces una dicotomía interesante. Hablas de un renacer pero también dices “vamos a ser la de antes”. 

R: He reflexionado mucho durante todo este proceso. En general soy una persona bastante reflexiva, y aquí lo he sido aún más. Me he dado cuenta de que, a veces, tendemos a movernos en extremos, como si todo fuera blanco o negro, cero o cien, cuando en realidad existe una enorme gama de colores y matices. Cuando alguien siente que las cosas no van bien y decide que necesita un cambio, suele intentar transformarlo absolutamente todo, como si se tratara de renacer y convertirse en otra persona. Pero no creo que vaya de eso. No se trata de dejar de ser quien eres, sino de identificar qué cosas sí te funcionan y conservarlas, y de mirar con honestidad lo que no funciona para aprender a gestionarlo mejor. Por eso hago referencia a lo que sí está, a lo que ya tienes. En mi caso, había cualidades propias que estaban en desuso; mi parte creativa, por ejemplo, estaba completamente abandonada. ¿Cómo iba a desprenderme de algo que forma parte de mí? Mi “renacer” tiene que ver precisamente con reconectar con esa dimensión creativa, con volver a dar espacio y uso a aquello que había dejado a un lado. No pretendo que esto sea un manual universal. Simplemente comparto lo que a mí me ha servido y las reflexiones que he hecho en el camino.

P: Después del gesto simbólico y firme de Mi Nombre, el álbum explora otras formas de cuidarse y reivindicarse. ¿Cuál dirías que es el hilo conductor que une todas las canciones?

R: En general, creo que en todas las historias hay un hilo común: la importancia de cuidarnos, de prestarnos atención a nosotros mismos. Ese es, al final, el mensaje principal. En esencia, mi nombre refleja una manera de cuidarme. A veces hay que dar un golpe en la mesa para que te escuchen, porque entre tanto ruido a veces nadie lo hace. Pero también existen otras formas de cuidarse. Para mí, hablar de esto significa reconocer que, en medio del ruido y del miedo a sufrir, muchas veces nos olvidamos de nosotros mismos. En cualquier proceso de aprendizaje o de cambio habrá momentos desagradables o dolorosos, porque implica mirar dentro de uno mismo y enfrentarse a nuestras propias miserias. Mirar ese espejo nunca es cómodo, pero es la única manera de avanzar, crecer y transformar aquello que no nos funciona, sin renegar de lo que sí nos hace bien y que forma parte de nosotros. No se trata de convertirse en otra persona.

Se trata de aprovechar todo lo maravilloso que ya tenemos, porque todos tenemos cualidades valiosas, y de afrontar con honestidad aquello que no nos funciona. Sí, va a ser doloroso, porque aceptar nuestras limitaciones y mostrar vulnerabilidad no es fácil ni habitual, pero es necesario. Para mí, todo esto ha sido fundamental y eso es lo que he querido transmitir.

P: Colaboras con artistas de mucha trayectoria, como Edurne o Abraham Mateo. 

R: Para mí, la motivación detrás de cualquier colaboración tiene que ser que sea orgánica y genuina, más allá de lo económico, porque de lo contrario perdería sentido artístico. Lo comercial también es legítimo, pero en mi caso siempre ha primado lo natural. Con Abraham y Edurne, por ejemplo, la conexión surgió de años de conocerlos. Con Edurne comparto muchas cosas: somos mujeres, tenemos edades cercanas y hemos vivido realidades similares en la industria musical, lo cual es importante y, muchas veces, incluso traumático. Además, ambas entendemos la música desde una perspectiva cercana y trabajamos en el pop, cada una con sus matices. Tenemos mucho en común como profesionales y como personas; incluso somos madres. Esa cercanía y las muchas conversaciones que compartimos hicieron que la colaboración surgiera de manera natural, casi como algo que nos debíamos después de tanto tiempo. Con Abraham, su apoyo fue fundamental en la composición y nos permitió trabajar juntos gracias a la coincidencia de agendas. Con Miranda, nació de la admiración por su música y la conexión con Ale Sergi. Y con Andrés, su acompañamiento fue clave en lo creativo y emocional, guiándome desde los primeros pasos frente a la hoja en blanco. En todos los casos, el proceso fue natural, paso a paso y muy fluido.

P: ¿Dirías que has pasado un duelo?

R: Sí, sí, ha sido un duelo. Pero también he tratado de centrarme en lo que para mí era importante. He priorizado mucho. No quiero decir que no haya vivido el duelo, porque para mí era fundamental pasarlo; hasta que no cerré ese capítulo, era difícil avanzar. Sí que he necesitado atravesarlo, pero no me he regodeado en ello. Eso es una trampa: ¿qué se consigue con ello? Se pierde tiempo, energía, se sufre más de lo necesario. Por eso he intentado enfocarme en lo que realmente me parecía importante, quitándole hierro a la situación.Claro que hay que darle espacio al dolor, porque duele y hay que procesarlo, pero solo lo justo y necesario, hasta el punto que realmente se necesita para seguir adelante.

P: Compartes con Edurne experiencias generacionales y vitales dentro de la industria. ¿Cómo influye la edad y el momento personal en la manera en que hoy entiendes tu carrera?

R:Claro, a eso me refería cuando digo que tenemos muchas cosas en común: entendemos lo que hacemos de manera muy similar, nos respetamos, nos comprendemos, nos apoyamos y nos damos lugar.Mi experiencia me ha demostrado que cuando tu mensaje llega a la gente y ellos lo hacen suyo, no importa la edad ni el género. Eso es lo que me ha pasado a mí, aunque también reconozco que no es lo habitual. En general, quienes consumen música son muy jóvenes, a menudo a través de sus padres, que son quienes pagan por ello. La música es un ocio, no una necesidad básica, por lo que el público mayoritario suele estar muy vinculado a la moda y las tendencias. En ese sentido, yo no siempre soy la prioridad de ese público joven. Sin embargo, a veces ocurren cosas que te ubican en un lugar que traspasa las fronteras de edad y generación. Entonces, de repente, la edad deja de importar, y eso resulta curioso y gratificante.

P: ¿Qué balance haces de este año desde que tomaste la decisión de pasar al solitario?

R: Al principio, cuando tomé la decisión, el balance hasta ese momento ya era positivo, aunque todavía pesaba más lo anterior que lo nuevo. Con el tiempo, todo se ha ido colocando en su sitio. Pero siempre ha sido positivo. Para mí, el simple hecho de poder seguir adelante ya lo era. Así que imagínate ahora, después de todo lo que ha pasado y de cómo han evolucionado las cosas, con todos los proyectos que he podido hacer. No es solo que sea positivo, es que ha superado las expectativas. Estoy encantada de la vida.

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