Hoy me han dicho desde mi oficina de representación que posicionarme puede hacer que venda menos tickets para la gira de conciertos que acabo de comenzar. Muchas cosas me han venido a la cabeza tras la conversación.
Lo primero el propio concepto de “posicionarse”. Uno diría que implica tomar postura o adoptar una actitud determinada, es decir salir de un lugar para colocarte en otro en el que te plantas. En ningún caso ha ocurrido eso conmigo. Obviando las pequeñas correcciones que la vida te obliga a tomar si estás dispuesto a escucharla, siempre he estado más o menos en el mismo sitio y jamás lo he escondido porque no siento ninguna vergüenza de mis valores, es más, los he compartido abiertamente a través de mi música durante los últimos veintisiete años ¿Los tiempos aconsejan silencio para sortear censuras y señalamientos? Cuenta mi madre que mi abuela le susurraba a mi abuelo “José no digas esas cosas que nos vas a buscar la ruina” cuando él criticaba el franquismo en la intimidad del hogar después de la guerra civil. Si hoy dar tu opinión sobre temas que nos incumben a todos puede penalizarte quizá deberíamos plantearnos como sociedad cuánto hemos avanzado en esto en los últimos noventa años.
Nunca traté de imponer mi discurso a nadie. No pido que me escuchen los que no disfrutan de mi música. No aspiro a conquistar a todo el mundo, ni pretendo convencer a los críticos. Pero sí quisiera vivir en un país en el que no tengas que plantearte la autocensura por miedo a perder tu trabajo. Me resulta muy preocupante que se recomiende el silencio por la amenaza real de la cancelación y más aún sentir que hay gente ahí fuera con los cuchillos afilados vigilando con el deseo de saltar sobre quien sea que asome la patita.
Es tan simple como perverso: si nos guardamos las opiniones por miedo al conflicto no podemos saber qué piensan las personas con las que compartimos sociedad... No saberlo implica desconocer nuestra propia sociedad porque la sociedad somos todos con nuestras diferentes formas de ver lo que ocurre, nuestras distintas recetas y nuestra dispar sensibilidad.
Así que no. No contemplo la opción de esconder lo que pienso como si fuera un delito inconfesable. Si Aristóteles dijo que somos animales políticos ¿quién soy yo para contradecirle? Dar la opinión, involucrarse y tomar partido son actos de compromiso con lo público. Yo estoy comprometido con lo público. Ahora… a vender tickets.
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