El otro día alguien me dijo que teniendo IA en el los teléfonos móviles consideraba incomprensible que pidieran a su hija en el colegio que aprendiera en qué año comenzó la Guerra Civil Española… El comentario derivó en una discusión muy interesante en la que la pregunta central era. “¿Para qué sirve atesorar conocimiento si puedes acceder a él solo con preguntárselo a una pantalla?” Hay mucha tela que cortar aquí.
¿Sirve de algo saber ubicar en el mapa a Egipto, conocer quién fue Confucio o haber leído a Orwell? En nuestro día a día, ¿qué diferencia hay entre haber estudiado álgebra en el cole o no haberlo hecho? Teniendo claro que es imposible conocerlo todo, ¿dónde está el límite socialmente aceptable de ignorancia?
Opinión impopular: a la pregunta recurrente de "¿para qué sirve que nos obliguen a aprender a resolver raíces cuadradas cuando no vamos a usarlas jamás? Yo siempre he tenido la respuesta muy clara: sirve para entrenar en la búsqueda de soluciones a problemas. Así de simple. Memorizar la tabla periódica, entender qué es un complemento directo, aprender las partes de la célula, o estudiar el paleolítico superior, sirve para que nuestro cerebro funcione, para estimularlo, para que se ejercite. Cualquier desafío intelectual por muy fastidioso que nos parezca, aporta. Cada vez que nos regalan la solución a un problema nos están hurtando el esfuerzo de intentar solucionarlo y con él tanto la posibilidad de mejorar en nuestra capacidad para encontrar la salida de una dificultad, como el subidón de autoestima que resulta de comprobar que sí hemos sido capaces de vencer el problema.
Ya sé, habrá quien me lea y diga que hay mejores formas de estimular a chicos y chicas que haciéndoles retener fórmulas, fechas y características de movimientos arquitectónicos, pero esa es otra conversión. Pensar y romperse la cabeza intentando resolver algo que no entiendes sirve. Decirle a la IA que te haga una canción no representa ningún desafío ni -aquí no vamos a estar todos de acuerdo, seguro – ninguna satisfacción.
Entiéndase que no estoy en contra del progreso, ni soy un odiador de la tecnología, solo me preocupa que deleguemos lo más humano que tenemos (nuestro razonamiento) en un aparato con microchips fabricados a partir tantalio, niobio y silicio. Si dejamos que la Inteligencia Artificial piense por nosotros cuando tengamos que hacerlo no sabremos cómo. Todo tiene matices y en quinientas palabras es imposible hilar todo lo fino que requiere el tema, pero según yo lo veo la excesiva comodidad intelectual es tan atractiva como peligrosa. Ala, lo dicho.
Las IAs no son un servicio público altruista, son desarrollos de mega empresas que invierten cantidades astronómicas de dinero para sacar beneficio. Creo que es muy importante entender bien esto. Pensar menos en muy raras ocasiones será mejor que ejercitar el cerebro. Que Chat GPT te resuma una novela permitirá que sepas de qué va, sí, pero impedirá que disfrutes de la lectura, y las novelas se escriben para eso, para el viaje, no para coger atajos.
Yo suponía que enseñamos a los niños a desarrollar sus capacidades para valerse por ellos mismos, no para sustituir su dependencia de nosotros por la de una IA impregnada de los sesgos que un multimillonario estima que la hace más rentable para sus intereses. Pero qué sé yo.
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