Esto que les voy a contar no aparece en el océano de internet, por ello, pienso que es valioso sacarlo a flote y dejarlo indexado hasta que el apocalipsis digital llegue. Viernes 28 de marzo de 2003, el mágico y ya extinto suplemento Tentaciones de El País sale al kiosko con una portada cuyo titular reza “Los cantautores del siglo XXI”: un reportaje firmado por Bruno Galindo sobre el estado rap español y su incipiente desarrollo donde aparecían Frank T, Mucho Muchacho, Juan Profundo, El Chojín y Kase O, la foto los mostraba a todos posando en el Palacio de Gaviria de Madrid. La imagen, en perspectiva y a nivel documental, tiene un halo de historia y fue tomada por Rafa Gallar. Es un espejo que encapsulaba su tiempo, entre anuncios de Nokia ladrillo y tabaco Nobel, cuando aún era legal publicitar los cigarrillos. Aquel papel ya pertenece a otro mundo así que tocarlo y olerlo es el único portal para entrar a él. 

En ese momento la fiebre Eminem estaba en su máximo delirio, el de Detroit acababa de lanzar su laureada película “8 Millas”, con la que se convirtió en el primer rapero en ganar un Óscar por la canción “Lose Yourself”, y tanto la banda sonora como su álbum “The Eminem Show” estaban entre los cinco primeros puestos de las listas españolas. La maquinaria rap en España se estaba engrasando, ya habían debutado Solo Los Solo, SFDK, CPV, Violadores del Verso, Mucho Muchacho con 7 Notas 7 Colores, Geronación o Toteking y Shotta, entre otros. Las discográficas multinacionales, incentivadas por el masivo éxito de Eminem y viendo que podían sacar una buena tajada del rap, empezaron a apostar fuerte y seriamente por el género. “Es como el efecto Axe, si uno triunfa viene bien a todos, siempre que no sea poniendo el culo. Luego si se quema o no ya es otro asunto”, decía un joven Zatu de 25 años, miembro de SFDK

Y es que para calibrar el peso del rapero estadounidense el autor de ese magnífico texto  sometió a un cuestionario a los protagonistas del artículo: una de ellas era qué opinión tenían acerca de Eminem. Un Mucho Muchacho, tan fogoso como siempre, expresaba que “ha abierto los ojos a todos los medios, ¿qué pasa con esto?, ¿tan grande es?, se metió un poco con vaselina, la peli no la he visto, no me interesa porque estas cosas pierden el atractivo”. Frank T (CPV), por su parte, seguía en esa línea: “Es beneficioso para todos, incluido para mí, pero hoy es Eminem y mañana, ¿quién?, cuando deje de vender, esos grupos que se pusieron de moda, ¿dónde irán?”. Kase O (Violadores del Verso) también se mostraba optimista con su explosión: “Va a ser bueno de cara a salir en revistas, todos se apuntan al carro, desde Eminem nos están preguntando y publicando chorradas y mentiras. Le meten morbo para que los padres piensen que es música criminal”. La rapera dominicana y afincada en Barcelona Arianna Puello, aunque consideraba su difusión algo “positivo”, se mostraba recelosa porque la gente se quedaría con el personaje y no “profundizaría” en el género. La gaditana criada en Sevilla Mala Rodríguez no se complicaba la vida y tiraba de lógica, “no he visto la película, pero que esté todo el día en la tele es normal, es lo que tiene sacar un disco y que se vendan tantos millones de copias”. Su paisano Toteking lo alababa, “Eminem es un rapero 100%, no es comercial, ni casposo, todo el que entre con Eminem tendrá suerte, aunque quizá se quede en su estética, su ropita, su teñido y demás”, y el barcelonés Juan Profundo más de lo mismo: “Desencadenará una gran energía. Para mí es un rapero de puta, del palo. Radical”, sentenciaba. Finalizaba el cuestionario El Meswy, miembro de El Club de Los Poetas Violentos (CPV): “La historia se repite, aunque al menos éste, no como Elvis, admite que hay MC ahí fuera al mismo nivel que él y que no venden ni la mitad por no ser blancos, se está riendo de muchos que le compran y hace bien”.

Reuniendo todas estas declaraciones parece que la influencia colateral de Eminem en el desarrollo del rap español, al igual que en el resto de países europeos, es evidente, no tanto en cuanto a estilo, porque es algo más farragoso de hilar, pero sí en cuanto a atracción de público, visibilización y empujón de apertura de las puertas comerciales del género. Repito, no fue una influencia estilística, sino de público y comercialidad, la chispa motivacional más importante para las discográficas: la rentabilidad, ver que había por ahí en EEUU un rapero blanco -importante lo de blanco- que estaba haciendo fajos y fajos y que aglutinaba a muchísimo público en España, o sea, que podían sacar dinero con eso del rap en español. 

¿Apostaron las grandes discográficas por el rap por mera convicción cultural? ¿O por aprovechar el rebufo del éxito masivo de Eminem en nuestro país? ¿O porque la fiebre de Eminem contagió al público español y ahí, ya sí, las discográficas vieron definitivamente que había negocio? Sonia Cuevas, mítica cofundadora del sello Zona Bruta, decía entonces en el reportaje que “ahora va a empezar el boom de las grandes, la cosa esté petando y las multis están en plan:«tenemos que meter algo de rap». Muchas van a meter la pata: van a intentar coger grupos a su bola, y les pueden hacer mucha promoción y vender”. La gente estaba ávida de rap, y los sellos lo sabían, el maremagnum posterior de lanzamientos lo corrobora. Eso sí, en el reportaje Juan Profundo decía que España no es Estados Unidos, que se dejaran de rollos de pandilleros y pistolas porque aquí la criminalidad era muy diferente: “Aquí, de pipas, las Churruca”, comentaba. En la línea siguiente, Toteking mencionaba a Bertín Osborne para retarlo a “a un combate, uno contra uno, sin guantes, donde él diga. Vale pegar en todo el cuerpo”. Y Mucho Muchacho sentenciaba que “la Playstation era el cáncer del rap”. Pero eso ya son otros temas. 

 

Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora