En el imperio del clickbait, una historia puede dar la vuelta al mundo antes de que nadie se haya preocupado por comprobar si es cierta. La periodista y escritora Agnès Marquès (Barcelona, 1976) se topó con una de ellas mientras buscaba material para una nueva novela. 'Brutal venganza de una mujer con su marido y su amante', decía el titular. La historia partía de un anuncio supuestamente publicado en el periódico de un pequeño pueblo de Texas, en el que una esposa engañada felicitaba públicamente a su marido y a la mujer con la que este esperaba un hijo. Había sido reproducida en medios en castellano, catalán y alemán, aunque nadie parecía haberse preocupado demasiado por investigar qué había sucedido realmente: en muchos artículos ni siquiera aparecía el nombre del periódico que había publicado el anuncio.

Lo que sí abundaban eran los juicios de valor. Marquès señala que los lectores aplaudían a la esposa, “despellejaban” a la amante y, significativamente, reservaban buena parte de su indulgencia para el marido. La periodista, sin embargo, recuerda que estamos hablando de tres personas reales: tres vecinos dn pequeño pueblo del cinturón bíblico de Texas que vieron cómo uno de los episodios más dolorosos de sus vidas traspasaba todas las fronteras y acababa reproducido en idiomas que ni siquiera conocían. Bastaba con introducir sus nombres en Google para que aquella parcela de su intimidad volviera a quedar expuesta. Fue esa violencia, la de convertir el dolor ajeno en un relato de consumo rápido sobre el que todos parecían autorizados a opinar, la que conmovió a Marquès y acabó proporcionándole el punto de partida de 'La segunda vida de Ginebra Vern' (Destino), la novela con la que ha ganado el Premio Ramon Llull 2026.

Frente a esa pulsión por juzgar deprisa, Agnès Marquès reivindica detenerse, acercarse y tratar de comprender. “Somos mucho más intolerantes con las personas cuando no nos acercamos y las conocemos”, sostiene. Es una idea que atraviesa La segunda vida de Ginebra Vern, pero que también remite a su manera de entender el periodismo: “Cuando profundizas en las historias aparecen los matices y la complejidad, y entonces no haces tanto juicio rápido”.

Entrevista con Agnès Marqués: "Muchos lectores tienen la sensación de haber acompañado a una persona en un momento clave de su vida"

Hemphill es una ciudad ubicada en el condado de Sabine en el estado estadounidense de Texas.  © Imagen del archivo personal de Agnès Marqués

P.- 'La segunda vida de Ginebra Vern' ganó la última edición del premio Ramon Llull. ¿Qué significa este reconocimiento para ti?
R.- Impresiona compartir un premio tan importante como este con autores de tanto nivel como Pero Gimferrer, Carme Riera, Terenci Moix o Baltasar Porcel, entre otros. Estoy muy contenta. Yo hice el mismo viaje que Ginebra y mi experienca personal fue tan potente que me lancé de cabeza. Me parecía muy diferente, me dio un subidón y me presenté al premio. Fue una sorpresa ganar.

P.- El anuncio con el que empieza la historia ¿es real?
R.- Sí, era un artículo que se había hecho viral varios años antes. Yo estaba buscando historias y encontré un artículo publicado en castellano, catalán y alemán titulado: 'Brutal venganza de una mujer con su marido y su amante'. Cliqué y me en los comentarios había gente que aplaudía a la esposa y despellejaban a la amante, mientras que a él lo alababan en general. Todo esto me conmovió. Estas tres personas existían realmente en un pequeño pueblo de Texas. Encontré sus perfiles en redes sociales y empaticé muchísimo con ellos: imagínate que vives en un pueblecito aislado, en el llamado cinturón bíblico de la América profunda, pones tu nombre en Google y sale este pedacito tan doloroso de tu vida, reproducido en lenguas que no conoces y que ha llegado a todos los rincones del mundo. 

Ese fue el punto de partida de la novela. A mi protagonista le encargan escribir ese artículo que luego se hizo viral. ¿Era una historia real o no? Nadie daba las fuentes oficiales y, en la mayoría de artículos, ni siquiera salía el nombre del periódico en el que había sido publicado el anuncio. 

La realidad supera la ficción, por supuesto, pero en la novela hay mucho de ficción

Agnès Marquès en Hemphill © Imagen del archivo personal de Agnès Marqués

P.- ¿Crees que la realidad supera la ficción?
R.- La realidad supera la ficción, por supuesto, pero en la novela hay mucho de ficción. He querido jugar en este espacio que hay entre la verdad y el relato publicado de la venganza de una mujer. Nadie investigó aquella historia.

P.- Es algo que, lamentablemente, sucede mucho en el periodismo, aunque eso para mí no es periodismo.
R.- El problema es que lo llamamos periodismo. Tendríamos que buscar otro nombre para eso. Este tipo de historias buscan solo tráfico y proponen al lector todo lo contrario del periodismo, que ofrece matices para que acabes de formarte tú una opinión y pide tiempo. Sin embargo, aquí lo que se busca es que nos posicionemos rápida y emocionalmente sobre la cuestión para después olvidarla.

Los periodistas nunca debemos dejar de preguntarnos qué hago yo con esta información, a quién va a impactar y qué repercusión va a tener

P.- ¿Te has encontrado con dilemas éticos en tu función de periodista? 
R.- Los periodistas nunca debemos dejar de preguntarnos qué hago yo con esta información, a quién va a impactar y qué repercusión va a tener, ¿va a transformar la sociedad? Siempre hay dilemas de este tipo. Nunca he tenido que escribir, como Ginebra, un artículo con el que no he estado de acuerdo ni me he encontrado en la situación de precariedad que sufre ella. Es una situación que pasa mucho en el periodismo hoy en día: no quieres escribirlo, pero tienes una familia. No es que lo justifique, pero lo entiendo. 

P.- Has pretendido con esta novela reivindicar el periodismo, justo en un momento de crisis de la profesión por la proliferación de noticias falsas.
R.- Sí, es algo que me molesta mucho porque este oficio, que es muy vocacional, me gusta mucho. Hace falta que los lectores sepan de la existencia de estas prácticas engañosas que sólo buscan tráfico.

A mí me ha pasado, en Cataluña tengo cierta popularidad porque he trabajado en radio y televisión. Me he encontrado con artículos que han hecho a partir de una foto mía en Instagram y ni siquiera me han llamado para confirmar. La literatura puede dejar ahí su huella. 

Somos mucho más más intolerantes con las personas que cuando nos acercamos y las conocemos

 

P.- ¿Qué feedback te han dado los lectores?
R.- Me ha pasado algo muy bonito: muchos lectores tienen la sensación de haber acompañado a una persona en un momento clave de su vida. Ella está muy sola enfrentada a un dilema que no puede compartir con nadie. Me dicen que se sienten parte de la historia y un poco cómplices, con la sensación de: 'A mí me ha confiado también su secreto'.

Por otro lado, con lo que más me divierto en la escritura es con la construcción de personajes. No comparto algunas decisiones que han tomado los dos personajes principales, Ginebra y Emma, la amante, pero comprendo cómo han llegado hasta ese punto. Somos mucho más más intolerantes con las personas que cuando nos acercamos y las conocemos. Pasa también con los periodistas cuando profundizan en las historias y aparecen los matices y la complejidad, entonces no haces tanto juicio rápido. 

Me gusta mucho que me lo comenten en las presentaciones y en los clubs de lectura. Yo quería que rezumara de alguna manera humanidad y con la sensación de: 'se pueden hacer las cosas de otra manera'.

Llama mucho la atención que un pueblecito tan pequeño tenga siete u ocho iglesias, tocan a una por cada 150 habitantes más o menos

P.- ¿Viajaste a Texas?
R.- Sí, ya tenía la novela muy avanzada, digamos que las había espiado en la distancia, pero no puedes acceder a todo. Necesitaba darle veracidad y viajé hasta allí, la verdad es que fue un acierto. Fue en enero, hace dos años, en plena ola de frío. Llama mucho la atención que un pueblecito tan pequeño tenga siete u ocho iglesias, tocan a una por cada 150 habitantes más o menos. Está la baptista, la metodista, la iglesia de Jesús, la pentecostal, la católica, la evangélica, los predicadores...

En Hemphill o primero que te preguntan es si te gusta Donald Trump y si crees en Dios


Agnès viajó a Hemphill para conocer de primera mano cómo es este pequeño pueblo del cinturón bíblico de Texas © Imagen del archivo personal de Agnès Marqués

P.- Tuviste que ser el acontecimiento del año.
R.- Era algo bastante exótico. Había gente que ni siquiera les sonaba Barcelona, tampoco Madrid. España sí y conocían Zaragoza por una aparición mariana. Es su cultura, muy marcada por la religión. Hay restaurantes en los que no sirven alcohol por cuestiones religiosas. 

Me hice amiga de una señora de 70 años que me vio sola en el pub del pueblo y me dijo que quería saber quién era y que le explicara mi vida. Lo primero que te preguntan es si te gusta Donald Trump y si crees en Dios. Tenía preparada una respuesta en plan simpático para eludir el tema apelando a que era europea, pero no lo pillaban. Esta señora había sido empresaria de rodeo y nunca había salido de Estados Unidos. En mayo vino a verme a Barcelona y me dijo que venía con un poco de miedo porque no sabía que se iba a encontrar con una guerra. Se refería a Ucrania.

P.- ¿Qué piensa ella de Trump?
R.- Son muy pro Trump. Ellos tienen una visión de Trump de un hombre que hace bien las cosas y mira por sus intereses, que habla su idioma y les habla de sus miedos, aunque no sé qué miedos pueden tener: por ejemplo, se habla de inmigración, pero allí no hay ni un solo inmigrante y la comunidad afroamericana está integrada desde hace muchísimos años. A pesar de todo, tienen ese discurso muy dentro.

P.- Sobre el conflicto Gaza e Israel ni hablamos, ¿no?
R.- Nada. Hay una anécdota en la novela muy ilustrativa. Ginebra se encuentra con dos mujeres en el pub que le explican que el Museo de la Nasa que se encuentra en el pueblo es un homenaje al transbordador Columbia, que estalló en 2003 cuando entró en contacto con la atmósfera. Los restos de la nave se encontraron en los bosques cercanos a Hemphill. Ellos aseguran que uno de los tripulantes, que era judío, apareció dormidito en medio del bosque. A mí me lo explicó Bebop, mi amiga de 70 años y lo decía completamente en serio.

P.- ¿Piensas volver algún día?
R.- Quedé prendada de ellos. Hay algo muy inocente en su forma de ser, no tienen más mundo que el suyo.

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