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Edgar Borges: "Una mirada que conozca el mundo solo a través de una pantalla sería cualquier cosa menos una mirada humana"

El escritor venezolano publica 'La trampa. Lo humano ante el absolutismo virtual', una investigación novelada sobre el poder de las grandes tecnológicas, la IA y las relaciones humanas

Andrea Lugo
Edgar Borges ©Camila Borges
Edgar Borges ©Camila Borges

El escritor venezolano Edgar Borges ha publicado 'La trampa. Lo humano ante el absolutismo virtual' (RIL Editores España, 2026), una investigación novelada en la que explora las tensiones entre la experiencia humana y el entorno digital. Para hacerlo, se pone en la piel de Antonio Vallejo, un sociólogo ficticio que investiga el impacto de la tecnología mientras recuerda a Teodora, un amor de juventud con el que sueña reencontrarse.

La narración combina la vida cotidiana de su protagonista con una investigación en la que participan 26 personas reales de distintas disciplinas. Entre ellas figuran la filósofa Corine Pelluchon, la escritora Rosa Montero, el especialista en tecnopolítica Adrián Ramírez y el naturalista Joaquín Araújo. En esta entrevista, Borges reflexiona sobre las redes sociales, el poder de las grandes corporaciones y el lugar de la literatura ante el avance tecnológico.

 

P. ¿La estructura virtual es una trampa para la condición humana?
R. Lo que en un principio fue una vía para buscar información, comunicarse y conocer personas, desencadenó en una emboscada de algoritmos. Los intereses de cinco capos tecnológicos asomaron los colmillos más allá de la aparente libertad. Hoy vivimos una auténtica batalla entre los millones de personas que utilizan las redes sociales para compartir algo personal o de interés colectivo y los cinco capos que, a fuerza de trolls, algoritmos y bots, pretenden determinar la realidad del mundo.  Llámalo tecnofeudalismo o tecnocapitalismo, pero más allá del nombre hay el objetivo real de barrer libertades y derechos a través de un tecnofascismo global. De fondo hay una trampa en fragmentar la versión colectiva de la realidad. Cada individuo una isla. Sin embargo, justo es decir que hay una alta resistencia de una parte de la humanidad. Un ejemplo es la red social Twitter (insisto en llamarla así), por más que el nuevo dueño se empeñe en vender modelos fascistas, son muchos los usuarios que la utilizan para desenmascarar los bulos y las granjas de bots. La batalla es desigual por los recursos, pero no por la dignidad.

P. ¿Qué consecuencias tendría para la humanidad un absolutismo virtual?
R. Si se llegara a instaurar un absolutismo virtual, sin duda alguna que dejaríamos de ser humanos, por lo menos bajo la condición pensante y sensible que hasta ahora nos determina. La vida presencial, la vida compartida, es lo que nos hace humanos. Una mirada que conozca el mundo solo a través de una pantalla sería cualquier cosa menos una mirada humana. El individuo debe atravesar la humanidad con su propia experiencia. El mundo no puede ser una versión diseñada por Elon Musk, aceptar eso sería de borregos. Se supone que somos seres pensantes lo que, ante la imposición de un modelo de absolutismo virtual, debería llevarnos a una rebelión global. Cualquier respuesta sería válida antes de perder la complejidad de la existencia humana.

P. Si la tecnología no es neutral, ¿qué persiguen los magnates de las grandes corporaciones?
R. La colonización del cerebro humano; la pretensión de un daño cognitivo generalizado es un hecho. Golpear la atención hasta volvernos radicalmente pasivos ante la realidad exterior. Meta podría pagar todas las demandas que le llegan en Estados Unidos y a nivel internacional por diseñar deliberadamente plataformas que generan adicción en menores y deterioran la salud mental, pero jamás podrá pagar todo el daño ya causado a varias generaciones. ¿Qué situación futura enfrentará la humanidad a causa de estos desequilibrios generalizados? Los dueños de esas corporaciones representan una tecnooligarquía que, por la bendición del dinero, se cree merecedora de cambiar el destino del mundo según la retorcida fantasía que comparten. Lo primero que buscan es clausurar el pensamiento; de esa manera nos trazan las líneas de una sociedad automatizada según sus conveniencias. Dinamitar la capacidad de atención. Que de tanta velocidad no seamos capaces de detenernos a reflexionar sobre el abismo a donde nos están arrojando. Ese fue el fin de las redes sociales, ese es el paso definitivo que pretenden dar con la mal llamada inteligencia artificial como el huracán absoluto que arrase con la profundidad humana. Bastaría con prestarle atención (la tan bombardeada atención) a las declaraciones de Musk, de Gates o del iluminado de Meta, serían delirantes si no fuera porque se creen merecedores de dirigir el futuro de todos. Yo me pregunto en dónde está la política que permite que de un clic cinco sociópatas pulvericen la democracia, los derechos y las libertades de todos.

P. ¿Consideras irreversible la transformación de la condición humana hacia el transhumanismo?
R. Todavía me cuesta creer que los seres humanos seamos tan dóciles como para permitir que nos conviertan en cosas al servicio de grupos de poder. Ya sabemos que Elon Musk calcula que "cada robot humanoide podría tener una productividad equivalente a unas cinco personas, lo que los haría colectivamente más productivos que toda la humanidad", y que también dice que "la inteligencia digital superará la suma de toda la inteligencia humana en un plazo de aproximadamente 5 años". Los humanos pensantes y sensibles estamos advertidos, si permitimos que este hombre que dice que "la empatía es la derrota de occidente" guíe el futuro del planeta, entonces la tan promocionada estupidez nos habrá vencido. La tecnología, todas las tecnologías, tienen sentido si están al servicio de lo humano. De igual manera lo humano tiene que rechazar toda pretendida forma de progreso que excluya nuestras facultades.

P. La obra combina investigación novelada, documentación y literatura híbrida. ¿Cómo surgió la idea de escribirla?
R. En el año 2012 me publicaron el libro 'El hombre no mediático que leía a Peter Handke', el estilo y la estructura lo acercaban a la idea de un diario novelado. Ahí contaba el trabajo de un investigador en tiempo real; ese investigador era yo, en primera persona. De ese libro me surge la idea de escribir una investigación novelada, pero esta vez con un investigador ficticio, alejado en buena medida de mi realidad. 'La trampa. Lo humano ante el absolutismo virtual' es un libro puente entre diversas corrientes, como la narrativa, la investigación, el ensayo, la entrevista, el aforismo. Aparte del tema, que me interesaba mucho trabajar, tenía intenciones de intentar otros registros. La literatura debe retar a los escritores, también a los lectores, y mucho más ahora cuando nos quieren vender el molde del facilismo. Quizá, de nuevo y como siempre, la obsesión más urgente del arte (más allá de la industria) termine siendo erizarnos la piel, recordándonos que somos humanos.

P. En lugar de capítulos, divides la obra en "movimientos". ¿Por qué elegiste esta estructura?
R. El libro se divide en Movimientos para contradecir la inercia de existir ante una pantalla. Andar es una fuerza que aparece una y otra vez en la historia; el investigador camina mucho, en distintas velocidades. Anda y observa, eso lo hace sentirse vivo. En La trampa se insiste mucho en la importancia de caminar, de transitar. Incluso hay una pregunta muy reiterativa que le hago a los entrevistados: ¿Te gusta caminar?

P. Acudes a un investigador ficticio llamado Antonio Vallejo. ¿Es tu alter ego?
R. No, si bien Antonio y yo tenemos algunos puntos en común, quise crear un investigador ficticio por una razón básica: reflejar la paranoia de un personaje ante la estructura digital. Antonio Vallejo estudió sociología, pero no pudo ejercer debido a que esa es una de las profesiones que en el hipotético mundo del libro están en decadencia, gracias a la imposición de la mal llamada inteligencia artificial. Yo no estudié sociología, tampoco sufro de paranoia hacia lo virtual. Creo que lo virtual, como cualquier creación que se pretenda colectiva debe democratizarse. Si la estructura digital estuviera, de fondo, en manos de muchos, la historia sería otra. Yo observo el tema con frialdad, no con angustia.

P. ¿Quién es Teodora?
R. Teodora es un amor que nunca se concretó en la vida de Antonio Vallejo; ambos fueron compañeros de estudio en la universidad. En el presente del libro ella trabaja en un centro de apoyo a los migrantes; lo curioso es que nunca aparece presencialmente en la historia. Teodora solo se hace presente en los recuerdos del investigador y a través de dos o tres correos electrónicos que le responde, después de que él le enviara muchos; también es ella quien le deja en la recepción de su trabajo su cuaderno de contactos en el cual aparecen las personas que recomienda entrevistar para su investigación. Debo decir que el nombre y ciertas características de Teodora se me ocurrieron cuando conocí a una pianista serbia llamada igual.

P. En un fragmento de la historia, Teodora, quien es pianista, discute con un periodista que le cuestiona que su gato se llame Yugoslavia. El entrevistador afirma que ponerle ese nombre es una provocación, a lo que ella responde: “¿Provocación? ¿Le parece a usted, hijo de la grandísima OTAN, que Yugoslavia sea una provocación?”
R. (Risas). La geopolítica hasta en la vida de los gatos.

P. Al inicio del libro das las gracias a las veintiséis personas participantes por “decir sí a la primera”. ¿Por qué ellas?
R. Todas por sensibles y pensantes; unas eran amigas, otras no, pero igual aceptaron de una. De mi parte mi respeto y admiración para todas. Y si me lo permites, despido la entrevista citándolas. Corine Pelluchon (Filósofa. Francia), Rosa Montero (Escritora y periodista. España), Chantal Maillard (Filósofa y poeta. Bélgica), Ah Yi (Escritor. China), Lisz Hirn (Filósofa. Austria), Chioniso Tsikisayi (Poeta, cantante y cineasta. Zimbabue), Ernesto Castro (Filósofo. España), Antoni Gutiérrez-Rubí (Asesor de comunicación. España), Laura Santander (Psicóloga. Venezuela), Laura París Mejía (Psicóloga. Colombia), Jesús Molero (Psicólogo. España), Gianfranco Pecchinenda (Sociólogo. Italia), Luigi Caramiello (Sociólogo. Italia), Adrián Ramírez (Periodista y consultor de tecnopolítica. Argentina), Joumana Haddad (Escritora y periodista. Líbano), Irene Domínguez (Poeta. España), Maite R. Ochotorena (Escritora. España), Coque Malla (Cantautor. España), Georg Pichler (Escritor e investigador. Austria), Nahia Laiz (Actriz y directora. España), Juanjo Castro (Director de cine. España), Darío Adanti (Historietista. Argentina-España), Rafa Ruiz (Periodista. España), Paqui Caballero (Psicopedagoga y mentora espiritual. España), Laura Giordani (Poeta. Argentina-España) y Joaquín Araújo (Naturalista y escritor. España).

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