La Riviera es uno de los recintos más emblemáticos de la capital madrileña. El pasado jueves 5 de noviembre se convirtió durante hora y media en el patio de juegos de Cristina Vela, una artista sevillana que responde al nombre de Juicy BAE y metió a 2.500 personas en el venue. Una cifra que refleja la fidelidad de sus oyentes y, sobre todo, lo bien trabajada que está su trayectoria desde hace años para atar una fanbase tan leal.
Un concierto que abrazó todas las etapas de Juicy BAE, desde PTSD a Perreando a escondidas. Una amplia variedad de registros que convergen en un guitarrista y un batería que ponen sonido en su forma justa, presentes, brillantes, pero no invasivos. La cantidad de artistas del espectro urbano que han querido contar con banda para sus directos estos últimos años se ha triplicado y la mayoría, en la búsqueda de sobreprocesar un show, acaban perdiendo su esencia, como ya le pasó a Duki en el Bernabéu.
Las reversiones de canciones como BITCH junto a Hoke, cuya presencia sorprendió hasta al más confiado, ayudaron a mantener la atmósfera en ese espectro sucio y callejero, pero sin perder ese toque classy que te da el traer una propuesta con una banda. La propuesta vino acompañada de cuatro bailarinas que también aportaron presencia al escenario acompañando a Cristina en determinadas canciones.
Recuperando la materia featurings, la presencia de Hoke hizo temblar los cimientos de La Riviera, al igual que la de Recycled, pero la que terminó de destruirlos fue L0rna al ritmo de Chin chin. La entrada con la arrolladora energía de la artista murciana, que tampoco va corta de presencia en escenario, fue sin duda uno de los momentos de la noche con los decibelios más altos.
Más allá de las colaboraciones, la capacidad de Cristina para sostener un espectáculo que se hizo corto es de recalcar. Juicy BAE tiene un repertorio de colaboraciones enorme, pero con un espectáculo a este nivel no se echó en falta ningún invitado gracias, sobre todo, a la buena acción de no cortar los versos de los artistas no presentes, que, por desgracia, no suele ser lo común y corta bastante la energía del concierto.
El cierre de gira de El Secreto deja una lectura clara: Juicy BAE no necesita demostrar que tiene un sitio dentro de esta escena. Lleva años labrándoselo, presentando proyectos serios con una base artística interesantísima y presentándose en los festivales más importantes de nuestro país. La industria musical de este país se entiende muy bien en un tuit del productor Baby Pantera que narra: «La envidia del español no es conseguir un coche como el de su vecino, sino conseguir que el vecino no tenga coche».
Los grandes artistas son esos capaces de salir de ese círculo de odio y hacer que su música sea lo que hable por encima de todo. Con todo esto dicho, La Riviera no será el recinto más grande que llene la sevillana en concierto propio.
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