Hablar con Luis Figueroa es recorrer más de tres décadas de historia del ron venezolano. Ingeniero químico de formación y maestro ronero de Pampero desde hace años, ha participado en algunos de los hitos más importantes de la industria, entre ellos la obtención de la Denominación de Origen Ron de Venezuela, la primera concedida a un ron de melaza en el mundo.
Hijo de un trabajador de la compañía, Figueroa creció rodeado de historias sobre barricas, mezclas y caña de azúcar mucho antes de imaginar que acabaría supervisando la elaboración de algunos de los rones más reconocidos del mercado. En esta conversación explica cómo se forma un maestro ronero, qué diferencia al ron venezolano de otros estilos internacionales y por qué sigue defendiendo que esta bebida, nacida del encuentro y la celebración, debe disfrutarse sin dogmas y siempre con alegría. Y, sobre todo: ¿Cómo se bebe ron?
P: ¿Cómo se llega a ser maestro ronero?
R: Siendo ingeniero químico.
P: ¿Cómo es eso?
R: La figura del maestro ronero no es como la del enólogo, que desde el principio estudia con la intención de dedicarse a ello. En nuestro caso no existe una carrera específica para convertirse en maestro ronero. Sí suele haber una base técnica relacionada con la química; en mi caso soy ingeniero químico y siempre sentí una gran afinidad por esa disciplina.
P: ¿Qué significa el ron en su vida?
R: Siempre ha tenido un papel importante. Mi padre trabajó durante décadas para Pampero, aunque desde el área administrativa, no técnica. Mi esposa, que estudió conmigo en la universidad, también desarrolló su carrera en el sector del ron. Cuando ella decidió dejar su trabajo para dedicarse más a la familia, me animó a presentar mi candidatura. Entré en la empresa, pero no en el área técnica, sino en la financiera. Después pasé por logística, ventas y distintos departamentos de la organización. Eso es algo muy característico del maestro ronero venezolano. No es solamente un master blender. También debe conocer en profundidad todos los procesos de la compañía: la producción, la logística, la comercialización y la gestión administrativa. Antes de llegar al área técnica ya había recorrido buena parte de ese camino. En aquel momento ni siquiera pensaba en convertirme en maestro ronero. Simplemente iba acumulando experiencia y aprendiendo cada etapa del negocio. Cuando finalmente surge la oportunidad, no responde a un plan preconcebido, sino a una combinación de preparación y circunstancias. Llega un momento en el que la empresa necesita a alguien para asumir esa responsabilidad y, si has hecho el recorrido adecuado, te toca dar el paso.
P: ¿Siempre fue consumidor de ron?
R: Sí, porque el ron formaba parte de mi vida mucho antes de dedicarme profesionalmente a él. Mi padre pasó gran parte de su carrera en la industria y crecí escuchando historias, conversaciones y experiencias relacionadas con ese mundo. Era algo muy presente en casa. También hay un componente cultural. En Venezuela el ron ocupa un lugar muy especial y suele ser la bebida con la que muchos jóvenes tienen su primer contacto. A partir de ahí cada uno desarrolla su propio camino y descubre otros destilados, pero para varias generaciones de venezolanos el ron ha sido el punto de partida.
P: ¿Cómo se entrena el paladar?
R: Como gerente de calidad estás obligado a ser catador y a participar en el desarrollo de nuevos productos. Para llegar a maestro ronero necesitas al menos diez años de formación y experiencia en cata. Cada mañana probamos los alcoholes producidos el día anterior para decidir si están listos para pasar al proceso de envejecimiento. Por la tarde catamos las mezclas destinadas al embotellado. Es una práctica constante que te permite conocer tus alcoholes, detectar defectos y entender cómo combinarlos para lograr el equilibrio que buscas en cada ron. Por supuesto, hay personas con una mayor sensibilidad natural que otras, pero el entrenamiento es fundamental. La experiencia y la práctica afinan enormemente la capacidad de cata. Por eso se exige un mínimo de diez años de formación y trabajo antes de poder ser certificado como maestro ronero.
P: El ron tiene un componente popular muy fuerte.
R: Yo creo que las bebidas conservan parte de la forma en que nacieron. El whisky, por ejemplo, tiene un origen ligado a los monasterios y a usos medicinales, de ahí esa tradición de consumirlo de forma pausada. El ron nace en un contexto completamente distinto: el de las colonias, el trabajo en los campos de caña y la vida cotidiana del Caribe. Fue una bebida popular, consumida por todas las clases sociales, y siempre estuvo asociada a la celebración, la aventura y el encuentro. Incluso sus nombres reflejan esa diferencia. Whisky significa "agua de vida"; ron procede de rombullion, que significa tumulto y el alboroto. De alguna manera, eso también explica distintas formas de disfrutar cada bebida.
P: ¿Podemos decir que una es aburrida y otra divertida?
R: Simplemente, el whiskey es una bebida de consumo muy diferente al ron por el origen que tuvo. De alguna manera, ese origen marca su historia, su evolución y también la forma en que la gente se relaciona con ella y la disfruta.
P: ¿Por qué cree que el whiskey se asocia a lo sofisticado?
R: Hemos trabajado para que el ron sea reconocido al mismo nivel que otros grandes destilados, como el whisky escocés, el tequila o el champán, productos cuya calidad está respaldada por una denominación de origen. En 2003, el ron venezolano, entre ellos Pampero, obtuvo la primera denominación de origen concedida a un ron de melaza en el mundo. Ese reconocimiento ha sido fundamental para reforzar la autenticidad del producto y garantizar unos estándares de calidad que hoy identifican al ron venezolano.
P: ¿Hay mucha diferencia entre países?
R: El ron es difícil de clasificar, pero las denominaciones de origen están ayudando a ordenar ese mapa. Cada país tiene una tradición propia y eso se refleja en el producto final. Venezuela abrió el camino y después llegaron Cuba, Guatemala, República Dominicana o Jamaica. El ron cubano, por ejemplo, es más ligero y se produce exclusivamente en columna. No existe una normativa única para el ron porque es un producto verdaderamente universal. A diferencia del whisky escocés, que se elabora en un único país bajo una regulación común, el ron se produce en más de cien países repartidos por los cinco continentes. Cada uno tiene su propia tradición, sus métodos y su manera de entender. Por eso es tan difícil encasillarlo en un único modelo o establecer una única definición válida para todos.
P: ¿Qué particularidad tiene Pampero frente a otros rones?
R: La singularidad empieza en la materia prima. Trabajamos con melazas especialmente ricas en azúcares y con agua de manantial de baja carga microbiológica, lo que nos permite obtener alcoholes más limpios y aromáticos desde el inicio del proceso. A eso se suma la diversidad de métodos de destilación. Mientras muchos países trabajan con uno o dos sistemas, nosotros combinamos columna, olla y batch, lo que nos permite obtener distintos perfiles de alcohol y una mayor complejidad sensorial. Después, el envejecimiento en barricas ex-bourbon, ex-jerez y ex-whisky añade nuevas capas de aromas y sabores. Pero el gran diferencial es el clima. Las altas temperaturas y las variaciones térmicas aceleran la interacción entre el ron y la madera. Eso concentra aromas y sabores en menos tiempo, aunque también implica una mayor evaporación. La combinación de materia prima, técnica y entorno es lo que da al ron venezolano una personalidad tan característica.
P: ¿Cómo se debe beber el ron?
R: Con alegría.
P: ¿Y con Coca-Cola?
R: Claro que sí, también. El ron es curioso porque es dulce ya que viene de la caña de azúcar. También es amargo porque toma ingredientes o componentes de la madera cuando está en ese proceso de extracción en el envejecimiento. Y es ácido-cítrico porque cuando envejece produce acidez en el proceso.
P: ¿Cómo lo bebe usted?
R: Depende mucho del momento. Hay días en los que disfruto un Pampero Especial con agua tónica y piel de naranja. Para mí, el secreto está en perfumar bien la copa, exprimir la piel para liberar sus aceites y que el aroma te conquiste incluso antes del primer sorbo. Pero si se trata de una celebración, de un encuentro especial o simplemente de un momento de reflexión, prefiero un Pampero Aniversario con hielo. Esa es, probablemente, mi forma favorita de disfrutarlo.
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