El transcurso del tiempo es perceptible en prácticamente todo lo que nos rodea: nuestras relaciones personales, las posturas políticas o el desarrollo de las ciudades y nuestra forma de vivir. La excepción a la norma viene en las obras cumbre de la literatura. Aunque no a gusto de todos, por unas u otras predilecciones, lo indiscutible es que mensajes de novelas como El Quijote o 1984 aún calan en los tiempos que corren y definen cómo somos y en qué clases de sociedades nos movemos.

Son títulos en demasía y complejos por sí solos como para leerlos de una vez, pero bien haya sido por lectura obligatoria en colegios o institutos, por estudio académico o por mero gusto, representan un claro retrato de lo que la humanidad ha sido, está y seguirá siendo. La picaresca plasmada en El Lazarillo de Tormes, ‘lo quijotesco’ –en alusión a la locura- o ‘lo maquiavélico’ –en alusión a un comportamiento malvado- son referencias literarias que se utilizan con más frecuencia de lo que pueda parecer.

Los clásicos, aquellas obras centenarias, o no tanto, que nos suenan de algo, no sólo forman parte del pasado, sino también del presente más inmediato. Poder, manipulación, búsqueda de la verdad o la identidad son claves que se manejan en estos títulos tan reconocidos que, en ocasiones, pasan desapercibidos. Recurrir a libros antiguos no es ajeno a entender nuestra época actual: No es nostalgia por lo antiguo, es vigencia y entendimiento, son explicaciones a conflictos contemporáneos.

De molinos como gigantes de Cervantes al control del ‘Gran Hermano’ de Orwell

Aunque parezca irreal, no hemos dejado atrás los grandes clásicos, de hecho, vivimos dentro de ellos. En 1984, de George Orwell, la sensación de estas siendo observados es plausible a lo largo de toda la novela: el lenguaje se retuerce, la exposición es continua y las verdades a medias marcan el paso del día a día. ¿No es acaso un reflejo de la influencia de las redes sociales o la sobrexposición a la información?

De la mano del mismo autor, Rebelión en la granja, mostró una promesa de igualdad y equidad para todos que terminó convertida en un sistema opresivo. En esencia, una sátira política de unos animales de granja que puede extrapolarse a la perfección a algunos regímenes actuales en el mundo, como buen ejemplo que sería Corea del Norte.

En un sistema contemporáneo donde el mundo laboral prima sobre otras necesidades del ser humano, La metamorfosis de Franz Kafka refleja qué pasaría si te convirtieras en un bicho, en un ser repugnante, en una apariencia fuera de la alienación normalizada. La primera preocupación de su protagonista cuando se vio transformado fue que llegaría tarde al trabajo, ¿no es esta misma situación una realidad acuciante cuando surge un imprevisto?

Una de las obras cumbre española, Don Quijote de La Mancha, sirve a su vez como claro ejemplo de que no todo está bajo nuestro control, que la lucha más íntima se puede extrapolar y el hecho de no encajar también es válido. La lucha de molinos como si fueran gigantes que narró Miguel de Cervantes no es más que un retrato de cómo enfrentamos personalmente a los retos cotidianos. Una fina línea que dibujó entre la locura y la lucidez con la que definió los cimientos de la ficción literaria.

La tensión entre lo que consideramos correcto y lo que finalmente hacemos torna en un tono más oscuro de la mano de Fiódor Dostoyevsky en Crimen y Castigo, donde su protagonista se debate entre ser un asesino y justificar sus actos desde la moralidad. ¿No recuerda esta premisa a la cultura de la cancelación tan presente en el ámbito mediático?

Quizás uno de los debates más controvertidos de los tiempos que corren es la inteligencia artificial, la rapidez con la que está creciendo, las capacidades que está adoptando en los últimos años y el descontrol que ha generado en ciertas ocasiones. Una posible metáfora de esta realidad puede encontrarse en la célebre obra de Mery Shelley, quien dio vida entre sus páginas a Frankenstein, una criatura que termina independizándose de su creador y plantea un debate sobre la responsabilidad sobre crear y lo creado.

La cuestión no es seguir inventando historias nuevas en clave de entretenimiento o para entender la realidad en la que nos movemos, sino recurrir a las estanterías y a aquellas obras del pasado, porque las respuestas ya están escritas. En tiempos de ruido, su valor crece al aportar un retrato de lo que fue, lo que está siendo y lo que será la sociedad del hoy y del mañana.

Súmate a

Apoya nuestro trabajo. Navega sin publicidad. Entra a todos los contenidos.

hazte socio