La madrugada del 13 de noviembre de 1974, Ronald DeFeo asesinó a sus padres y sus cuatro hermanos en una pintoresca casa de Amityville (Nueva York). La villa quedó marcada por aquel suceso; sin embargo, tan solo un año después, otra familia se instaló en la mansión, pero tan solo resistieron en su interior 28 días, pues fenómenos extraños perturbaban su día a día. Una historia nunca resuelta y a la que Carlos Cala, periodista y escritor, dedicó hace 20 años una novela, que ha querido actualizar y alargar con más detalles del fatídico suceso.
Aquella casa maldita en Amityville, título de la obra publicada en Amazón KDP, suma, además, las ilustraciones originales de Carlota Flores, que ayudarán a revisar uno de los casos que generó más expectación en el siglo XX. Los relatos de aquella tragedia no hicieron más que sembrar dudas en torno a lo ocurrido, razón de más que ha empujado a Cala, con la inestimable ayuda gráfica de Flores, a incorporar una ampliación sustancial del contenido, nuevas perspectivas y una estructura actualizada que combina investigación, narrativa y análisis de las distintas versiones existentes en torno al caso.
“Hace 20 años esta historia estaba muy abierta”, explica Cala el porqué de actualizar su obra, que cuenta con un punto más de incertidumbre gracias a que Ronald DeFeo, el asesino, ha sido el último en morir sin haber contado la verdad. Por esta razón, la nueva versión del libro incorpora un centenar de páginas adicionales respecto a la edición original, incluyendo nuevas fuentes, interpretaciones y datos conocidos en las últimas dos décadas.
Si bien, aviso a los lectores, Cala no pretende facilitar una resolución del caso facilita y tranquilizadora. El planteamiento, según explica el propio autor, mantiene una posición deliberadamente abierta. “Yo aquí hago de periodista y lo que hago es contar los hechos. No puedo opinar. Soy incapaz de tomar partido por ninguna de las dos partes, radicalmente enfrentadas”, anticipa.
¿Fenómenos paranormales o un rentable invento?
La obra da cabida tanto a quienes consideran reales los fenómenos relatados por la familia Lutz (que compró la casa un año después de los crímenes y apenas duraron dentro un mes), como a quienes sostienen que se trató de una construcción interesada de los Lutz para vender exclusivas y salir de su delicada situación económica. Un posicionamiento abierto y, para decantarse, tan solo habrá que devorar sus más de 300 páginas
El autor ya lo ha hecho, con la molesta neutralidad que aún está presente en algunos periodistas: “Han pasado 20 años y hay más información sobre las versiones enfrentadas. Soy incapaz de tomar partido”. Creer o no creer deberá ser una decisión de lector, que caminará entre la fina línea que separa a un crimen real de los hechos paranormales con los que siempre se le ha relacionado.
La familia conocía los crímenes antes de mudarse a la vivienda, adquirida a un precio inferior al habitual, lo que añade un elemento contextual relevante. “No hay que olvidar que ahí fueron asesinadas a sangre fría seis personas. Eso sugestiona a cualquiera”, apunta el autor. Aunque este enfoque más realista choca con la descripción de los episodios relatados por los protagonistas, entre los que figuran supuestas presencias, alteraciones físicas y fenómenos recurrentes como el despertar a la misma hora de la madrugada.
Para ayudar a quien se sumerja, la novela recoge los testimonios de múltiples personas vinculadas al caso, entre ellas un sacerdote que bendijo la vivienda y aseguró escuchar una voz que le decía “fuera de aquí” o de reconocidos investigadores paranormales como Ed y Lorraine Warren, quienes consideraron la vivienda como uno de los casos más extremos analizados en su trayectoria. El misterio está servido desde hace más de medio siglo en Amityville y ahrora vuelve a España cuando ya parecía olvidado.
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