Elio Toffana tenía unos quince años cuando su amigo Íñigo le habló de una película que pensaba que tenía mucho que ver con él. Era El pico, de Eloy de la Iglesia, y su protagonista era José Luis Manzano. “Él conocía también parte de mi historia personal”, recuerda el rapero, que encontró en aquella recomendación la entrada a “uno de los universos más duros, más humanos y más olvidados del cine español”.

Ese descubrimiento personal abre el séptimo capítulo de Panteón Sur, la serie de ElPlural.com y Bronson Entertainment que recorre, con Toffana como narrador, las historias de figuras vinculadas a la cultura y la memoria del sur de Madrid. Esta entrega está dedicada a un actor que llegó a protagonizar algunas de las películas más reconocibles del cine quinqui y murió con apenas 29 años.

De Vallecas al cine de Eloy de la Iglesia

Nacido en Madrid en 1962, Manzano pasó su infancia entre Virgen de la Torre y la Unidad Vecinal de Absorción de Vallecas. Comenzó a trabajar siendo un niño y llegó al cine sin haber pasado por una escuela de interpretación. Su encuentro con Eloy de la Iglesia terminó llevándolo al papel protagonista de Navajeros, estrenada en 1980 e inspirada en la historia de José Joaquín Sánchez Frutos, conocido como el Jaro.

La película inició una colaboración que continuaría con Colegas, El pico, El pico 2 y La estanquera de Vallecas. A través de esos personajes, Manzano quedó asociado a un cine que situaba en primer plano la delincuencia juvenil, las relaciones familiares, el desempleo y el consumo de drogas.

“No venía de escuelas de interpretación ni de familias vinculadas al espectáculo. Era un chaval de barrio al que Eloy de la Iglesia descubrió cuando buscaba rostros capaces de representar una realidad que muy pocos querían mostrar en la gran pantalla”, explica Toffana.

El rapero sitúa la fuerza de sus interpretaciones en la cercanía que transmitía: “Lo que hacía especial a Manzano era que nunca parecía estar interpretando un personaje. Había una verdad en su mirada que hacía imposible separar al actor de la realidad que estaba contando”.

Una mirada a la juventud de los barrios obreros

En el recorrido de Panteón Sur, la filmografía de Manzano permite acercarse a los barrios obreros de una España que atravesaba la Transición y los primeros años de democracia, mientras la heroína se extendía entre parte de su población joven.

Sus películas abordaron conflictos que iban más allá de las persecuciones y los atracos. Colegas, en la que compartió protagonismo con Antonio y Rosario Flores, trataba el paro juvenil, la precariedad y un embarazo no deseado; El pico situaba la adicción en el centro de la relación entre dos jóvenes y sus familias.

“Las películas de José Luis Manzano acabaron convirtiéndose en el retrato de toda una generación marcada por las drogas, la exclusión y la falta de oportunidades”, señala Elio, que reivindica también su valor como documentos de aquella época.

La entrega se detiene especialmente en la sensibilidad del actor, cuya figura ha quedado muchas veces reducida a los episodios más duros de su biografía. “Detrás del mito quinqui, detrás de los titulares sobre delincuencia o drogas, había una persona capaz de transmitir una humanidad que todavía hoy sigue atravesando la pantalla”, afirma Toffana.

Carabanchel, un lugar compartido en la memoria

La trayectoria de Manzano estuvo atravesada por su adicción a la heroína y por su paso por la cárcel de Carabanchel. Para Elio, ese lugar establece otra conexión entre la historia del actor y su propia vida: la prisión se encontraba enfrente de la casa de su abuela.

“Crecí viendo aquel edificio cargado de historia y años después rodé allí uno de mis primeros videoclips, Hijos Bastardos”, recuerda. “De alguna manera, la historia de José Luis Manzano también terminaba cruzándose con lugares que forman parte de mi propia memoria”.

Esa relación con el territorio atraviesa el capítulo, que enlaza las películas que descubrió durante la adolescencia con los espacios en los que creció. Manzano aparece así como una referencia cinematográfica y como parte de una memoria compartida entre distintas generaciones del sur de Madrid.

José Luis Manzano, más allá del mito quinqui

Después de La estanquera de Vallecas, estrenada en 1987, su presencia en el cine se interrumpió. Durante sus últimos años atravesó distintos intentos de desintoxicación y una etapa en prisión. Murió en Madrid el 20 de febrero de 1992, con 29 años.

Al recordar su trayectoria, Toffana plantea una pregunta sobre la relación de la industria con aquellos jóvenes de barrios obreros que se convirtieron en protagonistas de películas de éxito: “A veces me pregunto cómo miraba la industria cultural de aquella época a chavales como él”.

El capítulo recoge esa reflexión como parte de la mirada del rapero sobre Manzano y sobre el lugar que ocuparon las personas a las que representaba. “Los barrios de los que venía, la gente a la que representaba y las historias que contaba formaban parte del país tanto como cualquier otra realidad”, sostiene.

En este séptimo volumen, Panteón Sur vuelve a sus interpretaciones para recordar qué hizo singular al actor. Elio lo resume en una imagen: “Hay escenas en sus películas donde una mirada suya cuenta más que páginas enteras de diálogo”.

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