Camilo habla de sus hijas y, casi inevitablemente, termina hablando del niño que fue. En Cuando sean mayores, el colombiano escribe pensando en Índigo y Amaranto, pero durante el proceso descubrió que muchas de las cosas que quería enseñarles eran, en realidad, aprendizajes que él mismo había olvidado. La paternidad le ha llevado también a revisar una infancia poco convencional. Empezó su carrera con 13 años, asumió responsabilidades muy pronto y conoció tanto la escasez como el fracaso antes de alcanzar el éxito internacional. Ahora observa cómo sus hijas crecen en unas circunstancias completamente diferentes y se pregunta cómo transmitirles el valor de aquello que él aprendió cuando no tenía tanto.

En ese regreso a ciertas sensibilidades de su infancia aparecen también las abejas. La apicultura, una afición que comenzó años atrás y que ahora ha retomado en su casa de Miami, le enseñó a detenerse en lo pequeño, a observar el entorno y a entender el valor de la comunidad. Una relación con la naturaleza que ahora también comparte con sus hijas y que recientemente ha vivido un episodio doloroso tras perder buena parte de sus abejas por una fumigación en un campo vecino.

A lo largo de una entrevista con Revista Bando, Camilo habla de esa infancia que siente que dejó a medias, del miedo a que sus hijas crezcan teniéndolo todo, de por qué considera un privilegio haber fracasado y de lo que ha aprendido observando una colmena. "Al final, quien necesita las sensibilidades de este álbum soy yo", reconoce.

P: Cuando sean mayores nace como un disco para tus hijas, pero no sabes cuándo van a entender realmente lo que quieres contarles. ¿Es también un disco pensado para el futuro?

R: De ahí viene el título de Cuando sean mayores. Sentía que quería transmitirles a mis hijas muchas cosas y luego me di cuenta de que ellas ya venían con muchas de esas cosas claras. Yo también las tuve claras alguna vez y las olvidé. Al final, quien necesita las sensibilidades de este álbum soy yo.

P: ¿Qué has descubierto de tu propia infancia haciendo este disco?

R: Ser padre me ha hecho darme cuenta de que me faltó un trozo de infancia, porque lo cambié por trabajo y por ilusión. Empecé mi carrera a los 13 años y desde muy joven tuve que pagar facturas y asumir responsabilidades. Hasta ahora no me había dado cuenta de que tenía esa parte de mi infancia pendiente. Gracias a mis hijas siento que se cierra un círculo y que puedo volver a sentir cosas que de niño tenía muy claras, pero que con el tiempo había olvidado.

P: ¿Querrías esa infancia para ellas?

R: Es imposible. Para bien y para mal, jamás podrán vivir lo que yo viví. Y menos mal que no van a tener que pasar por ciertos capítulos de escasez que yo viví, pero, al mismo tiempo, pienso: qué lástima que no vayan a vivir también esos capítulos de escasez.

P: Tus hijas van a crecer en unas circunstancias muy diferentes a las tuyas. ¿Cómo haces para que entiendan el valor de las cosas sin haber vivido las carencias que viviste tú?

R: Hemos hecho un esfuerzo muy lindo por no caer en esa tentación de quien no tuvo nada y quiere que sus hijos tengan todo lo que él no tuvo. Somos muy cuidadosos con el estilo de vida que les damos a nuestras hijas porque no queremos llenar huecos con cosas materiales. Eso de: "Papá, quiero esto". "Claro, hija, tómalo", no existe en mi casa. Siempre me ha dado miedo que, por tenerlo todo, mis hijas no aprendieran algunas de las cosas tan valiosas que yo aprendí gracias a ciertos capítulos de escasez. Pero también me estoy dando cuenta de que no tiene por qué ser así. El amor es un vehículo precioso y veo que Índigo empieza a entender el valor de las cosas. Eso me está enseñando que quizá no tengo que tener tanto miedo.

P: Hay muchos ejemplos de niños que han tenido éxito en la música y luego no han sabido reconducir su carrera en la adultez. ¿Cómo lo has conseguido?

R: Lo estuve hablando con mi mánager y me hizo ver algo: tengo el gran privilegio de que ya fracasé. Cuando has pasado por eso, la posibilidad de un segundo fracaso es mucho menos atemorizante. Para un artista que pasa del anonimato al éxito total, pensar en fracasar puede ser una pesadilla. Pero cuando tú ya fracasaste todo es ganancia. ¿A qué le vas a tener miedo? Para mí este álbum ya ha cumplido su objetivo. No tengo miedo de que fracase o de que no lo entienda nadie, porque ya viví momentos en los que pensaba que estaba en lo más bajo. Y no tener miedo a hacerlo me permite vivir mi carrera conectado con lo que realmente considero valioso. Ya no tengo miedo.

P: La apicultura lleva muchos años formando parte de tu vida. ¿Qué has aprendido de las abejas? 

R: Mi primer encuentro con la fascinación por lo minúsculo fue a través de la apicultura. Gracias a algo tan pequeño me di cuenta de lo inmenso que es el universo. La apicultura ha sido para mí un ejercicio meditativo y de colaboración precioso. Cuando abres una colmena empiezas a entender el entorno, el sentido de la comunidad y cómo todo está conectado. Ahora hemos vuelto a tener abejas en nuestra casa de Miami y ha sido una forma de reconectar con el oficio y también con cosas que yo ya había vivido. La apicultura es un oficio de una sensibilidad tremenda.

P: ¿Has hablado a tus hijas sobre ello?

R: Constantemente. Ha sido muy lindo, aunque hace poco tuvimos una tristeza muy grande. En Estados Unidos se hacen muchas fumigaciones y una gran parte de nuestras abejas murió por la fumigación de un campo vecino que ni siquiera sabíamos cuál era. Para los apicultores norteamericanos es algo relativamente habitual, pero para nosotros fue terrible. El mundo está atravesando una crisis tremenda con los insectos y es algo que me preocupa mucho.

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