El sueño de la viralidad produce monstruos. En noviembre de 2025 saltaba la noticia: el dúo malagueño formado por Illo Juan y Spok Sponha, Los Diozes, firmaba con Sony Music para el lanzamiento de su segundo disco, MESÓN MASÓN, publicado la semana pasada. Y las redes empezaron a excretar. Unos defendían que era humor y que no había que darle más vueltas; otros clamaban indignados que cómo podía ser eso, que era una falta de respeto a la música y exigían, casi, una sesión de latigazos en medio de una plaza. Esa coherencia sería mínimamente creíble si no fuera porque algunos de los que defienden el valor supremo del arte son los mismos que, por ejemplo, abren bien la boca para divulgar y tragar todo lo que hace Bb Trickz, en una especie de orgía de feligreses. Lo de Illo Juan no vale, lo de Bb Trickz sí porque como el meme este del niño… “es la moda tío”.
Ni a Sony ni a ningún sello les importa en absoluto el arte, les importa la rentabilidad, alguien que ya tenga muchos ojos puestos sobre él para ir sobre seguros y que la inversión sea lo menos riesgosa posible. Si una rata se hace viral mañana por cualquier tontería, es probable que una major entable acercamientos para ficharla. Sony fichó a ambos por esto mismo: Bb Trickz pegó una explosión viral en Tik Tok por el cacho rapeado de “mi novio se cree que es rapero / lo que es, es mamahuevo” e Illo Juan lleva siendo un avatar famosísimo del cachondeo de la cultura digital y polo de atracción masivo desde hace bastantes años. La cultura del streaming y el clipping catapultó a Illo Juan; la del conflicto y el enfrentamiento -algunos linkedianos lo llaman marketing- a Bb Trickz con sus peleas provocadas por ella misma con Metrika, Yung Beef o Bad Gyal, esta última en Nueva York, donde el propio equipo de Bb Trickz fue el encargado de grabar y difundir el enfrentamiento para generar ruido e interacciones en redes, según reveló la propia Bad Gyal en GRIMEY TV. En definitiva, a los dos se les conoce más por otras cuestiones que por su música. La música para ellos solo es un complemento, no un traje de expresión.
Otra semejanza entre los dos es que el grueso de ambos públicos los sigue por, digámoslo así, su trama, no por su desempeño musical, sino por su persona(je), su vida y lo que proyectan. Sin ir más lejos soy el primero al que le parece curiosísimo el personaje vital de Bb Trickz y tengo coleccionadas todas las revistas y periódicos donde ha ido apareciendo. Pero en la cultura de la idolatría hay gente que dice “yo es que tengo confianza ciega en ella”, como si fuera la Virgen del Rocío o le estuvieran apostando al Bet365, para luego cuando saque una canción más o menos potable desenfundar la escopeta del “¡ves, te lo dije!, ¿ahora qué?”, colgarse la medalla de papel albal por “confiar desde el principio” y atizar a los demás, eso es lo que verdaderamente les importa: validar su gusto. Pero un reloj roto también da la hora bien dos veces al día y a día de hoy, a tres de junio de 2026 y con ya tres años de carrera, Bb Trickz ha ido dando palos de ciego y musicalmente ha demostrado muy poco.
Y no hay mayor evidencia de que te importa la curaduría músical entre poco y nada que confiar a ciegas en un artista. Para ciertos sectores, aunque nunca lo vayan a reconocer, la defensa férrea del criterio musical depende de lo viable que vean poder entablar una relación con el artista de turno y que les pueda brindar o no una potencial entrevista o algún tipo de contenido. En España tenemos casos de Youtubers que han aprovechado el público cultivado para metamorfosearse como la cucaracha de Kafka en presuntos cantantes y ahí siguen, y no para hacer canciones puntuales sino que se dedican a ello. Si Bb Trickz dice “me gusta que me den golpes [...] puta final boss” -así durante un minuto y medio- es simplemente un tipo de arte que solo los tocados por Dios todopoderoso pueden entender, ahora bien, si Illo Juan rapea “¿Por qué los niños que no son de barrio ven ahora JC Reyes? / ¿Por qué todas las niñas de Marbella tienen cara de muñequita? / parece que todas las chavalas son primas hermanas de Lola Lolita”, es un insulto a la música. Aclárense. Más aún cuando uno no se dedica a la música y se ve a leguas que es puro cachondeo.
Lo de Illo Juan y Los Diozes es claramente una música de broma, la de Bb Trickz es una broma de música. Si vamos a ser más papistas que el papa y a defender el criterio en el arte, que me parece perfecto y necesario, empecemos primero por cuestionar “lo nuestro”, los artistas que tenemos en casa, que algunos sí que son una broma pero del mal gusto, y no miremos tanto a otros que al final, más allá de sonar un verano y divertirse puntualmente haciendo canciones cada dos años, son extranjeros en el habitual circuito musical. Por cierto, Spok Sponha merece hacer un disco en solitario con un presupuesto del calibre de Los Diozes, ojalá se dé.
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