Maite R. Ochotorena (San Sebastián, 1970) es una creadora integral. Novelista, guionista de cine, televisión y vídeojuegos, presenta un nuevo libro que va enmarcado dentro del suspense rural. 'Lo nuestro' es una novela ambientada en un pueblo ficticio llamado Barbari, pero que tiene mucho de la vida profunda en Gipuzkoa. La obra nace a partir de la muerte de los padres y de la suegra de la autora en tan solo cuatro años; surge como una necesidad de expresar el dolor y la orfandad. No es un thriller al uso, es una novela que habla de los monstruos que toman cuerpo a partir de nuestros temores. En este diálogo Ochotorena se muestra agradecida ante los lectores que escogen su obra en medio de la gran cantidad de libros que se publican. ¿Saturación de novedades? ¿Hay más escritores que lectores? ¿Qué lleva a una escritora que ha publicado con corporaciones editoriales a lanzar un libro por su cuenta?

Pregunta: - ¿Existen antecedentes del suspense rural en España o con tu obra se inaugura este género?
Respuesta: - No creo que esté inaugurando un género, el suspense rural lleva mucho tiempo entre nosotros, sin ir más lejos tienes 'Lo que la tierra calla', de Iván Baeza, 'Pájaro del noroeste', de Marta del Riego o 'Antes mueren los que no aman', de Inés Plana. Seguro que hay muchos más, y es que el entorno rural ofrece un escenario inigualable a la hora de ambientar una buena historia, inquietante o de terror.

Es la historia de un pueblo, Barbari (ficticio), asolado por un mal que según se dice no es de este mundo

P: - ¿De qué trata tu nueva novela 'Lo nuestro' ?
R: - Habla de las supersticiones, de lo mucho que las creencias ancestrales, las leyendas y los rumores influyen en el día a día de gente que vive aislada, en lugares remotos muy cercanos a la naturaleza. Es la historia de un pueblo, Barbari (ficticio), asolado por un mal que según se dice no es de este mundo, un mal que se lleva a las chicas de los caseríos al amparo de la noche, sin que sus familias sean conscientes de lo que sucede ni encuentren el modo de impedirlo. Aquí de nada sirven los rituales ni los conocimientos más antiguos o la sabiduría popular.

P: - Una criatura se empecina en las chicas jóvenes de los caseríos. ¿El mal necesita de la vitalidad de la juventud?
R: - El mal necesita de mentes predispuestas a creer en él. El mal, desde mi punto de vista, no es sino una manifestación de nuestros temores más íntimos, la proyección de nuestras propias inseguridades, de nuestros desequilibrios y carencias. A veces ese mal se adueña de tal modo de nuestra voluntad que nos convierte en monstruos. No hay monstruos ahí fuera, los monstruos los creamos nosotros.

P: - ¿Algún lector te ha dicho que reconoce el pueblo y los espacios ficticios que describes? ¿Ha sentido miedo?
R: - Barbari es muy reconocible, puesto que me he inspirado en un pueblo real, Zerain, para crearlo. Sus caseríos toman los nombres de los que hay en Zerain, y aunque su distribución no se corresponde con la realidad, hay muchos detalles que aluden a él. Lo que más me ha emocionado es que los lectores, sobre todo los que han vivido en caseríos, me han contado que se han sentido trasladados a su infancia, que las descripciones hacían que llegaran a percibir los olores y sentir que estaban allí de verdad. Cada detalle en esta novela está muy cuidado y me siento orgullosa de haber logrado recrear de forma tan íntima y profunda la vida rural en Gipuzkoa.

Mis hermanos y yo pasábamos verdadero miedo cuando nos quedábamos solos y me dedicaba a contarles historias de miedo

P: - ¿Alguna vez sentiste miedo en la soledad del campo?
R: - De hecho, en mi infancia y juventud pasaba mucho tiempo en una chabola que mis padres tenían en el valle de Ormakio, cerca del Aizkorri, en pleno monte, aislada y solitaria. Mis hermanos y yo pasábamos verdadero miedo cuando nos quedábamos solos y me dedicaba a contarles historias de miedo. Los sonidos que producen los tejados de madera, el viento, la absoluta oscuridad, la sensación de estar completamente solo, disparaban nuestra imaginación. Anécdotas tengo muchas, y me han marcado profundamente.

Este libro lo escribí durante el duelo por la muerte de mis padres y de mi suegra, que se sucedieron desgraciadamente en tan sólo cuatro años

P: - ¿Qué lleva a una escritora que ha publicado con grandes editoriales a publicar por su cuenta?
R: - 'Lo nuestro'  ha sido desde el principio un libro muy especial, personal e íntimo, distinto a lo que he venido haciendo hasta ahora. No es un thriller como los que reclaman las editoriales, y dado que para mí tiene un peso emocional muy grande —lo escribí durante el duelo por la muerte de mis padres y de mi suegra, que se sucedieron desgraciadamente en tan sólo cuatro años—, necesitaba preservar su esencia, protegerla, como una forma de protegerme a mí misma, todo lo que había volcado en sus páginas. Por eso decidí autopublicarlo.

P: - ¿Qué retos te ha supuesto esta obra en lo creativo y después para lograr llegar a los lectores?
R: - El mayor reto fue seguir adelante cuando todo mi ser me pedía lo contrario, cuando me hundía en la tristeza y me sentía huérfana y perdida. Al mismo tiempo, este libro me ha ayudado a transitar el dolor y a superarlo. Ha sido una odisea, cada página me ha costado sudor y lágrimas, y desde el principio supe que no estaba escribiendo como siempre, que estaba creando algo nuevo, con otro tono más íntimo, más envolvente, si quieres poético. No dejarme apabullar por la certeza que tenía de que no iba a encajar en la editorial ha sido otro reto. He querido mantenerme firme, ser fiel a lo que quería contar y no pensar en nada más que en crear una buena historia, tal y como me pedía mi corazón que la contara.

P: - ¿Se publica mucho? ¿Hay más escritores que lectores?
R: - Se publica mucho, sí. Desde que surgieron las plataformas como Amazon que facilitan el salto a la escritura, se ha disparado la oferta. Pero las editoriales también editan y editan una cantidad terrible de obras cada año. Como lectora, tengo la sensación de estar perdiéndome una gran parte de lo que se crea, escoger se vuelve cada vez más difícil. Por eso, cuando pienso que alguien elige uno de mis libros, me siento privilegiada y agradecida.

Uno no deja nunca de ser escritor. O lo eres o no, y si lo eres, no lo dejas nunca, publiques o no

P: - Aunque no publicaras, ¿necesitarías escribir?
R: - Siempre. Es mi forma de comunicarme con el mundo, mi voz verdadera sólo encuentra su camino sobre el papel. Si lo tuviera que dejar, escribiría para mí, o… Bueno, yo creo que uno no deja nunca de ser escritor. O lo eres o no, y si lo eres, no lo dejas nunca, publiques o no.

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