Paqui Caballero (Figueres,1975), diplomada en magisterio, licenciada en psicopedagogía, Máster en Diagnóstico e intervención Neuropsicopedagógica, comenzó a creer que la muerte no era un final desde niña ante la muerte de su abuela y después la de su madre. En el presente es mentora espiritual y acompaña a familias e individuos convirtiendo la enfermedad y la perdida en aprendizajes. En 2026 nos presenta el primer libro de una trilogía, su título dice mucho del trayecto al que invita a los lectores: El viaje del alma. En esta conversación, entre otros temas, asegura que “El planeta Tierra no necesita al ser humano para sobrevivir, al revés, el ser humano necesita del planeta para vivir. Cuidar de él es cuidar de nosotros”,

Pregunta: - ¿Cuál es El viaje del alma que propones en tu libro?

Respuesta: - En mi libro propongo mirar la muerte no como un destino final, sino como un tránsito. Una parada, un cambio de tren para proseguir en el viaje de nuestra esencia, de cuerpo en cuerpo, de vida en vida, con el propósito de evolucionar y expandirnos como Seres únicos en la inmensidad de este Cosmos inabarcable.

P: - ¿En qué momento asumes la posibilidad de ese viaje?

R: - En el momento en que acumulo una formación y unas experiencias suficientemente significativas como para arrojar luz sobre el tema de la vida después de la vida. He leído centenares de libros centrados en este asunto, así como en el crecimiento personal y espiritual. El libro no pretende convencer a nadie ni convertirse en dogma. Es solo una visión que intenta combinar experiencias reales, espiritualidad y algo de ciencia. A la vez que recopilar la visión de otros autores sobre este tema.

P: - ¿Por qué decides que debes dejar tu planteamiento escrito en un libro?

R: - Lo decido en el momento en que acumulo una serie de experiencias bastante inverosímiles y extraordinarias que confirman mis ideas sobre la muerte, sobre que sí hay algo más. Entonces recuerdo una frase que me dijo una amiga una vez: “Nuestros dones no son para nosotros, sino para entregarlos al mundo”.

Pensé que acercar esta mirada amorosa a la gente podía ayudarles a comprender. Que podía aportarles consuelo y esperanza ante un tema tan delicado y tabú como la muerte. Y pensé: haz el libro que te hubiera gustado leer cuando murió mamá. Así que me centré en las experiencias que yo misma había vivido, en la espiritualidad y, cómo no, también en autores que podían apoyar todo lo que había descubierto.

P: - ¿Tu perspectiva se alimenta de otras culturas?

R: - Sí, claro. De otras culturas y de otras religiones. Date cuenta de que las personas que narran experiencias cercanas a la muerte (ECM), independientemente de su cultura o religión, describen procesos iguales o muy similares. Da igual si eres hindú, europeo, africano, chino o japonés, y da igual la edad que tengas: hay puntos en común en todos ellos. El llamado túnel de luz, la revisión de la vida, la omnipresencia, la telepatía o la velocidad de los pensamientos... como mínimo, resulta llamativo. Elisabeth Kübler-Ross también recogió este tipo de testimonios en sus libros y hablaba de la dimensión universal que tenían muchas de estas experiencias. Pero, sobre todo, mi perspectiva se alimenta de mi propia experiencia con los mensajes del campo cuántico, que yo entiendo como un espacio sutil e invisible donde todo está conectado. Un lugar de conciencia, energía e información del que también formamos parte. En el libro explico con más detalle de qué se trata y cómo llegan esos mensajes.

P: - ¿Consideras que en algún momento en Occidente se asumirá la muerte desde un ángulo menos traumático?

R: - Estoy segura de que sí. Entre otras cosas, porque la ciencia está avanzando en sus investigaciones para intentar revertir el envejecimiento y, con ello, prolongar la vida. La ciencia entiende el envejecimiento como una enfermedad que hay que erradicar. Si consiguen rejuvenecer las células de nuestro cuerpo, se podrían evitar muchas enfermedades. Eso significa alargar nuestra vida o incluso acercarnos, algún día, a vencer la muerte. No lo digo yo. Hace más de veinte años, el doctor José Luis Cordeiro ya se lo dijo al periodista Iñaki Gabilondo en su programa Cuando ya no esté. Ahora vemos también a doctores como David Sinclair hablando en esa misma línea. Por lo tanto, sí, la muerte se verá de forma menos traumática en un futuro si conseguimos vencerla, ja, ja, ja

P: - El viaje del alma es la primera parte de una trilogía. ¿En qué consiste la continuidad?

R: - El segundo libro se centra en el origen del alma y en nuestra “tecnología divina”: somos cuerpos perfectos, con un entramado extraordinario de canales energéticos. He estudiado y practicado disciplinas como el Reiki, el Shiatsu Zen, el Qi Gong o la kinesiología, entre otras, y todo eso me ha dado una visión más amplia del ser humano. Lo que intento es acercar precisamente esa mirada: entender que no somos solo un cuerpo físico, como muchas veces se nos ha hecho creer en Occidente. En este segundo libro también sigo compartiendo vivencias relacionadas con el campo cuántico o supraconciencia, del que he hablado antes. El tercero aborda la capacidad creadora del ser humano y el poder inabarcable de nuestra mente. En el fondo, la trilogía busca acercar la espiritualidad a personas que todavía se sienten un poco confusas con estos temas.

P: - ¿Siempre creíste en la trascendencia de los seres vivos o fue un aprendizaje?

R: - Esta idea sobre la trascendencia del alma nació en mí la primera vez que vi a una persona fallecida. Yo tenía doce años. Era mi abuela. Piensa que estábamos en el año 1988 y aún se velaba a la gente en su domicilio. Recuerdo entrar en su habitación, mirar su pequeño cuerpo, su rostro pálido, sus manos huesudas, y pensar: “Esta no es mi abuela... esto es como un cartón... Ah, ahora lo veo claro: nuestra alma se va al cielo y el cuerpo se queda aquí. La esencia de lo que era ella no sé dónde está, pero desde luego aquí no”.

Ahí nació mi primera impresión sobre la vida después de la muerte. Nueve meses más tarde murió mi madre. Entonces yo ya había cumplido los trece años. Ella estaba recibiendo morfina porque sus dolores eran ya insoportables. Murió delante de mi padre. Él, con el coraje propio de un héroe, pidió a las enfermeras que no se llevaran todavía su cuerpo, para que nosotros pudiéramos despedirnos de ella con un beso.

Llegamos rotos, mis hermanos y yo. Besamos su carita bonita y de nuevo pensé: “No sé dónde está tu esencia mamá, pero aquí no”. Y me dije a mí misma: “Mamá, no te preocupes, yo descubriré dónde estás y si estás bien”. Entonces pensé que, desde ese día, me dedicaría a investigar dónde vamos cuando morimos. En el libro explico parte de todo lo que he descubierto alrededor del tema de la muerte y la trascendencia. Y a través de todos los datos recopilados invito al lector a que “recuerde” que somos algo más que un cuerpo.

P: - ¿El miedo a la muerte define nuestra vida?

R: - Para algunas personas, sí. Otras prefieren no pensar en ello. Algunas piensan: “Si no pasa, no existe”, ¿sabes? Yo siempre digo que hay que tenerle respeto a la muerte, pero no miedo, para que no condicione nuestra existencia, si no nunca haríamos nada. Debemos entender que Dios no deja nada al azar, como nos quería mostrar Einstein con su frase: “Dios no juega a los dados”. Ahora no lo entendemos, pero a veces se viven situaciones graves, gravísimas, para despertar dones o vivir experiencias que nos llevarán al siguiente peldaño evolutivo. Nuestra mente consciente busca entender, razonar o explicar lo inexplicable, el alma busca aprendizaje y expansión.

P: - ¿La humanidad está en un ciclo de caos o de cambios?

R: - De caos y de cambios, sin duda. Creo que la humanidad se está empezando a reordenar. ¿Sabes cuándo tienes que recoger una habitación llena de trastos y necesitas organizarte para saber con qué te quedas y con qué no? Primero se crea un caos, en el que todo parece aún más desordenado de cómo estaba. Creo que la humanidad está en eso. Antes del orden perfecto hay un caos natural, y creo que estamos en ese punto.

 ¿Sabes? El planeta Tierra no necesita al ser humano para sobrevivir, al revés, el ser humano necesita del planeta para vivir. Cuidar de él es cuidar de nosotros. A mí lo que me sorprende sobremanera es que parece que, en determinados aspectos, en lugar de evolucionar, estamos involucionando. Cuando yo era pequeña salían en la tele niños africanos desnutridos, con sus panzas infladas y sus brazos flaquitos, llenos de moscas. Hoy seguimos viendo esas mismas imágenes, y eso me parece horrendo. Igual de horrible me parece que siga habiendo guerras. Después de más de cuarenta años, hay cosas que deberían haber cambiado. Estamos muy preocupados por la tecnología y por la exploración del universo, cuando lo que también deberíamos hacer es mirar al prójimo y procurar que no le falte un plato de comida, un vaso de agua limpia y potable o ropa. Algo debemos estar haciendo mal si seguimos sin volver la mirada hacia quien tenemos al lado. Ahí dejo la reflexión.

De todos modos, soy optimista y creo en las nuevas generaciones y en el despertar global de la conciencia para mejorar las cosas y avanzar hacia un planeta en el que vivir y convivir en armonía. Por lo tanto, volviendo a tu pregunta, sí, estamos en un momento de caos y sí, vamos hacia un cambio que espero que sea muy positivo.

P: - ¿Te preocupa el futuro o lo ves con paciencia?

R: - Como te digo, lo veo con una esperanza fuera de lo común, ja, ja, ja... Soy una persona muy positiva. Mucho. Tanto, que creo que estamos en un momento de la historia maravilloso y único. Creo que vamos a vivir cosas muy grandes. Yo creo en el ser humano y en su grandeza. Por eso, en mis terapias, me gusta conectar a las personas con su mejor versión. Ahí está la clave: hacer aquello que amas mientras das un servicio a la humanidad. Cuando llegamos al mundo lo sabemos en nuestro fuero interno, pero nos vamos desconectando poco a poco. Hay que volver a conectar con nuestra esencia para ver el cambio que todos esperamos en el mundo.