Según la literatura clásica, las musas son las nueve hijas que tuvieron Zeus y Mnemósime. Nueve, eh. Se nota que la vida era más asequible en la Grecia de entonces que en la de ahora.

En los cuadros las musas se nos presentan como ninfas vestidas de seda que van de la mano, cantando y bailando en círculos echando un cable a aquellos que buscan inspiración. Como si un escritor estuviera en su casa sin saber qué hacer y estas nueve diosas le dictasen al oído Cien años de Soledad palabra a palabra. Normal que todos queramos que vengan a ayudarnos. Como para no.

Menos mal que no es así, porque no está el tema de la vivienda como para que nueve personas se te metan en casa. En la mía, por ejemplo, el termo solo da para dos duchas de agua caliente. 

Esto no quiere decir que las musas no existan. Claro que existen. Pero no son las hijas de dos dioses. Los padres de las musas trabajan en un taller o en una notaría, y ellas están preocupadas por Trump o por el próximo partido del Betis. Porque las musas son personas tan normales como escandalizarse con cada recibo de la luz.

Quiénes son, entonces, las musas. Todos conocemos a una persona que nos hace ser más creativos, más graciosos, más ocurrentes. Esa persona que, sin saber cómo, solo existiendo, hace que no miremos el maldito móvil y que de una forma natural nos sintamos más en ese extraño trance al que llaman inspiración.

Es muy común que cuando estamos trabajando en algo nos bloqueemos. Y cuando ocurre, hay que hacer algo. Es como cuando tienes hambre y abres la nevera, no hay nada, y vuelves a los cinco minutos a ver si ha habido algún cambio. O bajas al súper, o te van a seguir sonando las tripas. Con la inspiración pasa lo mismo.

Cuando estemos bloqueados en cualquier tarea, hay que coger el teléfono y llamar a esa persona. Puede ser un amigo, un conocido, un familiar o el vecino de abajo. Pensad bien porque seguro que conocéis a alguien que os hace más creativos. Tened bien localizada a esa persona para que, cuando haga falta, la podáis llamar para invitarla a comer. Y no escatiméis con el vino. De verdad que os va a salir barato.