León Tolstói había alcanzado el éxito como escritor, tenía una familia numerosa y disfrutaba de una posición económica privilegiada. Había publicado Guerra y Paz y estaba terminando Ana Karénina, pero nada de aquello evitó que comenzara a hacerse una pregunta que acabaría cambiando su vida: ¿para qué servía todo lo que estaba haciendo?
El escritor ruso atravesó entonces una profunda crisis personal que años después relató en Confesión. Fue durante aquella búsqueda cuando escribió una de sus frases más conocidas: "El único conocimiento absoluto que puede alcanzar el hombre es que la vida no tiene sentido". La frase forma parte de un razonamiento mucho más amplio. Tolstói intentaba averiguar si la ciencia, la filosofía o el conocimiento podían ofrecerle una respuesta sobre el sentido de la existencia. Durante un tiempo llegó a la conclusión de que no podían hacerlo.
De Guerra y paz a una profunda crisis personal
Tolstói nació en 1828 en Yásnaya Poliana, una finca situada al sur de Moscú que pertenecía a su familia. Procedía de la antigua nobleza rusa y quedó huérfano siendo todavía un niño. En 1844 comenzó a estudiar en la Universidad de Kazán, aunque terminó abandonándola sin obtener ningún título. Durante su juventud pasó largas temporadas entre Moscú y San Petersburgo, bebía, jugaba y llegó a acumular deudas. Su vida cambió después de acompañar a su hermano Nikolái al Cáucaso. Tolstói terminó entrando en el ejército y participó en la Guerra de Crimea. Estuvo en Sebastopol durante el asedio de la ciudad entre 1854 y 1855 y aquella experiencia apareció después en sus Relatos de Sebastopol.
Para entonces ya había comenzado a publicar. Su primera novela, Infancia, apareció en 1852 y fue seguida por otras obras hasta que en la década de 1860 comenzó a trabajar en el libro que lo convertiría en uno de los grandes escritores de su tiempo. Guerra y Paz se publicó en 1869. Años después llegó Ana Karénina, publicada entre 1875 y 1877. Ambas terminarían convirtiéndose en sus dos novelas más conocidas. Sin embargo, fue precisamente durante aquellos años de éxito cuando Tolstói comenzó a atravesar una grave crisis.
La pregunta que atormentaba a Tolstói
Mientras terminaba Ana Karénina, el escritor empezó a preguntarse qué sentido tenía su vida si tarde o temprano iba a morir. La cuestión fue ocupando cada vez más espacio en sus pensamientos. La situación llegó a preocuparle seriamente. Según recoge su biografía, Tolstói llegó a guardar bajo llave armas y cuerdas por miedo a quitarse la vida.
El problema que se planteaba era relativamente sencillo de formular. Tolstói podía seguir escribiendo, ganar más dinero, cuidar de su familia o conseguir todavía mayor reconocimiento, pero quería saber qué importancia tendría todo aquello ante la certeza de la muerte. Buscó una respuesta en la ciencia y en la filosofía. También recurrió a algunos de los grandes pensadores que habían intentado responder a preguntas similares. No encontró lo que buscaba. En Confesión explicó el proceso y llegó a escribir: "El único conocimiento absoluto que puede alcanzar el hombre es que la vida no tiene sentido".
Qué quería decir Tolstói cuando afirmó que "la vida no tiene sentido"
La frase puede resultar engañosa cuando se lee de manera aislada. Tolstói no terminó su reflexión aceptando simplemente que la existencia carecía de sentido. En Confesión estaba relatando precisamente el camino que había seguido mientras intentaba encontrar una respuesta. Una de sus conclusiones fue que el conocimiento racional no conseguía explicarle para qué debía vivir.
El dinero tampoco solucionaba el problema. Ni la fama, ni su posición social ni siquiera el éxito de sus libros conseguían responder a la pregunta que se estaba haciendo. La crisis se produjo, además, cuando Tolstói ya había conseguido buena parte de aquello que había perseguido durante su juventud. Tenía reconocimiento, dinero, una familia y una carrera literaria consolidada. Nada de eso le parecía suficiente para responder qué sentido tenía seguir viviendo si la muerte terminaría borrándolo todo.
La religión cambió su vida
Tolstói comenzó entonces a interesarse por la fe de la gente corriente y terminó desarrollando una interpretación propia del cristianismo. Su forma de entender la religión estaba especialmente influida por las enseñanzas de Jesús y el Sermón de la montaña. Defendió la no violencia, el pacifismo y una vida cada vez más alejada de la riqueza y de los privilegios con los que había crecido. Aquellas ideas también provocaron su enfrentamiento con la Iglesia ortodoxa rusa, a la que consideraba alejada del verdadero mensaje cristiano. Finalmente fue excomulgado en 1901.
Su transformación afectó también a su vida familiar. Tolstói intentó renunciar a parte de sus propiedades y a los derechos de autor de algunas de sus obras, algo que provocó numerosos conflictos con su esposa, Sofía. Al mismo tiempo, sus ideas sobre la resistencia no violenta comenzaron a difundirse fuera de Rusia. Una de las personas sobre las que ejercieron mayor influencia fue Mahatma Gandhi, con quien llegó a mantener correspondencia.
Los últimos años de Tolstói
La contradicción entre sus ideas y la vida que llevaba siguió acompañándolo durante sus últimos años. Había nacido dentro de la aristocracia y poseía una importante finca, pero cada vez defendía una existencia más sencilla y alejada de la propiedad. En 1910, con 82 años, decidió abandonar Yásnaya Poliana acompañado por su hija Aleksandra y su médico. La prensa siguió sus movimientos y su huida terminó convirtiéndose en un acontecimiento internacional.
Pocos días después enfermó de neumonía y murió en la estación ferroviaria de Astápovo. Sus restos fueron enterrados en Yásnaya Poliana, en una tumba sin cruz ortodoxa. La crisis que había comenzado décadas antes terminó modificando casi todos los aspectos de su vida. Tolstói nunca se limitó a afirmar que la existencia no tenía sentido. Buena parte de sus últimos años estuvieron dedicados precisamente a intentar encontrarlo.
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