La trayectoria de Fela Kuti está atravesada por una paradoja incómoda: fue uno de los artistas más perseguidos de África por su enfrentamiento directo con el poder y, casi treinta años después de su muerte, recibió en 2026 un Premio Grammy honorífico que reconocía su influencia decisiva en la música contemporánea. Ese reconocimiento tardío no borra el conflicto que marcó su vida, pero confirma su peso histórico.
Fela murió en 1997 en Lagos, a los 58 años, por complicaciones derivadas del sida, una enfermedad sobre la que se negó a recibir tratamiento médico convencional. Su fallecimiento cerró una vida marcada por la confrontación política, la creación artística radical y una relación constante con el riesgo.
Funmilayo Ransome-Kuti: la raíz feminista y anticolonial
Nada en Fela fue accidental. Su madre, Funmilayo Ransome-Kuti, fue una de las figuras más importantes del feminismo africano del siglo XX y una activista clave contra el colonialismo británico en Nigeria. Lideró movilizaciones de mujeres, combatió impuestos coloniales abusivos y defendió la participación política femenina en un entorno profundamente patriarcal.
Esa militancia tuvo un precio: detenciones, agresiones y vigilancia constante. Fela creció en un hogar donde la política no era teoría, sino práctica cotidiana. Esa herencia feminista y anticolonial explica por qué su música nunca fue neutral ni conciliadora.
El afrobeat que Fela creó no fue solo una fusión de jazz, funk y ritmos yoruba. Fue una herramienta política diseñada para sostener discursos largos, insistentes y difíciles de ignorar. Canciones extensas, estructuras repetitivas y letras directas convertían cada tema en un acto de denuncia.
Al optar por cantar en inglés, Fela buscó conscientemente que su mensaje llegara más allá de Nigeria. Hablaba a una África fragmentada por el colonialismo y a una diáspora negra que reconocía en sus canciones una experiencia compartida de explotación y desigualdad.
Nigeria como escenario de persecución
En su propio país, Fela Kuti fue tratado como una amenaza permanente. Compareció cientos de veces ante los tribunales, fue encarcelado en varias ocasiones y sufrió redadas constantes. Su comunidad autogestionada, la Kalakuta Republic, fue atacada violentamente en 1977 por fuerzas militares.
Durante ese asalto, su madre fue arrojada por una ventana desde gran altura y murió meses después a causa de las heridas. A partir de ese momento, el discurso de Fela se volvió aún más frontal y explícito contra el Estado nigeriano y sus estructuras de poder.
La crítica de Fela no se limitó a los gobiernos africanos. Señaló de forma reiterada a Estados Unidos, Reino Unido y a las instituciones internacionales como responsables del sostenimiento de regímenes corruptos en África. Denunció el neocolonialismo económico y cultural y atacó directamente a líderes occidentales en su música.
Álbumes como Zombie o Beasts of No Nation convirtieron el afrobeat en un espacio de confrontación política directa, sin metáforas suavizantes ni voluntad de consenso.
Sida, enfermedad y final de una vida extrema
En la década de 1990, la actividad de Fela comenzó a disminuir. Circularon rumores sobre su estado de salud y su negativa a tratarse médicamente. Tras su muerte en 1997, se confirmó que falleció por complicaciones relacionadas con el VIH/sida, una circunstancia que añadió controversia a su figura y alimentó debates sobre sus creencias, su estilo de vida y su rechazo a la medicina occidental.
Para muchos de sus seguidores, su muerte fue también consecuencia indirecta de décadas de violencia institucional, persecución y desgaste físico y psicológico.
Del rechazo al Grammy de 2026
Durante años, la industria musical occidental ignoró a Fela Kuti por incómodo, excesivo y abiertamente político. Sin embargo, en 2026 la Academia de la Grabación le concedió un Grammy honorífico a la trayectoria, reconociendo su papel como creador del afrobeat y su influencia duradera en la música africana y global.
El premio llegó cuando la música africana ya ocupaba un lugar central en la industria internacional, subrayando la contradicción de un sistema que primero margina y después celebra. Hoy, Fela Kuti es una figura esencial de la cultura africana contemporánea. Su influencia atraviesa generaciones y géneros, desde sus hijos Femi y Seun Kuti hasta artistas globales que han reivindicado su obra y su pensamiento.
Hijo de una madre feminista, enemigo declarado del imperialismo, perseguido en vida y fallecido por sida, Fela Kuti sigue siendo una figura incómoda incluso cuando recibe homenajes póstumos. El Grammy de 2026 no lo suaviza: confirma que su voz fue demasiado grande para ser ignorada para siempre.