El otro día un buen amigo mío me dijo que había comprado entradas para el concierto de Kanye West en Madrid del próximo 30 de julio -la última vez que actuó en España fue hace 20 años, en Barcelona-, pero que se sentía tan avergonzado que no se lo había comunicado a nadie, ni siquiera compartió ese momento de euforia en sus redes, pese a estar diariamente muy activo en ellas.
La vergüenza pública pudo ante el poderoso FOMO. Y a mí me surgió un cisma interno: ¿tenemos que cargar nosotros, las personas de a pie, con la responsabilidad y los abominables actos nazis y racistas de Kanye West? ¿Tenemos que sentirnos culpables y autoflagelarnos por escuchar sus canciones? ¿Qué hacemos, nos matamos? ¿Le matamos? ¿Llamamos a un cura para que nos exorcice y nos saque el demonio de dentro? Son preguntas que siempre me he hecho y para las que, aún sin tener todas las respuestas que quisiera, sí que pienso firmemente algo: el mundo es un lugar hostil y la vida un asunto tan complicado como para estar privándonos de escuchar algo que nos conmueve y embellece nuestra particular existencia. Más aún cuando uno no tiene “culpa” de lo que el señor Ye hizo: declararse abiertamente nazi, insultar a la comunidad judía y publicar, entre otros actos erráticos, una canción titulada Heil Hitler, a pesar de sus disculpas a principios de año, en las que alegaba que este tipo de actos fueron consecuencia de su bipolaridad diagnosticada y de su accidente automovilístico en 2002.
No se trata de hacer apología de su persona ni de tener amnesia con lo que ha hecho, pero tampoco de autoimponernos la vergüenza hasta tal punto de no poder compartir una canción suya. Las consecuencias de sus actos ya las carga él: la rotura en 2022 por parte de Balenciaga y Adidas de sus contratos multimillonarios con el rapero; el rechazo y condena de la mayor parte del ecosistema musical internacional; el veto de Francia, Reino Unido, Polonia y Suiza a sus conciertos programados en estos países; o su caída al abismo reputacional, y lo que le queda. Pero suficiente tenemos con cargar nuestra brújula moral como para cargar también la de algún rapero, lo que nos faltaba ya.
Tú que estás leyendo esto: escucha a Kanye West si te alivia la existencia y disfruta de su obra que alimenta tu espíritu, pero cuestiónalo y no seas como él, sé buena persona, dale un beso a tu madre o a tu parienta/o , sé tolerante, ama al prójimo, cuida tu salud mental y, en fin, todo aquello que todo el mundo sabe que debería hacer pero que no hace. Eso es lo importante de la vida, déjense de pamplinas de performar moral en redes para quedar “bien” y performen en la vida real, que luego a aquellos que procuran tener una imagen limpia e inmaculada en redes sociales o canciones, son los primeros a los que les llueven denuncias por violencia de género, abusos, malos tratos o acusaciones varias. Así que colega mío, comparte sin miedo tu alegría de ir al concierto de Ye.