Antes de que Lana del Rey le dijera a Kanye West que estaba “ completamente ido”, hubo un tiempo en el que eran grandes amigos. Las galaxias interiores de ambos artistas guiaron con una nueva brújula la senda popular a lo largo de la década pasada con álbumes como Born To Die (2012) o My Beautiful Dark Twisted Fantasy (2010), dos piezas orquestales, experimentales y de emociones abisales en sus respectivos géneros: el dream-pop y el Hip-Hop. El hilo rojo que los une es, el fondo, su extrema sensibilidad. Dos universos artísticos colosales a hombros de dos personalidades ciclópeas, artistas complicados de domar que encarnan muy bien aquel famoso poema titulado Song Of Myself de Walt Whitman, (y que Lana del Rey tuvo en su biografía de X durante bastante tiempo) que hablaba sobre la enorme complejidad humana: “¿Me contradigo? Claro que me contradigo / Soy grande, albergo multitudes”.
El caso es que en 2012-2013 estos dos se tenían bastante aprecio, quizás por la más que posible influencia de Kim Kardashian, por entonces novia de West, que reconoció públicamente su gusto y admiración por Lana en aquella época, en especial deslizó que Young And Beautiful era una de sus canciones favoritas. Bien, ¿qué hizo entonces el pájaro de West? Pedirle matrimonio el día de su 33º cumpleaños mientras sonaba Young And Beautiful con un coro que contrató de unas 50 personas: señores y señoras, ha llegado a su localidad el conquistador. Todo eso está grabado en un episodio de Las Kardashians, obviamente. La pedida fue en el San Francisco AT&T Park (ahora Oracle Park) y lo alquiló únicamente para ese propósito. Hay que marcar en rojo ese 21 de octubre de 2013 como un efecto mariposa en la cultura popular.
Meses después, el 23 de mayo de 2014, Romeo-West siguió con la conquista de su prometida y en la fiesta de preboda invitó a Lana del Rey a cantar para la ceremonia privada que se celebró en el mismísimo Palacio de Versalles. Kim no sabía absolutamente nada. Y allí se plantó Del Rey, con apenas 29 años, para interpretar delante del firmamento del famoseo Blue Jeans, Summertime Sadness y, por supuesto, otra vez Young And Beautiful, reflejo espiritual y clímax del momento. Se especuló con que West le pagó alrededor de 3 millones de euros, pero ella lo desmintió afirmando que lo hizo gratis porque era una sorpresa para Kim, también dijo que estuvo en aquella fiesta 40 minutos y se piró a su casa. Para la hemeroteca quedan las fotos que el clan Kardashian subió. Al día siguiente en Florencia se celebró el ‘día D’, la boda, con toda clase de ceremonias y pomposidades de ese tipo de gente que puede enterrarnos en dinero.
Antes del desastre, el último encuentro feliz. En febrero de 2015 ambos coincidieron en la portada Billboard Power 100, dejando otra ristra de fotos para el recuerdo: dos campos gravitacionales inmensos, dos brújulas sonoras, dos agujeros negros primigenios de incomprensión y focos de críticas, los dos, frente a frente sonriendo y en el mismo espacio-tiempo.Energía al cuadrado que cuatro años después cortocircuitaría entre decepciones, coletazos mentales, movimientos erráticos y declaraciones políticas. Y es que a finales de 2018 Kanye West apareció en el conocido programa Saturday Night Live con soflamas pro-Trump y luciendo la gorra roja cuya cuyo texto señalaba uno de los lemas de su política, “Make America Great Again”. Horas después cerraría ese círculo infame publicando en sus redes una imagen de él con la gorra acompañada del siguiente comentario: “Esta gorra representa el bien y América siendo plena otra vez. Ya no nos abasteceremos de otros países. Construyamos fábricas aquí en América y creemos trabajos. Mensaje enviado con amor”.
A Del Rey se le cayó el mundo al suelo al ver esto de su amigo y contraatacó con la gasolina de la decepción respondiendo en el mismo post: “Trump convirtiéndose en nuestro presidente fue un retroceso para el país, pero tu apoyo hacia él es una pérdida para la cultura. Apenas puedo asumir que conectes con su personalidad a un cierto nivel: ilusiones de grandeza, problemas graves de narcisismo –ninguno de los cuales sería digno de discusión si no estuviéramos hablando del hombre que dirige nuestro país”.
Si crees que es tolerable que apoyes a un hombre que considera que está bien agarrar a una mujer por el coño sólo porque es famoso, entonces necesitas el mismo tipo de intervención que él. Algo que tantos otros narcisistas no entenderán porque, sencillamente, no es bastante solución para ese problema.” Y finaliza con la misma estructura de mensaje que el de West: “Mensaje enviado con una preocupación que nunca será atendida”. La amistad entre Lana del Rey y Kanye se evaporó como el alcohol del vino en un guiso. Con Trump de por medio, los tentáculos del magnate han arrasado con todo, ya le vale. Fiel a su brujería poética, lo que musicalmente empieza -Young And Beautiful sonando en la pedida de matrimonio- musicalmente debe acabar, pensaría Lana del Rey, y en 2019 le dedicó una frase, sin indirectas y con nombre y apellidos. Fue en la canción The Greatest que, casualmente, hablaba sobre la decadencia cultural de Estados Unidos, y dijo: “Kanye West is blond and gone” (“Kanye West ahora es rubio y está ido”). ¿Vio el futuro Lana del Rey?
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